El Villarreal recupera el orgullo a costa de un Nápoles desquiciado | Fútbol | Deportes
El Villarreal recuperó el entusiasmo y el orgullo perdidos en la Champions a costa del que probablemente sea el equipo más caótico que ha dirigido Massimiliano Allegri en toda su vida. El Nápoles que visitó Castellón este martes hizo todo lo que se supone que no hacen los equipos sometidos al rigor de este técnico chapado a la antigua. Primero se adelantó en el marcador, después se desorganizó, y finalmente regaló el empate antes de acabar acribillado entre toques de corneta.

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Luiz Júnior, Pau Navarro, Carlos Romero, Santiago Mouriño, Renato Veiga, Santi Comesaña (Ayoze Pérez, min. 82), Pape Gueye (Sergi Cardona, min. 83), Nathan Saliba, Alberto Moleiro (Juan Foyth, min. 67), Gerard Moreno (Tani Oluwaseyi, min. 62) y Georges Mikautadze (Alex Freeman, min. 62)
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Vanja Milinkovic-Savic, Amir Rrahmani, Rafa Marín (Lorenzo Lucca, min. 71), Benoît Badiashile, Giovanni Di Lorenzo, Matteo Politano (David Neres, min. 60), Billy Gilmour (Stanislav Lobotka, min. 71), Scott McTominay (Leonardo Spinazzola, min. 59), Giovane (Noa Lang, min. 59), Kevin De Bruyne y Rasmus Højlund
Goles 0-1 min. 7: Rrahmani. 1-1 min. 22: Georges Mikautadze. 2-1 min. 25: Santiago Mouriño. 3-1 min. 85: Tani Oluwaseyi
Arbitro Daniel Siebert
Tarjetas amarillas Georges Mikautadze (min. 32), Giovane (min. 54), De Bruyne (min. 61), Nathan Saliba (min. 66), Di Lorenzo (min. 84)
Fue una tarde extraña. Péter Gulácsi se quedó fuera de la convocatoria por causa mayor. Una banda de atracadores entró en casa del portero titular del Villarreal de madrugada y la conmoción que vivió con su familia le inhabilitó para el ejercicio de su profesión. Iñigo Pérez decidió darle la titularidad a Luiz Junior. El cambio tuvo consecuencias porque el reparto defensivo cometió errores de interpretación. El Villarreal se mostró vulnerable en todos los centros laterales. El meta vacilaba en los balones colgados y los centrales evacuaban con dificultad. Se hizo evidente en varias jugadas que los defensas no decidían si marcar al hombre o en zona, y si tiraban o no el fuera de juego. No se habían cumplido 10 minutos cuando el Nápoles hizo estragos con un córner.
El Nápoles sacó en corto. Gilmour midió el centro, Navarro decidió agarrar a su hombre, McTominay, y Comesaña se olvidó del suyo, Rahmani, para tirar el fuera de juego. Navarro se quedó enganchado y Rahmani remató dos veces solo en el área chica. La parada de Luiz Junior acabó en rechace y en gol. Fue un golpe duro. En la memoria de la hinchada pesaban los 12 partidos que habían transcurrido desde que el Villarreal ganó en Champions por última vez, al Bayern en La Cerámica, en la primavera de 2022. Después de dos empates, diez derrotas, 13 goles a favor y 29 en contra, el público recibió el 0-1 con fatalismo.
Los jugadores no parecieron muy afectados. Lejos de confundirse, elevaron la presión y el ritmo de circulación. Comesaña, Gueye y Saliba se transformaron en socios puntuales de Gerard Moreno. Con la ayuda del delantero catalán, jugador ubicuo, libre para acercarse y alejarse de la jugada según su criterio, el Villarreal fue encontrando espacios. La defensa del Nápoles perdió las referencias. Allegri daba órdenes desde la banda. Gilmour y McTominay no consiguieron ajustarse hasta que fue demasiado tarde.
El Nápoles se replegó para protegerse de su propio desorden cuando Badiashile desvió un tiro de Mikautadze que iba a la red. La confusión cambió definitivamente de campo cuando pasados los 20 minutos Politano abrió la puerta a la remontada. Un pase del extremo al portero Milinkovic se quedó corto. Presa fácil para Mikautadze, que se llevó el balón, dribló al meta y definió con alegría y clase.
“Entramos con un poco de nerviosismo pero nos supimos reponer”, dijo Mouriño cuando acabó la velada. “El 0-1 fue un golpe que nos despertó”.
El joven defensa de Montevideo habló con conocimiento de causa. Antes de cumplida la media hora, aprovechando que los pivotes del Nápoles seguían sin aclararse, atravesó el campo en diagonal y recordó su época en el baby fútbol. Mouriño hizo más de 250 goles en la categoría infantil de su barrio. Venía de marcar en Dortmund. Ayer en La Cerámica metió un derechazo desde fuera del área y el balón voló como una bala pegado al palo derecho de Milinkovic. La hinchada lo celebró como se celebran los desahogos. El equipo estaba divirtiéndose por primera vez después de años de sufrimiento en la Champions.
Los goles del Villarreal aturdieron al Nápoles. El equipo de Allegri no está construido para atacar sin especular. La necesidad de remontar y las consignas del intervalo produjeron un atasco. El balón dejó de correr. Durante media hora las presiones prevalecieron sobre cualquier intento de creatividad. Iñigo retiró a Moreno, Mikautadze y Moleiro, introdujo a Foyth como pivote, situó a Saliba entre líneas y a Oluwaseyi en punta. Allegri puso a Lobotka y De Bruyne a dirigir un ataque desesperado. El primer embate estuvo a punto de prosperar. Luiz Junior evitó el 2-2 en un mano a mano con Hojlund.
El partido se había descontrolado por completo y las bolsas de aire proliferaban en medio de la cancha cuando sobrevino la acción definitiva. Protagonistas inesperados, Saliba, Ayoze y Oluwaseyi, se asociaron en los carriles centrales para producir el gol más sofisticado de la noche. Oluwaseyi bajó al mediocampo, Saliba le devolvió la pared y Ayoze le hizo la dejada de tacón. El 3-1 restituyó el orgullo a La Cerámica.
