España resurge ante Japón (59-79) y se clasifica directamente para cuartos del Mundial | Baloncesto | Deportes

Del jolgorio ante Alemania al bofetón contra Mali hasta un ejercicio muy serio ante Japón. España venció este lunes al equipo asiático en el último partido de grupo del Mundial de Berlín para atar el liderato tras la victoria además de Alemania ante las africanas (83-58) y alcanzar de manera directa los cuartos de final sin pasar por una eliminatoria previa. El conjunto de Miguel Méndez jugará este jueves por una plaza en semifinales contra el vencedor del duelo entre Australia y China o Italia. El billete se lo ganó domando a Japón, un rival incómodo por la agitación constante de sus piezas y su querencia por el triple (7 de 30). España, más fresca de piernas y de mente que en la cita anterior, tomó nota del toque de atención y sobrevivió a otro choque muy físico que muchas jugadoras terminaron con arañazos en los brazos. Por encima de todas emergieron sus dos jóvenes perlas, Iyana Martín (20 puntos) y Awa Fam (16 puntos y 10 rebotes), un tesoro incalculable de presente y de futuro.
La primera tarea era sacudirse los nervios y las malas sensaciones del chasco frente a Malí. España no había sido España, no aquella que barrió a la anfitriona Alemania, y eso dolía en el ánimo más que en la clasificación. La selección tardó un par de minutos en resucitar, hasta que Carrera anotó bajo el aro la primera canasta después de un tiro interior fallado por Awa Fam, un triple al aro de Iyana Martín y un balón perdido por la pívot gallega. El acierto de la jugadora del Valencia quitó el tapón en ataque. En defensa, España cerraba de inicio la puerta al gran armamento asiático, los triples que tanto le auparon ante Malí (20 aciertos, récord en un encuentro mundialista femenino) como le condenaron ante Alemania. Corrieron más de cuatro minutos hasta que una camiseta blanca se levantó tras el perímetro, el bingo de Yamamoto que respondía al acierto exterior de Iyana Martín. La selección también había recuperado cierta puntería perdida contra Malí, seguramente por el cansancio, y eso le concedía el mando sin muchas angustias (5-12). Quedaba recuperar a Awa Fam, aún peleada con la red pese a su superioridad física. Japón no variaba su guion (por algo no pide tiempos muertos), siempre listas para el bombardeo lejano, una fórmula que obligaba a España a defender con los brazos en alto (15-23).
La lesión de Iyana por un golpe en un costado al comienzo del segundo cuarto cortó la respiración de España. Méndez buscó recuperar el suministro de oxígeno con Awa Fam y Ginzo como pareja interior. Se trataba de igualar los decibelios a los que jugaba Japón y su rápida circulación de balón para adentrarse en la zona con sus pequeñas balas o encontrar la baldosa libre en el perímetro. Sin tregua ni respiro. Un grito de ¡Vamos! brotó de la garganta de Awa cuando por fin anotó bajo el tablero. Sus compañeras lo celebraron con rabia por la importancia de una jugadora diferencial. En el ataque siguiente voló por el suelo para recuperar un balón convertido en triple por Flórez. Para entonces ya había regresado Iyana y su chistera ofensiva, y Conde se desenvolvía por dentro en lugar de una pívot de referencia. La movilidad japonesa era un dolor de cabeza para España, castigada siempre que rebajaba un gramo su intensidad (36-39).
Y por fin, Awa Fam. Siete puntos seguidos de la pívot alicantina, todos los que sumó España en casi cuatro minutos, rescataron a la joven jugadora de esa zona gris de la que no podía salir y lanzaron al equipo de Méndez a un tramo más cómodo (39-50). La ventaja maduró a partir de una defensa más consistente para cerrar las vías de acceso a la canasta española. Japón solo cazó dos aciertos en juego en ocho minutos. Dos triples, cómo no. Suficiente junto al picoteo en los tiros libres para no despegarse de manera definitiva (48-57). A cada arreón de España respondía el conjunto nipón, un metrónomo liderado por Tanaka.
Las manos rápidas de María Conde para robar y encestar daban a España un colchón de seguridad. También alimentaba esa hucha Iyana Martín con su juego directo al aro, sin miedo al fallo, como dice ella, y un ejercicio defensivo colectivo que resultaba imprescindible para abrochar la victoria. El picoteo japonés encontraba una camiseta roja enfrente en cada centímetro (solo dos puntos concedidos en cinco minutos). Era el momento de manejar el ritmo del encuentro y entre Iyana y Alicia Flórez, un valor seguro por su entrega, se repartieron el reloj para cerrar el pase directo a los cuartos del Mundial.
