El oro une su destino a la Fed y consolida un suelo en los 4.000 dólares

El oro vuelve a tener una reñida rivalidad con los bonos estadounidenses. El metal dorado vivió en 2025 un año histórico, en el que se disparó el 65% alentado por el apetito comprador de los inversores institucionales, que se sumaron con una intensidad sin precedentes a las adquisiciones de oro que ya venían acelerando los bancos centrales. En este año, y tras alcanzar un máximo histórico intradía a finales de enero en los 5.595 dólares por onza, su rally se ha truncado. El oro está purgando los excesos de su ascenso y acusa además la competencia que suponen unos bonos que han elevado su rentabilidad a medida que crecen los temores inflacionistas por el encarecimiento de la energía. El metal tiene las de perder si la Fed subiera los tipos de interés, puesto que tener oro en cartera supondría perderse una mayor rentabilidad por la deuda y por un dólar más caro.
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