Crowdfunding: Así funciona el ejército anónimo de ‘mecenas’ en España: cuando la unión (financiera) hace la fuerza | Negocios

Una multitud de personas conectada a internet financia cada día promociones de viviendas y plantas solares, presta dinero a empresas, adelanta facturas o adquiere participaciones en start-ups. Con aportaciones que en algunos casos apenas superan los 100 euros, esos pequeños inversores ayudan a impulsar proyectos empresariales e iniciativas que hasta hace poco dependían casi exclusivamente de la banca o de los grandes fondos. En poco más de una década, el crowdfunding ha dejado de ser una fórmula marginal y de nicho para convertirse en una industria financiera que canaliza cientos de millones de euros hacia empresas que buscan crecer, lanzar nuevos negocios o complementar las vías tradicionales de acceso al capital.

La financiación participativa en España (Tabla)

En España este canal de financiación alternativa ha marcado un hito: el sector superó por primera vez los 700 millones de euros en 2025, alcanzando 761,6 millones, un 45,8% más que el año anterior, según el informe elaborado por la consultora Universo Crowdfunding, que cifra el impacto en 15.234 empleos, un 45,3% más. La evolución aún resulta más llamativa si se observa la serie histórica: en 2016, apenas movía 71 millones. Desde entonces, ha canalizado 2.887 millones de euros.

Evolución en España (Tabla)

Ángel González, consejero delegado de Universo y cofundador de la Asociación Española de Crowdfunding, atribuye parte de esa expansión en España a la aceleración digital posterior a la pandemia y rechaza que se trate de una moda pasajera. “Se ha convertido en una herramienta financiera madura, regulada y de creciente relevancia macroeconómica. El cambio es estructural”, sostiene.

La imagen tradicional del crowdfunding como un medio alternativo para financiar discos, proyectos solidarios o películas —por ejemplo, uno de los primeros grandes casos mediáticos fue El cosmonauta, filme de ciencia ficción que recaudó más de 400.000 euros de miles de mecenas— hace tiempo que dejó de reflejar la realidad del sector. Hoy son miles los usuarios que recurren a plataformas digitales para canalizar su ahorro hacia proyectos empresariales, inmobiliarios o sociales.

Además, todo ese dinero se mueve en un entorno mucho más regulado y profesionalizado que en los primeros años de andadura. Las plataformas deben estar inscritas como proveedores de servicios de financiación participativa y están supervisadas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Todas ellas actúan como intermediarias: en realidad son un mero tablón de anuncios regulado, nunca se convierten en dueñas de las acciones o de los préstamos. Hay otra capa y es el Reglamento Europeo de Proveedores de Servicios de Financiación Participativa (ECSP), aplicable desde 2021 y plenamente implantado desde 2023, que establece requisitos estrictos de transparencia y protección del inversor. También facilita la actividad transfronteriza de las plataformas, lo que amplía el mercado potencial tanto para las empresas como para los inversores.

Primeros fiascos

La regulación llegó tras una primera etapa marcada por algunos episodios polémicos. El caso más conocido fue el de Housers, pionera del crowdfunding inmobiliario en España, que se vio envuelta en conflictos con inversores, problemas en varios proyectos y expedientes de la CNMV. Aquello fue un revulsivo para que el sector elevara las exigencias en materia de transparencia, gestión del riesgo e información al inversor. Aun así, González advierte de que siguen existiendo “pseudoplataformas” o proyectos difundidos a través de redes sociales que escapan a los controles. “Si quieres invertir o quieres conseguir financiación, sí o sí dirígete a una plataforma que esté regulada”, advierte González, porque las principales plataformas cuentan con metodologías de análisis y departamentos de riesgos mucho más sofisticados que los de los primeros años.

Pero regulación no significa ausencia de riesgo. Como ocurre con cualquier inversión, los proyectos pueden sufrir retrasos, no alcanzar la rentabilidad prevista o incluso generar pérdidas para los inversores. El propio González reconoce haber perdido dinero en alguna inversión. “El principal riesgo es que la empresa no pueda devolver el capital en los plazos pactados. A todos, en mayor o menor medida, nos ha tocado vivir alguna de esas situaciones en los últimos años. El riesgo cero no existe en ningún instrumento financiero y quien diga lo contrario no está siendo honesto”, asegura Alessandro Miori, consejero delegado de la plataforma de crowdlending Ener2Crowd. Apunta Miori que la primera línea de defensa de las plataformas es la selección de las iniciativas. De hecho, “la mayor parte de los proyectos analizados no supera el primer filtro”, indica Javier Villaseca, consejero delegado del grupo Sego Finance.

Poco a poco, este canal se ha convertido en una pieza más dentro de la estrategia financiera de muchas compañías. No es una financiación de último recurso. “Las empresas y proyectos que acuden al crowdfunding responden a un perfil no necesariamente excluido del canal bancario, sino con un proyecto estratégico que encaja mejor en modelos alternativos”, señala Pablo Alonso Montes, socio del área legal de servicios financieros de KPMG Abogados.

En muchos casos son promotores inmobiliarios, pymes en expansión, start-ups tecnológicas o proyectos vinculados a las energías renovables que buscan diversificar sus fuentes de financiación sin depender exclusivamente del crédito bancario, captar recursos con rapidez, y acceder a estructuras híbridas de deuda y capital. Para algunas compañías, además, supone una forma de ganar visibilidad y crear una comunidad de inversores en torno a su proyecto.

Sin embargo, esta vía suele ser más cara que la financiación bancaria. Además, “implica mayores exigencias de transparencia y reporting continuo frente a múltiples inversores”, advierte Montes. A ello se suman “posibles riesgos reputacionales en caso de incumplimiento y una menor previsibilidad en la ejecución de la financiación”. En otras palabras, este canal amplía las opciones de acceso al capital, pero también obliga a las empresas a rendir cuentas a una comunidad de inversores mucho más amplia y exigente.

El fenómeno no es exclusivo de España. A escala mundial, el mercado del crowdfunding podría superar los 5.530 millones en 2030, según la consultora estadounidense Grand View Research. España sigue por detrás de mercados más maduros como Francia, que lidera con 1.763 millones de euros recaudados en 2025, así como Alemania o Países Bajos. Según la CNMV, actualmente hay 27 entidades inscritas, una cifra todavía modesta. Aunque la brecha se está reduciendo. “España no puede calificarse como un mercado rezagado, sino como un mercado en fase de crecimiento acelerado y convergencia”, señalan en KPMG Abogados.

Todo al ladrillo

El crecimiento de la financiación participativa no se reparte por igual. El verdadero protagonista del auge en España tiene acento inmobiliario: el sector concentra el 74,3% de toda la financiación captada. En 2025 movilizó 566,2 millones de euros —casi tres de cada cuatro euros recaudados— impulsado por el auge de plataformas como Urbanitae, que se consolida como gigante: superó los 280 millones de euros captados en 2025, el 36,8% de toda la recaudación. Le siguen Civislend (133 millones) y Wecity (101 millones).

Aunque el peso de este canal sigue siendo reducido frente a los cerca de 39.000 millones de euros que mueve la financiación promotora, se ha consolidado como uno de los segmentos más dinámicos. El fenómeno responde a una doble tendencia. Por un lado, la necesidad de los promotores de encontrar fuentes de capital complementarias a la banca en un momento de fuerte déficit de vivienda —700.000, según el Banco de España—. “Ha pasado de ser una fórmula muy de nicho a convertirse en una capa estructural de la financiación promotora”, resume Diego Bestard, consejero delegado de Urbanitae. Solo esta plataforma, que obtuvo licencia de la CNMV en 2019, acumula más de 9.000 viviendas financiadas desde el inicio de su actividad en España y Portugal.

En el ladrillo, la banca sigue siendo el rey, al concentrar entre el 53% y el 55% de los recursos del sector, pero ya no cubre todas las necesidades de capital de una promoción. El capital alternativo representa entre el 33% y el 35%, mientras que el crowdfunding aporta entre el 9% y el 11%. “No estamos viendo una sustitución del banco, sino un modelo más híbrido, más sofisticado y sano, donde cada actor entra en una fase distinta del proyecto”, afirma Bestard.

Por otro lado, cada vez son más los ahorradores que buscan oportunidades de inversión en el ladrillo. “Ha dejado de ser una rareza para convertirse en una forma lógica de acceder al inmobiliario con tiques bajos y diversificación”, señala el directivo. El tique medio en Urbanitae ronda los 3.000 euros.

Bestard descarta que se esté formando una burbuja. “El capital alternativo está creciendo para cubrir un hueco real del mercado, no para inflar artificialmente el sistema. Responde a una necesidad estructural de financiación, no a una exuberancia irracional”. En su caso, rechaza cerca del 90% de los proyectos que analiza por criterios de solvencia y viabilidad.

Dentro del inmobiliario conviven dos modelos de financiación. En unos casos, los inversores participan en el capital del proyecto (equity crowdfunding) y comparten sus beneficios potenciales. En otros, actúan como prestamistas a través de fórmulas de crowdlending, recibiendo una rentabilidad pactada.

Esta última modalidad está ganando peso en otros sectores más allá del inmobiliario. De hecho, fue el segmento que más creció en 2025: alcanzó 75,9 millones de euros, un 403,8% más que el año anterior, impulsado por la irrupción de nuevas plataformas, principalmente francesas e italianas, vinculadas a proyectos de energías renovables. “Ha sido el boom del ámbito de las renovables”, resume Ángel González. El funcionamiento del crowdlending es sencillo: una empresa obtiene financiación mediante préstamos aportados por los pequeños inversores. A cambio, reciben el reembolso del capital más un interés acordado.

Para Alessandro Miori, el atractivo del modelo basado en préstamos reside en su complementariedad con la banca. “No es un sustituto del banco, y sería un error presentarlo así. Muchos de nuestros promotores utilizan ambos canales de forma secuencial y consciente. O incluso paralela”, dice el consejero delegado de la plataforma de origen italiano Ener2Crowd, cuya actividad abarca desde instalaciones fotovoltaicas o proyectos de eficiencia energética industrial hasta agricultura sostenible y otras iniciativas vinculadas a la descarbonización. La plataforma, que ha movilizado más de 58 millones de euros y financiado 240 proyectos, registró en 2025 una tasa de morosidad del 5% tras años cerca del 1,5%, aunque sigue muy por debajo de la media del sector, que se coloca en el 8% y en el 30% en algunas plataformas.

Junto al préstamo participativo, el otro gran pilar es el equity crowdfunding, que permite a los inversores convertirse en accionistas de start-ups y empresas en crecimiento. En 2025, este canal recaudó 52,1 millones de euros, un 14% más que el año anterior, de acuerdo con Universo. Plataformas como Sego Venture (división de capital riesgo de Sego Finance), Fellow Funders o Capital Cell operan en este segmento. Javier Villaseca explica que esta fórmula posibilita que las empresas capten recursos sin asumir pagos periódicos de deuda, aunque a cambio deben compartir una parte de la propiedad de la compañía. Sego Venture ha canalizado más de 100 millones de euros desde su creación, acompañando a más de 50 compañías —sobre todo del sector aeroespacial y relacionadas con la inteligencia artificial— en distintas fases de crecimiento, algunas de las cuales han llegado a cotizar en Bolsa.

Según Villaseca, muchas de las compañías que recurren al equity crowdfunding se encuentran en fases demasiado tempranas para atraer capital riesgo institucional. “Nuestra plataforma representa una ventana de financiación que de otra forma no existiría”, afirma. “No es que sean proyectos de menor calidad; es que el sistema tradicional en España no está diseñado para ese momento concreto de su desarrollo”.

El resto del negocio de la financiación participativa se reparte entre el crowdfactoring —modalidad en auge que permite a una empresa obtener liquidez inmediata anticipando el cobro de facturas—, las donaciones y las recompensas. El primero dio la sorpresa en 2025 al movilizar 319 millones de euros, impulsado por plataformas como Sego Factoring, Circulantis o MytripleA. Por detrás se situaron las donaciones, con 44 millones de euros —bajaron un 35,4% después del impulso de la dana de Valencia en 2024—, y el de recompensas, con 23 millones, ámbitos en los que operan plataformas como GoFundMe, Teaming, Mi Grano de Arena, Verkami, Kickstarter o Indiegogo.

Así es como el crowdfunding ha sentado las bases para seguir ganando peso en España. El siguiente paso será una mayor concentración del mercado que dé lugar a grupos con dimensión paneuropea favorecidos por la regulación comunitaria. “Ya se están empezando a crear conglomerados de plataformas que operan en varios países”, afirma González. Sin embargo, el gran desafío sigue siendo ampliar la base inversora. Los expertos coinciden en que es necesario mejorar la educación financiera de la población. “Hay millones de personas con ahorros en cuentas corrientes perdiendo poder adquisitivo, no por falta de alternativas, sino por falta de información”, concluye Javier Villaseca.

Pablo Vidarte. Bioo

“Permite que cualquiera pueda formar parte de la empresa”

Cuando Bioo salió al mercado en 2022, tras más de siete años dedicada a investigación y desarrollo, Pablo Vidarte tenía claro que quería abrir parte de la compañía a pequeños inversores. La empresa biotecnológica, fundada en 2015 y especializada en tecnologías para transformar las ciudades —desde biorreactores capaces de generar energía y agua a partir del suelo hasta plantas bioluminiscentes para reducir la contaminación lumínica—, ha recurrido al equity crowdfunding, una fórmula mediante la que los inversores entran en el capital de la empresa a cambio de acciones. “Siempre nos ha ido muy bien. Es un vehículo bastante importante para nosotros porque conseguimos que la gente sea parte del proyecto”, explica Vidarte. “No tanto para no depender de los fondos, porque también los tenemos, sino para dar una oportunidad a la gente de formar parte de la empresa”. Desde entonces, Bioo, con sedes en Barcelona, Riad y Shanghái, ha realizado tres rondas de financiación con participación de pequeños inversores. La primera fue una ronda premercado; la segunda estuvo orientada al crecimiento y la tercera, todavía abierta, busca financiar la expansión internacional de la compañía, fundamentalmente a EE UU. Lanzada hace algo más de un mes, la ronda aspira a captar seis millones de euros y ya tiene comprometido aproximadamente un tercio de esa cantidad. La previsión es cerrarla antes de final de año.

La empresa ha captado hasta la fecha unos tres millones de euros mediante plataformas como Sego y AKKA. Sin embargo, Vidarte insiste en que esta vía no sustituye a otras fórmulas de financiación. Bioo ha recibido cerca de cinco millones de euros de la Comisión Europea y una cantidad similar de fondos privados. “No es el grueso de nuestra financiación, pero tampoco es irrelevante. De hecho, en más de una ronda nos ha salvado”. Para el emprendedor, una de las principales ventajas del crowdfunding es la rapidez: permite captar fondos en uno o dos meses frente a los seis meses que puede requerir un fondo de inversión. “También es una forma de validación”, añade.

El principal riesgo, reconoce, es el mismo que en cualquier ampliación de capital: “Nos diluimos y perdemos acciones”. Aun así, considera que las ventajas compensan. “Una de las cosas que me ha movido siempre es hacer tecnologías simbióticas entre naturaleza y civilización humana. Pues qué menos que contar con las personas en general y no solo con uno o dos fondos”.

Fernando García Romero. Iniciativas Inmobiliarias

“No sustituirá a la banca, pero sí ocupará un espacio cada vez más relevante”

Fernando García Romero se acercó al crowdfunding inmobiliario en 2019 por “pura curiosidad profesional”. Su grupo, Iniciativas Inmobiliarias, promotor con actividad en Andalucía occidental y una cartera cercana a las 3.000 viviendas para desarrollar en los próximos cuatro años, quiso entender cómo funcionaba este nuevo canal de inversión. Tras analizar distintas plataformas, eligió Urbanitae. La primera operación fue financiación de deuda de 300.000 euros para una promoción que ya estaba prácticamente terminada. Desde entonces ha desarrollado seis proyectos y todos, salvo el primero, se han estructurado mediante capital (equity).

“Creemos que este modelo encaja especialmente bien con la naturaleza de la promoción inmobiliaria, ya que permite al inversor participar en la creación de valor del proyecto y coinvertir con el promotor”, señala. García Romero insiste en que el crowdfunding no sustituye a la banca. “Todos nuestros proyectos se financian mediante financiación bancaria tradicional y contamos con la confianza de las principales entidades financieras del país”, afirma. Su utilidad, sostiene, está en complementar recursos propios y ampliar la capacidad de inversión. “Dar entrada a socios inversores en proyectos concretos nos permite optimizar nuestra capacidad de inversión, desarrollar más proyectos simultáneamente y acometer operaciones de mayor volumen”. Por eso considera que seguirá creciendo en los próximos años. “No sustituirá a la banca, pero sí ocupará un espacio cada vez más relevante como complemento de la financiación tradicional y como vía de acceso a la inversión inmobiliaria para inversores”, concluye García.

María A. González. Asociación Tinerfeña de Esclerosis Múltiple

“Ayuda a paliar carencias, pero no debe ser la única respuesta”

La Asociación Tinerfeña de Esclerosis Múltiple (ATEM) utiliza el crowdfunding de donación como una herramienta complementaria para financiar proyectos que mejoran la calidad de vida de personas con esclerosis múltiple y otras enfermedades neurológicas, físicas y orgánicas. Su presidenta, María Ángeles González Rodríguez, explica que estas campañas surgieron para cubrir iniciativas que “no siempre cuentan con financiación suficiente a través de las ayudas públicas”.

Desde 2016, la entidad ha impulsado varias campañas destinadas a rehabilitación, actividad física adaptada, investigación o mejora de recursos. La más exitosa fue Equipatem, que recaudó 6.919 euros gracias a 172 donantes, el 355% del objetivo inicial. Más recientemente, la campaña Movimiento por la vida logró 4.444 euros para financiar rehabilitación acuática y ejercicio adaptado. “La mayoría de las donaciones proceden de familiares, amistades, personas usuarias, profesionales, comunidad local y personas sensibilizadas con nuestra causa”, explica González. Las redes sociales desempeñan un papel clave para alcanzar nuevos públicos, movilizar apoyos y dar visibilidad a las campañas. La asociación también observa un cambio en el perfil del donante: hay más personas colaborando, aunque con aportaciones más pequeñas.

ATEM considera que el crowdfunding sigue siendo una herramienta muy valiosa, aunque insuficiente para sostener los servicios de forma estable. “Permite financiar programas de rehabilitación, apoyo psicológico, acompañamiento o promoción de la autonomía que deberían contar con una cobertura más amplia y estable”, señala la presidenta. Por ello, advierte de que ayuda a cubrir carencias, pero “no debería ser la única respuesta”. Un ejemplo fue la campaña ATEM se queda en casa gracias a ti, lanzada durante la pandemia. Con los 6.088 euros recaudados, la asociación pudo poner en marcha un servicio de entrega domiciliaria de medicamentos para personas vulnerables que no podían desplazarse al hospital. “Fue un ejemplo de cómo puede dar una respuesta rápida y eficaz a una necesidad urgente”.

Francisco Guerrero. Moneleg

“Hemos podido acelerar inversiones sin comprometer la estabilidad financiera”

Moneleg ha encontrado en el crowdlending una herramienta para financiar parte de su crecimiento en energías renovables y eficiencia energética. Francisco Guerrero, consejero delegado de esta empresa con sede en Chiclana de la Frontera (Cádiz), explica que la compañía comenzó a utilizar esta fórmula hace dos años como parte de una estrategia de diversificación financiera. Desde entonces, ha realizado cuatro campañas vinculadas a desarrollos concretos y lo utiliza de forma recurrente, junto con la financiación bancaria y otras fuentes de capital. “Ha contribuido a ejecutar proyectos en plazos más reducidos, optimizar la gestión de tesorería y mantener una estructura financiera diversificada”.

La empresa ha recurrido a esta vía para financiar principalmente comunidades solares en la provincia de Cádiz y certificados de ahorro energético a escala nacional. Según Guerrero, se trata de iniciativas con flujos de caja previsibles que permiten estructurar adecuadamente la financiación y ofrecer seguridad tanto a la compañía como a los inversores. A través de estas operaciones ha movilizado unos 883.600 euros. El impacto, asegura, ha sido positivo. “Nos ha permitido acelerar inversiones sin comprometer la estabilidad financiera de la empresa. Entendemos el crowdlending como una herramienta más”. A su juicio, el principal valor radica en la rapidez de acceso a los fondos y en su capacidad para adaptarse a los calendarios de ejecución de los proyectos. Aunque reconoce que en algunos casos el coste financiero puede ser superior al de determinadas alternativas tradicionales, cree que la comparación no debe limitarse al tipo de interés. “Cuando se analiza el coste total de oportunidad, puede resultar una alternativa muy competitiva”. El directivo destaca que el mayor al usar este tipo de financiación alternativa es “una mayor transparencia y una planificación financiera rigurosa”. Y añade: “Los proyectos deben estar bien estructurados y ser capaces de generar confianza entre los inversores, algo que consideramos positivo porque fomenta una gestión empresarial más sólida”.

Rubén Ferrero. Meraki

“Transformamos las certificaciones emitidas en liquidez inmediata”

La constructora gallega Meraki, fundada en 2021 y con sede en A Coruña, ha encontrado en el crowdfactoring una herramienta para acompañar su rápido crecimiento. Su consejero delegado, Rubén Ferrero Pérez, explica que comenzaron a utilizar esta fórmula a finales de 2022, cuando el aumento de la actividad avanzaba más deprisa que la financiación disponible. “Como ocurre con muchas empresas jóvenes, nuestro volumen de actividad crecía más rápido que la capacidad de financiación que normalmente se concede durante los primeros años de vida”. Entre 2021 y 2025 la firma pasó de una facturación de 250.000 euros a superar los cinco millones de euros anuales. “El crowdfactoring nos ayudó a acompasar el crecimiento de la actividad con las necesidades de liquidez propias del sector”, dice. También contribuyó “a mejorar la gestión de la tesorería y a asumir nuevos proyectos con mayor seguridad financiera”.

El objetivo no ha sido sustituir a la banca, sino complementarla y gestionar mejor las necesidades de circulante de un negocio con importantes desfases (entre 30 y 60 días) entre la ejecución de los trabajos y el cobro efectivo de las certificaciones. Aunque el 60% de sus clientes son administraciones públicas y pagadores solventes, “la actividad diaria exige atender nóminas, proveedores, subcontratas, materiales y otros compromisos operativos”, indica el directivo. “Nos ha permitido transformar certificaciones ya emitidas en liquidez inmediata y seguir creciendo sin generar tensiones innecesarias de tesorería”, añade. Meraki ha trabajado con distintas plataformas, aunque mantiene su relación más continuada con Sego Finance. El funcionamiento es sencillo: una vez emitida y validada una certificación o factura, la plataforma anticipa su importe, permitiendo disponer de liquidez antes del vencimiento efectivo del cobro.

Según Ferrero, la principal ventaja es la flexibilidad, aunque advierte de que no es una solución válida para cualquier operación. “No todas las facturas son susceptibles de financiarse, el coste puede ser superior al de determinadas líneas bancarias, y depende de la calidad y solvencia del pagador”.

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