América Latina y el Caribe, Europa y la OCDE: una alianza con beneficios mutuos | Economía
América Latina y el Caribe tiene lo que el mundo necesita, y es momento de convertir ese potencial en crecimiento sostenido, productividad y mejores oportunidades para sus ciudadanos. Ese es el claro mensaje que nos deja el Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe, celebrado esta semana en París por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).
El Foro tuvo además un significado especial: marcó los 10 años del Programa Regional de la OCDE para América Latina y el Caribe, una iniciativa clave para profundizar la relación entre la organización y la región. Durante una década, este programa ha ayudado a construir una agenda compartida de reformas y aprendizajes en productividad, gobernanza, competencia, capital humano, inversión, digitalización, sostenibilidad e inclusión.
Hoy, esa agenda es más relevante que nunca. Europa busca socios confiables, diversificar las cadenas de suministro, más seguridad energética y alimentaria y mejor acceso a minerales críticos. América Latina y el Caribe cuenta con energía, biodiversidad, talento, cercanía a grandes mercados y abundantes reservas de cobre, litio y tierras raras. Sus exportaciones de servicios digitales se acercan ya a los 90.000 millones de dólares anuales, reflejo de una capacidad creciente en sectores basados en conocimiento. A ello se suma un nuevo impulso en la relación comercial birregional, con avances como el acuerdo entre la UE y Mercosur y la modernización del acuerdo entre la UE y México. En un mundo más fragmentado, estos activos pueden convertir a América Latina y el Caribe en un socio ideal para Europa y un actor más influyente en la economía global.
Pero el potencial no se transforma automáticamente en desarrollo. Durante la última década, América Latina y el Caribe ha crecido alrededor del 2% anual, por debajo de otras regiones emergentes y del umbral necesario para generar el bienestar que sus ciudadanos esperan. Hoy, la productividad laboral se ubica en torno a un tercio de los niveles de la OCDE, y más de la mitad de los trabajadores sigue en la informalidad.
La región ha alcanzado mayor estabilidad macroeconómica y ha demostrado resiliencia en contextos desafiantes. Pero la estabilidad por sí sola no basta. El desafío es transformarla en inversión, empleos de calidad y crecimiento sostenido. Ahí es donde la relación con la OCDE adquiere una relevancia especial, como una plataforma para mejorar políticas públicas, adquirir experiencias, fortalecer instituciones y avanzar en reformas.
Los 10 años del Programa Regional muestran que esta relación ya ha producido un activo valioso: una forma estructurada de cooperación que conecta diagnósticos con prioridades de política pública y permite sostener conversaciones de largo plazo. La próxima década debe ser la de la implementación: convertir evidencia en ejecución, estándares en reformas aplicadas y prioridades compartidas en resultados medibles para los ciudadanos.
Desde el BID, vemos esta agenda de manera concreta. La OCDE aporta estándares, metodologías y mecanismos de revisión entre pares. El BID aporta presencia en los países, conocimiento operativo, financiación, asistencia técnica y una relación de largo plazo con los gobiernos. Juntos podemos ayudar a que las reformas pasen del diálogo al diseño, del diseño a la implementación y de la implementación al impacto.
Por eso, el BID ha reforzado su apoyo a los países que buscan profundizar su relación con la OCDE. Hoy acompañamos a Argentina y Perú en sus procesos de adhesión, a Paraguay en su programa país, y a Uruguay, República Dominicana y Panamá en sus esfuerzos por fortalecer su vinculación con la organización. Lo hacemos con financiación, cooperación técnica, conocimiento y diálogo de políticas, siempre con una mirada orientada a resultados.
Para Europa, esta agenda también importa. Una América Latina y el Caribe más productiva, integrada y conectada al mundo es un socio más fuerte para la seguridad alimentaria, la diversificación de cadenas de suministro, la innovación digital y energética, y la defensa de un orden internacional basado en reglas. La relación birregional se fortalece con más inversión, cooperación, estándares y proyectos concretos.
El foro en París dejó una conclusión alentadora, pero exigente. América Latina y el Caribe tiene una ventana de oportunidad real. Aprovecharla exigirá disciplina reformista, capacidad de ejecución y alianzas estratégicas. A 10 años del inicio del Programa Regional, la relación entre la OCDE y la región entra en una nueva etapa. La prioridad ya no es solo dialogar sobre buenas políticas, sino implementarlas con impacto. La OCDE puede ayudar a orientar el camino. Europa puede ser un socio clave. Y el BID está listo para acompañar la tarea más difícil: transformar buenas ideas en mejores vidas.
