La banca, pendiente del fallo europeo que puede cambiar las “reglas del juego” sobre quién paga las ciberestafas

En septiembre del año pasado, Luis Gómez (70 años) tuvo un problema en su ordenador. En la pantalla, aparecía un mensaje que alertaba de que la terminal estaba en riesgo e incorporaba un número de teléfono del servicio técnico. Tras reiniciar el equipo varias veces, Luis decidió llamar. Al otro lado, un falso técnico de Microsoft, que le sustrajo 50.000 euros y pidió un préstamo de 29.000 euros bajo la identidad de su víctima. Luis Gómez es el nombre ficticio del afectado, que prefiere guardar el anonimato: “No sé cómo pero caí como un tonto”, lamenta. Altas instituciones, autoridades policiales y de supervisión e entidades bancarias advierten de los diferentes tipos de estafa que se comenten vía telefónica y por internet, haciendo especial hincapié en que nunca se debe facilitar datos ni claves personales que permitan a los defraudadores acceder a las cuentas bancarias. La realidad es que en los últimos 10 años, las estafas informáticas crecieron un 513,4%, según el último Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior.
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