Cuando la guerra por el talento es espionaje industrial

El activo más valioso de muchas empresas no es una máquina, ni una patente, ni una base de datos. Son sus empleados. En sectores como la tecnología, la industria farmacéutica o la ingeniería, buena parte de la ventaja competitiva de una compañía permanece en la cabeza de sus trabajadores: ahí guardan lo que aprenden, los clientes que conocen o los proyectos en los que participaron. El problema surge cuando esos profesionales cambian de bando.
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Blindajes válidos
El Tribunal Supremo aclaró en 2024 que proteger un secreto empresarial exige algo más que medidas estándar. Según los hechos relatados en la sentencia, una empresa había implantado contraseñas para copiar o imprimir documentos, pero los magistrados consideraron que ese blindaje no bastaba para considerar secreta la información. “La ley no protege la confidencialidad declarada, sino la efectivamente custodiada”, señala Pilar Sánchez-Bleda, de Auren Legal. “Tener contraseñas no basta, hace falta un tratamiento diferenciado de esa información en concreto”, subraya.
