El último show de Sara Alonso tras subir al podio en Chamonix: de ser embestida por una vaca a la serpiente de hip-hop | Deportes
Sara Alonso desveló este jueves en Chamonix una nueva forma de celebrar uno de los mejores resultados de su carrera. Hace un año, cruzó la meta de la OCC, la distancia ‘corta’ –60 kilómetros con 3.500 metros de desnivel positivo– de las finales del Ultra-Trail du Mont-Blanc, que pondrá el sábado la guinda con la vuelta de cien millas alrededor del techo de los Alpes, recreando una vaca para poner en valor la rehabilitación en tiempo récord que había hecho tras una fractura de costilla en un percance con una vaca, que la embistió cuando se entrenaba. Si ese quinto puesto –cuarto a la postre por una sanción por dopaje a la ganadora, la keniana Joyline Chepngeno–, supo a gloria, el tercero de 2026 en una de las carreras con más nivel del mundo hizo tan feliz a la vasca que volvió sobre sus pasos para hacer la serpiente de hip-hop, como si no dolieran las caderas después de seis horas corriendo. Un puesto que replicó Miguel Benítez entre los hombres, otro premio tras salir del pozo de su lesión en marzo en la Transgrancanaria. Así es como el trail español puso la bandera en el fin de semana más emblemático del año.
La OCC –las siglas de Orsières, Champex-Lac y Chamonix, los tres puntos que une la carrera– dibuja una variante diferente a la prueba de cien millas. Ya puede sostenerse que el sufrimiento en 60 kilómetros puede ser peor, pues años atrás, esa distancia era claramente considera ultra y los ritmos, aunque más altos que en un esfuerzo de 20 horas como el de ganar UTMB, eran todavía reflexivos en comparación con la actualidad. La profesionalización del trail ha convertido esta carrera en algo más parecido a una maratón. Por eso es la cita grande de los especialistas en la media distancia, aunque hay victorias recientes de ‘ultreros’. Alonso aterrizó en la OCC porque era un compromiso que tenía que cumplir al menos una vez en el contrato de tres años que firmó con Asics, pero temía de su adaptación a tanto kilómetro. La realidad es que ha terminado corriéndola los tres años, con grandes resultados. Solo sus victorias en dos maratones como la Zegama-Aizkorri o la Marathon du Mont-Blanc pueden hacer sombra a su bronce de este jueves.
Porque no solo es el puesto, sino que podía haber ganado perfectamente una carrera decidida literalmente en los últimos metros. No hay cosa más desagradable en el trail que lanzar un sprint tras un ultra. Lo necesitó la estadounidense Lauren Gregory, en segundo plano durante todo el curso tras llevarse en octubre la final de las Golden Trail World Series, para conseguir, en este caso sin duda, la guinda de su palmarés. Ganó en 6h08m07s, solo tres segundos menos que la británica Naomi Lang, una de las mejores bajadoras en terreno técnico que se quedó sin cartas en el mazo ante la facilidad de los últimos diez kilómetros: terreno favorable por pista rápida. En el viejo recorrido, la carrera era suya. Música para los oídos para una atleta como Alonso, curtida en el atletismo y con marcas fugaces en diez kilómetros y media maratón. Llegó tercera a 1m04s en una clasificación con los buenos resultados de las españolas Greta García, octava, y Naiara Irigoyen, undécima. Solo EE UU igualó el mérito de tres corredoras entre las 11 primeras.
Ese final favorable también sonrió a Benítez, con un registro de 2h14m en la maratón de Sevilla. Siguió corriendo la Transgrancanaria con un esguince que al final era más que eso. A despedirse del calendario de primavera y a meter horas en bici para que el corazón no se olvide del esfuerzo. Compañero de Alonso en el training camp de Asics en Chamonix, salió con descaro y llevó al cronómetro su inmenso potencial. No solo por los diez últimos kilómetros, sino por lo que vino antes, pues su motor no hace que desmerezca en terreno técnico, como los canchales de la zona cimera del Col de Balme en una carrera que subía hasta los 2.330 metros de altitud sobre el nivel del mar. La organización cambió el recorrido en julio para disgusto de mucho atleta élite que no quería un final tan rápido –la mayoría acudió igual porque las marcas exigen estar en Chamonix– y amateur porque la factura sumaba otros seis kilómetros. Por eso tiene más mérito la victoria de Frédéric Tranchand, un francés conocido por su destreza entre riscos al que ya no se le resiste nada. Tras proclamarse campeón del mundo en Canfranc en 2025, ganó en 5h10m8s. Segundo fue Nashon Kiplimo a 4m29, la prueba de que Kenia también puede competir en ultra. Benítez cerró el podio a 7m35s.
Por detrás, la intrahistoria. Los chicos también pusieron tres corredores en el top-11, con Alain Santamaría, quinto, y Antonio Martínez, undécimo. El primero fue sancionado con cinco minutos por acortar en las zetas de la bajada a Trient, que hizo con Franceso Puppi, uno de los grandes favoritos. Lo cierto es que, a diferencia de otros tramos donde el había cintas tendidas sobre el suelo para prohibir el tajo directo, no había banderas en esos kilómetros de la polémica. Lejos de revisar las imágenes en meta, un juez paró al riojano para enseñarle unas imágenes poco clarividentes mientras otros corredores que estaban en una lista de posibles infractores –no queda claro si por vídeo o por el chivatazo de algún voluntario, cuya palabra es considerada oficial, como si se tratase de un árbitro– seguían su camino.
Todos tenían a su favor el argumento de necesitar orinar tras haber pasado más de 20 minutos en el cajón de salida de Orsières (Suiza) sin un baño a mano, después de hidratarse, como mandaba el guion, en una jornada con 33 grados en meta. Habían recibido un correo de la organización prohibiendo expresamente orinar en el cajón tras haberlo hecho el año pasado un corredor que no pudo aguantarse. Total, que varios tuvieron que evacuar sobre la marcha. Las otras batallas de un ultra que es cada vez menos ultra. En las OCC de principios de siglo, la parada para el pis era una tregua casi asumida. Ahora, es una parada en boxes. Cada segundo cuenta.
