‘Nekonomics’ o la gran economía gatuna japonesa | Carta del corresponsal
El cariño que sienten los japoneses por los gatos se traduce en un gasto que este año ascenderá a 2,9 billones de yenes (unos 15.980 millones de euros), una cifra casi igual al impacto económico de la Exposición Universal de Osaka 2025. Pero esta cantidad no incluye la cara oculta de la economía gatuna: el cuidado de los felinos que se quedan sin hogar.
Las estadísticas de las mascotas japonesas han ocupado un lugar prioritario desde principios de este siglo cuando el número de gatos y perros empezó a superar a la población infantil. En 2025, Japón tenía 8,8 millones de gatos y 6,8 millones de perros, un total de 15,6 millones de mascotas, que superó en dos millones a los 13,6 millones de niños menores de 15 años, según cifras de la Asociación Japonesa de Alimentos para Mascotas y la Oficina de Estadística de Japón.
La magnitud de la economía gatuna es calculada desde 2015 por Katsuhiro Miyamoto, profesor emérito de la Universidad de Kansai y autor de un término ya habitual en los informativos nipones: Nekonomics, acrónimo de neko, gato, en japonés, y economics. El novedoso cómputo incluye el gasto directo en alimentos, servicios veterinarios o vacunas. También suma las cafeterías para sentarse acompañado de gatos, los videojuegos y otros productos audiovisuales, además de excursiones a 14 islas donde abundan los gatos.
La previsión para este año se acerca a los tres billones de yenes aportados a la economía en 2025 por la Exposición Universal de Osaka, el evento de seis meses en el que participaron 158 países y regiones de todo el mundo. “De esas cifras no nos llega nada a nosotras”, declara a EL PAÍS Naomi Furukawa, directora de Chiyoda Nyan to Naru Kai, una ONG situada en el distrito de Chiyoda, en Tokio, que en 100 metros cuadrados acoge 49 gatos rescatados en la calle o abandonados.
“Mientras las ganancias de Nekonomics benefician a quienes comercian con la imagen de los gatos, organizaciones de rescate como la nuestra dependen de donaciones y subvenciones públicas que casi nunca son suficientes”, explica la responsable del refugio. El céntrico distrito de Chiyoda alberga el Palacio Imperial de Japón y, a pesar de ser la sede de grandes corporaciones y bullir de gente durante el día, es el menos poblado de Tokio, con menos de 70.000 residentes. En 2011 fue el primer distrito en Japón en haber reducido a cero el sacrificio de los gatos callejeros o abandonados, el procedimiento más común para controlar la superpoblación de esos animales hasta finales del siglo pasado. Para la gestión actual de gatos callejeros la administración de Chiyoda recurre al método TNR (siglas inglesas para Trap, Neuter, Return), equivalente al CER (captura, esterilización, retorno) usado en España.
Gran longevidad
El distrito de Chiyoda paga también unos 150.000 yenes (unos 810 euros) para el examen veterinario obligatorio de los felinos cuyo amo ha fallecido y deben ser llevados a convivir con otros animales en un refugio. Al igual que la población humana nipona, considerada una de las más longevas del mundo, los gatos japoneses domésticos viven más años y entre los que se quedan sin amo muchos padecen enfermedades crónicas que encarecen su cuidado.
“El gasto en atención veterinaria por gato asciende a unos 200.000 yenes (1.010 euros) y a menudo tenemos que financiarlo nosotras”, añade Furukawa. Explica que los gatos callejeros han dejado de ser el problema más acuciante. “Ahora el problema es el aumento de gatos que son dejados por personas mayores que ingresan a un hogar de la tercera edad o fallecen”, añade. Su ONG también organiza jornadas de adopción que tienen éxito relativo debido a la preferencia por los gatitos. Cuenta que los vecinos más influyentes del barrio, la familia del emperador Naruhito y la emperatriz Masako, han aceptado en palacio gatos callejeros rescatados por su ONG en dos ocasiones.
“Que figuras públicas adopten gatos mestizos de refugio en lugar de comprarlos en tiendas, contribuye a normalizar la adopción de los animales rescatados”, concluye Furukawa.
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