Cuarto Mundial para Remco Evenepoel, invencible máquina contra el reloj

Pippo Ganna es un gorila grandote que no puede bajar el manillar para plegarse y fundirse en uno, centauro con la bici, sin que se le duerman las piernas. Y sus vatios, centenares a la hora, se quedan en nada en la larga recta arqueada del circuito de Gilles Villeneuve, llorado, rozando el muro de los campeones y su cuerpo chocando contra su propia velocidad y el viento que desciende por el valle del río San Lorenzo, del lago Ontario al Atlántico, cuando pedalea a 60 por hora, qué derroche de potencia. Remco Evenepoel es un reptil de cuello retráctil y tan poderosos músculos cervicales que es capaz de mantener la cabeza erguida cuando la esconde entre los hombros afilados como espadas, y su cuerpo se enrosca con el cuadro de su Specialized, un proyectil humano que taladra el viento, surfing bird sobre el río, y traza las curvas como Ayrton Senna, sin perder velocidad ni necesidad apenas de esprintar a la salida, la herradura del circuito, los múltiples ángulos rectos, una cuarentena, en las calles del viejo Montreal perezoso de domingo por la mañana y brunch, y los puentes que cruzan el río de lado a lado, y también la isla de Nôtre Dame, entre medias, y en el parque de Mont Royal, donde firma la victoria, su cuarto Mundial contrarreloj consecutivo (y un oro olímpico), a los 26 años, después de recorrer a 52,4 kilómetros por hora los 39,2 kilómetros de recorrido en 44m 53s.
