El subidón de las temperaturas golpea a los empleados más expuestos al calor: “Trabajas a costa de tu cuerpo”
Antes de trabajar en un colegio de educación especial, Nuria Mateos fue teleoperadora. “En esa oficina sí había aire acondicionado, a veces tan fuerte que tenías que ponerte una chaqueta. Ahora, en clases con chavales con necesidades especiales, estoy con un ventilador que lo único que hace es mover aire caliente. Trabajas a costa de tu cuerpo, el calor te aturulla la cabeza”, explica esta docente de 43 años de Alcalá de Henares (Madrid). Muy cerca, en un instituto de Torrejón de Ardoz, es profesor de Economía Eduardo Serna, de 38 años: “Trabajé como periodista y nunca estuve en una redacción sin aire acondicionado. Es bastante alucinante. Al final de la mañana se hace muy difícil”.
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