Las claves: la “velocidad Trump” acelera los acuerdos con las petroleras para transformar Venezuela | Opinión

“Velocidad Trump”. Esta ha sido la metáfora escogida por el secretario de Energía de EE UU, Chris Wright, para describir el ritmo al que el presidente norteamericano quiere transformar la industria petrolera venezolana. Wright estuvo en Caracas, donde Chevron y Eni se comprometieron a invertir varios miles de millones en los próximos años. Aun así, no está claro que las petroleras alcancen las cifras que proyecta Trump, dado el enorme riesgo político y jurídico que sigue entrañando Venezuela. A corto plazo, estas operaciones supondrán una importante inyección para el país. EE UU, mientras tanto, gana acceso a crudo pesado y reduce la influencia de Rusia y China.
La parte fea es la política. Washington está legitimando a un Gobierno que no ha sido elegido democráticamente, mientras practica una suerte de colonialismo que pone en cuestión la soberanía venezolana y aumenta su dependencia de EE UU. Quizá el petróleo traiga más riqueza. Lo que no trae necesariamente es democracia. La prosperidad y el desarrollo tecnológico tampoco conducen por sí solos a ella. Los homólogos de Trump en Rusia y China son buena prueba de ello.
Huang apuesta por una IA abierta que alimente el negocio de Nvidia
Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, es un firme defensor de la IA de código abierto: en su opinión, esta tecnología no debería quedar dominada por unas pocas compañías. Esa es una de las razones por las que han pagado 11.200 millones de euros por Hugging Face, la gran plataforma donde desarrolladores, universidades y empresas comparten millones de modelos de IA. Pero no es solo ideología. A Huang le da bastante igual si sus chips los compra OpenAI, una universidad o un desarrollador particular. Todos necesitan capacidad computacional para entrenar sus modelos. Cuantos más haya, más grande será su mercado.
La paradoja de forzar la presencialidad en las empresas tecnológicas
En los últimos años, varias empresas tecnológicas han aplicado en ocasiones aquello de que en casa del herrero, cuchillo de palo, obligando a sus trabajadores a acudir a la oficina y renunciar al teletrabajo. Es el caso de las desarrolladoras de videojuegos, que están en plena reducción de personal tras años de vacas gordas, y que están imponiendo la presencialidad. Los sindicatos creen que es una forma de forzar salidas voluntarias para ahorrarse los despidos, y tiene sentido. Aunque el contacto físico es importante en el trabajo (también lo es la conciliación), los empleados de este tipo de compañías suelen estar habituados a la distancia y al contacto virtual. No parece que la productividad vaya a mejorar mucho por juntarlos.
La frase del día
Protesto, no hay recaudaciones de las empresas, hay donaciones voluntarias. Es absolutamente diferente. El Kremlin no ha exigido nada. Yo me reuní con representantes empresariales, quienes, de forma absolutamente sorprendente para mí, se ofrecieron a contribuir de manera concreta
Vladímir Putin es presidente de Rusia
El valor de hacer la pregunta correcta a las inteligencias artificiales
El doctor House, de la serie homónima, solía decir que “todo el mundo miente”, para señalar que tras las enfermedades a veces hay hábitos o vivencias que no se cuentan ni al médico. Con la inteligencia artificial, aunque conviene ser prudente con las cosas que se le cuentan –nunca se sabe dónde pueden acabar– en teoría se puede prescindir de esa máscara social. Pero a menudo es el propio usuario el que se autoengaña y no da la información adecuada. Ocurre, por ejemplo, con los programas de ejercicio físico diseñados por la IA. Quizá no sea tanto que la herramienta dé respuestas incorrectas, sino que no se le hagan las preguntas idóneas, algo para lo que un profesional sí que está más preparado. Pero la IA tiene una ventaja crucial: el precio.
