El empeño de Davidovich se sobrepone a los zambombazos de Hurkacz en Shanghái

Gana Alejandro Davidovich a su manera, guerreando sobre alambre y en un desenlace que sintetiza su tenis ciclotímico e indescifrable: vertiginoso, a ratos extraordinario y a otros para tomarse una tila o tirarse de los pelos, oscilante, arrebatador, fogoso o anestesiado y por instantes muy difícil de comprender. Una verdadera montaña rusa. Garantía de emociones fuertes, termine como termine la historia. Llegue más o menos lejos, el malagueño no deja indiferente a nadie y lo pone a prueba todo: los corazones frágiles, la paciencia de los que le acompañan en el viaje y, también, el imponente saque de Hubert Hurkacz, al que a buen seguro le empezarán a salir sarpullidos cuando escuche su nombre. Davidovich Fokina, sinónimo de castigo para él.
