Pogacar vuelve a vestirse de superhéroe

Lo volvió a hacer. Pero no por habitual deja de ser extraordinario, una oda al ciclismo y a los valientes, una plasticidad infinita. Es la firma de Pogacar en el ciclismo, ese que ha agitado y remodelado con sus exhibiciones, ese que ya se escribe alrededor de sus gestas y que el tiempo situará como leyenda y referencia. Y entre ellas estará, a buen seguro, el ataque a 50 kilómetros de meta en la cuarta etapa de la Vuelta, en la ascensión a la Collada de Beixalís, cuando dejó a todos boquiabiertos y petrificados -quizá no así a Gall, que lo intentó, pero no le dieron las piernas-, cuando aclaró que él compite contra sí mismo y nadie más. De ahí al cielo y 2m40s de ventaja sobre sus perseguidores (3m20s en la general). Es un superhéroe, aunque un superhéroe matemático.
