Otro primer ministro para un Reino Unido que no sale del bucle pos-Brexit | Opinión
La dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, tras solo dos años en el cargo, confirma que el Reino Unido está en una crisis autodestructiva que dura ya diez años, con siete primeros ministros distintos. El periodo coincide con la fecha en la que el país decidió marcharse de la Unión Europea, mediante un referéndum ganado por casi cuatro puntos de diferencia.
La salida se consumó el 31 de enero de 2020, y desde entonces los británicos han comprobado que fuera del bloque hace bastante frío, y que en todo caso los problemas que sufren su economía y su política siguen siendo más o menos los mismos que antes, y no muy distintos a los que padecen sus conciudadanos del continente. Ir por libre, además, no ha congraciado particularmente al país con Estados Unidos, como esperaban los defensores del Brexit. Este no es culpable de todos los problemas británicos, ni mucho menos, pero parece evidente que algo ha tenido que ver.
Starmer había optado por un camino de acercamiento a Bruselas, con estrategias comunes, en particular en defensa, en la que había tomado la iniciativa en colaboración con Alemania y Francia, en espacial, y sobre todo en relación con la guerra de Ucrania. El probable siguiente inquilino del número 10 de Downing Street, Andy Burnham, tiene un discurso parecido respecto a la UE, por lo que es de esperar que la línea amistosa se mantenga, al menos en ámbitos como el militar, ya mencionado, pero quién sabe si también en busca de su reintegración en el mercado único.
La estabilidad del Gobierno británico está, además, relativamente garantizada, puesto que el Partido Laborista cuenta con una amplia mayoría en el Parlamento; aunque conviene no olvidar que los legisladores del Reino Unido no deben cumplir con la disciplina de voto típica.
Los mercados de deuda no reaccionaron ayer a la dimisión de Starmer, que probablemente ya daban por descontada desde hacía meses. Desde la crisis provocada por Liz Truss, que en su breve mandato descarriló las perspectivas económicas del país y asustó a los tenedores de bonos, el país ha mantenido un plan más coherente, aunque siempre con cierta tensión por la vigilancia de los inversores. Con todo, Starmer no ha sabido convencer a los electores ni a sus compañeros de partido, ni evitar que Reform UK se dispare en las encuestas. Es de prever que Burnham sostenga en líneas generales el programa del primer ministro saliente, pero si quiere sobrevivir en el cargo, deberá mostrar un liderazgo más firme y explicar mejor sus medidas para afrontar los complejos retos que tiene su país por delante.
