Vollering ataca en un muro, gana la etapa del Tour de Francia y se viste de amarillo | Ciclismo | Deportes

No hay paz en el Tour. Ni un día ni un minuto ni un segundo. Demi Vollering está encendida, habitada por su alma de joven patinadora de velocidad, y no hay cuesta que no inflame su pasión, su deseo, sus ataques demoledores que hacen temblar a todas, y a ella le recompensan con una segunda victoria de etapa, el aplauso admirado de sus rivales derrotadas y, a un día del final de la carrera, el maillot amarillo.
Todas la esperaban. Una cuesta de cuarta. Un pequeño descenso, una curva a la derecha y allí, imponente, el Camin de l’Arieta entre chalets de urbanización de lujo con vistas espléndidas del Mediterráneo azul y Niza a sus pies. Poco menos de 500 metros al 14%. Un muro a seis kilómetros de la llegada que la campeona de Europa convierte en un infierno. Su equipo, el FDJ, ha hecho a toda máquina el puertecito de cuarta y el descenso. Tres locomotoras –Koch, Berthet, Gery—y un misil llamado Vollering que salta ultrasónico en cuanto se empina el muro. Niewiadoma, estorbada y mal colocada, tarda en llegar a su rueda, y también Elisa Longo, siempre bulliciosa, animada a la hora de apuntarse a las fiestas. Las dos aguantan y Vollering insiste, de pie sobre la bicicleta, y vive una suerte de experiencia mística que describe después, aún alucinada, aún sin entender muy bien el trance en el que ha pedaleado durante media docena de kilómetros. “Cuando vine en enero medio lesionada de la rodilla a reconocer esta etapa vi muy clara una imagen, una premonición, aquí conseguiré el maillot amarillo”, dice de la subida por el camino. “Pensé que esa imaginagen no tenía sentido, y me olvidé. ”Es curioso, pero por la mañana, antes de la carrera, me volvió a atacar con fuerza esa imagen en una especie de dèja vu, y ya pensé, quizás sea verdad, quizás así es como tiene que suceder. Y cuando ataqué solo me repetía, uedo hacerlo, podemos hacerlo, yes, we can”.
Solo al final del muro se despega de las dos lapas. Corona con media docena de metros y se lanza ciega al descenso, guiada por un instinto que no le falla. Media docena de segundos cuando emboca en el Paseo de los Ingleses, una recta de casi cuatro kilómetros pegada a la playa y al aeropuerto de Niza, y ella acelera sin mirar atrás. Una contrarreloj ideal que acaba con la resistencia y las fuerzas de la acampeona italiana, la única que tira detrás. A su rueda, la líder de amarillo bastante hace con resistir. “A 500 metros sentí ya un dolor espantoso. Estaba muerta. Ya no podía más”, dice la polaca, que nopudo ni esprintar para atrapar los seis segundos de bonificación.
Estaba cansada y poseída por una justa ira también. Niewiadoma, la polaca que voló en el Mont Ventoux y cede por 8s el liderato, ni aplaude ni se somete, solo siente rabia y mucho, mucho calor, y bufa, agotada, sin fuerzas para levantarse del asfalto donde se sienta nada más cruzar la meta: “Estoy furiosa. Célia Gery me ha cerrado aposta contra la acera cuando Demi atacó”, clama la corredora que le ganó a Vollering el Tour del 24 en el Alpe d’Huez. “No fue en absoluto un accidente porque yo veía que me estaba observando para empujarme contra la barrera, y luego dejó de pedalear. Esas artimañas no se hacen ni en un jardían de infancia, y mucho menos en el Tour”.
Marlen Reusser, la lider del Movistar que marcha tercera, ni tiene la capacidad dinamitadora de las tres que la dejaron clavada en la subida ni habilidad en los descensos. Está a 1m 12s en la general antes de una ultima etapa que no va con su estilo ni capacidades: es un carrusel, una montaña rusa explosiva de 99 kilómetros con cuatro ascensiones al col d’Éze antes de un descenso vertiginoso al mismo Paseo de los Ingleses. Tres veces se asciende por el recorrido tradicional. La cuarta, por el empinadísimo camino del Monte del Vinagrero, una emboscada que hará soñar a Vollering y dará esperanzas a Niewiadoma. Para Blasi, séptima en la general, a 1m 11s del maillot blanco que viste la alemana Antonia Niedermaier, gregaria de la polaca, será la última oportunidad para comprobar si finalmente el UAE cree en ella y organiza una etapa de ataque, a por el blanco, que no sería poca cosa en un debut tan atormentado y educativo a los 23 años.
