mié. Ago 12th, 2026

El PSG extiende su hegemonía tras vencer la Supercopa de Europa ante el Aston Villa | Fútbol | Deportes

Pasan uno a uno los rivales y alguno queda conforme con hacerle cosquillas, muchos son superados sin decir ni pío, todos se van de vacío. No hay quien pueda con el PSG, que no pierde el apetito ni el tino, tampoco título alguno. Ya nada parece una hipérbole alrededor del equipo de Luis Enrique, capaz de hilvanar dos Champions, una Intercontinental y ahora otras dos Supercopas de Europa —iguala el registro récord del Madrid y el Milan— tras descascarillar al Aston Villa de Emery, un rival que defendió con orgullo y bravura su condición de campeón de la Liga Europa. Pero, como todos, cayó ante el canto de sirenas parisino y su embrujo con el balón entre los pies, ya un equipo hegemónico.

Anunciaba la final un duelo entre técnicos españoles, también un choque de estilos. Porque el PSG de Luis Enrique se describe desde la posesión, con pausa en la construcción pero fuego en la resolución; porque el Aston Villa de Emery se remite a un ejercicio defensivo bravo para catapultarse a la contra. Y ambos siguieron con su regleta, su librillo, que por algo les ha llevado a coronarse repetidamente en Europa. Una lógica que no le llevó la contraria al axioma del pez grande se come al chico.

Así, se esmeraba el Villa en protegerse por dentro, con los delanteros presionando a los centrales para que el rival no creciera desde los pasillos interiores. Alejar a Vitinha del balón siempre es buena idea. Pero tiene tanto fútbol y pie el PSG que encontró las rendijas con la circulación para autografiar de inicio un soliloquio desde la posesión ante un rival que se arrinconaba con las líneas bien estrechas y de la mano del portero, fútbol remitido a unas pocas baldosas. Y no se salía con la suya el PSG, enredado en los metros definitivos. Ahora un pase al aire de Hakimi, ahora un disparo raquítico de Vitinha.

Pero por entonces las piernas todavía eran aliadas del PSG, que ejercía la presión tras pérdida con colmillo y eficacia, que se las ingenió para desmontar al rival con un robo y un pase de Vitinha, con un recorte y un disparo de Kvaratskhelia, la mayor estrella que se perdió el Mundial, uno de los futbolistas más determinantes del planeta, uno que volvió a alojar la pelota en la red con virulencia.

No se inquietó el Aston Villa, más entero en lo físico, porque con un robo le bastaba para activar el mecanismo de ataque, ese tan de Emery, que se planta en el área rival tras muchos metros y pocos pases, carreras de galgos para desbrozar al rival. Como ese disparo de Kamara desde el balcón del área que por poco no cogió portería; como ese remate de Madjo cruzado a centro de McGinn. No fue el único del pipiolo ariete, el más joven (17 años y 212 días) en salir de inicio en una final europea.

Sostenido por un Madjo tan joven como enorme sobre el césped, el Villa tiraba las contras y hasta lograba amasar el esférico en campo contrario tras un pase atrás del punta. No había receta para la eclosión de Madjo, todo orgullo y físico —se asemeja a Lukaku—, todo hambre. Y repicó con un disparo raso que le cuchicheó al poste; y persistió con otro testarazo que más bien fue coronillazo; y cantó bingo tras ganarle la partida a su pareja de baile a un centro lateral, tras un remate con el interior del pie para descerrajar al rival.

Devueltos los equipos al tapete después del entreacto, el PSG dio carrete a Dembélé y volvió a conectar con el esférico, a dominar el espacio. Pero no el tiempo porque el Villa se asomaba al área rival con una inquietante sensación de peligro. Hasta que Doué trazó una diagonal para plantarse solo ante el meta, para acomodarse el balón a la zurda y resolver con plasticidad y elegancia al palo largo.

No bajó los brazos ni la cabeza el Villa, ya con la presión y las líneas adelantadas, reivindicación de libreta de Emery y acierto para el espectáculo, más huecos y ocasiones, duelo de ida y vuelta, sin pausa ni guion, avivado por los cambios. A un chut de Dembelé respondía un centro que por poco no enlazó Abraham; a un remate de Doué le replicaba una intentona de Gomes. Pero ya nadie volvió a festejar un gol para desazón del Villa y disfrute del PSG, que volvió a imponer su ley en Europa.

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