Las promesas de la IA alimentan la caldera de las Bolsas
La renta variable era la principal apuesta de los inversores para el nuevo año, algo que, por otra parte, es una tradición de fin de año tan arraigada como las 12 uvas. Pero si un inversor estándar hubiera sabido el 30 de diciembre de 2025 que en cuatro de los seis primeros meses del año el estrecho de Ormuz estaría cerrado a cal y canto, pocos habrían mantenido la apuesta por la renta variable. Aun así, habría sido la opción acertada. El Ibex cierra la primera mitad del año en máximos históricos, roto por fin el maleficio de 2007, pasando por encima de una crisis energética de primer orden que, por motivos diversos, no se ha traducido en un choque económico proporcional. La resiliencia de las economías (la inflación ha subido, pero no a los ritmos de 2022) ha permitido a los mercados financieros mantener inalterado el apetito por el riesgo. En realidad, este semestre se han juntado amplia liquidez, las ganas de comprar, unos resultados empresariales que carburan a toda máquina y unos tipos de interés que no suben demasiado.
Seguir leyendo
