La gasolina como árbitro entre la confianza y el conflicto social

“Si no tienen pan, que coman pasteles”, dicen que dijo la reina María Antonieta cuando la movilización popular, impulsada por la carestía y el precio del pan, desató la Revolución Francesa de 1789. Y, aunque nadie ha acreditado documentalmente que tal cosa dijera, es incontestable que fueron las malas cosechas de los dos años previos las que excitaron los ánimos de la población, y que los virulentos estallidos sociales que encendieron la mecha de algunas de las grandes revoluciones tuvieron entre sus levaduras la escasez y carestía del pan de cada día. Hoy el pan de cada día lo simboliza la gasolina (todos los carburantes), que marca precios récord en todo el mundo, hunde la confianza de los agentes económicos y amenaza con desatar un generalizado conflicto social. En Francia fue el detonante del estallido de los chalecos amarillos en 2018 y todo indica que se repetirá este otoño y este invierno, y, a buen seguro, no solo en Francia.
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