A Matthew Brennan no hay quien le pille en la Vuelta a España | Ciclismo | Deportes
A Matthew Brennan, con 21 añitos y participante por primera vez en una grande, parece quedársele pequeña incluso la Vuelta a España. Gana como y cuando quiere el ciclista del Visma, sprinter sin igual, tres etapas en el zurrón que no son cuatro porque en la jornada anterior el equipo quiso respetar los galones y designó a Van Aert para el sprint final, ciclista sin el turbo suficiente hasta el momento. Corregida la hoja de ruta, Brennan volvió de estilete y no falló, de nuevo arrebatador, el más rápido del pelotón, atrápame si puedes.
Comenzó el día con la mala noticia del abandono del noruego Mads Pedersen por enfermedad, una bala menos (del Lidl-Trek) para luchar por los sprints, pero no una cualquiera porque suma cuatro etapas y dos triunfos de la clasificación por puntos de La Vuelta, en 2022 y 2025, por más que esta no estaba siendo su ronda, sin éxitos que paladear. Esta era, presumiblemente, de Cartagena a Lorca, la etapa que mejor se ajustaba a su perfil. Pero en su ausencia, los otros tiburones, escasos ya en el pelotón, se frotaban las manos, ninguno como Brennan, aunque también Coquard (Cofidis) y Tronchon (FDJ), últimos conquistadores, Meeus (Bora) y Aular (Movistar)… Y entre ellos se repartieron el botín.
Lanzar una fuga de inicio en un día así, llano y solo con un puerto de montaña de tercera categoría, era una quimera, un auténtico brindis al sol. Pero se puso el semáforo en verde y Novak (UAE), Hayter (Soudal), Covi (Jayco) y Sinuhé Fernández (Burgos) llevaron la contraria a toda lógica, habituales sospechosos, pretendientes a la combatividad: salieron escopeteados, una fuga como aperitivo. Sucedió, sin embargo, que Visma y Cofidis, jornaleros frecuentes en las etapas llanas, no estaban por la labor de dar tregua, de poner en entredicho el sprint final. No dejaron más de 1m30s de ventaja y en una de esas rectas infinitas, donde el viento azota y provoca estragos, donde el pelotón se partió en dos con un abanico, los fagocitaron. Hubo más atrevidos que quisieron dejar su huella, exhibir al patrocinador, kilómetros en solitario. Pero no había bandera blanca y se llegó al puerto del día con todos de la mano.
Sometido el pelotón al paso del Visma, que no quería repetir el despiste y sesteo de la jornada anterior, no pasó nada de nada, todo en orden y Brennan relamiéndose. Quedaban 15 kilómetros a toda mecha, además del arreón final. Ese en el que Cofidis e Ineos quisieron tomar la delantera; ese en el que Aular, Hofstetter, Magnus Cort y Tronchon asomaron la cabeza; ese en el que Coquard y Meeus completaron el podio; ese en el que Brennan explicó una vez más que cuando arranca no hay quien le eche el lazo. Una exigencia que también pretenden Mas y Movistar en su defensa del maillot rojo.
Respondió Mas a las mil maravillas en su estreno de líder tras el adiós de Pogacar, primera victoria de etapa en la Vuelta. Pero tiene el aliento de los rivales en el cogote y queda mucha tralla por delante. Hoy, de Vera al Calar Alto con cinco puertos, los dos últimos de primera, 30 kilómetros de ascensión, pendientes del 18%, piernas, para qué os quiero. El sábado estará la ascensión a la Sierra de Panadera (Jaén), terrible muro; y después llegará la contrarreloj, 32 kilómetros de incertidumbre para el español, que nunca encontró en la lucha contra el crono un alivio, en jaque ante Roglic, especialista en la modalidad. Y restarán otras dos pruebas de fuego, dos riscos más. El viernes 11, Peñas Blancas, casi 20 kilómetros de sufrimiento, y el sábado, penúltima etapa y probable juez de la ronda, tres puertos de primera más el Collado del Alguacil, hors catégorie [categoría especial], pendientes del 22%. Mucho por explorar y defender, mucho por correr, mucho por disfrutar. Vienen curvas y Mas tiene la palabra.
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