Rafa Jódar remonta a Carreño y se endurece rumbo a cuartos de Roland Garros | Tenis | Deportes

Difícil no, lo siguiente, presagiar el panorama de este Roland Garros asambleario, tan desconcertante y a la vez tan atractivo. Efectivamente, el tenis no vive solo de las figuras. Cartel y voz para todos. Cayó Jannik Sinner el jueves; al día siguiente lo hizo Novak Djokovic; el sábado se entregó la última campeona, Coco Gauff; y este domingo en el que el termómetro parisino ofrece, por fin, una tregua, la competición depara otro volantazo con la caída de la tetracampeona Iga Swiatek, vencida por Marta Kostyuk. Los secundarios continúan ganando cartel y en esas reluce como ninguno Rafael Jódar, un chico de 19 años que por primera vez pisará los cuartos de final de un gran escenario. Y no es mala esa forma de presentarse, levantándole dos sets a Pablo Carreño: 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2, en 3h 41m. Se enfrentará a Alexander Zverev (7-6(3), 6-4 y 6-1 Jesper de Jong).
Continúa Jódar esta segunda aventura en un major con el sudor del jornalero y ese creer tan característico del tenista español. Los habrá mejores o más virtuosos, pero en el terreno de la convicción, pocos como esa inagotable factoría de jugadores que nunca se acaba —parece dar igual edad y generación— y que no se rinde ni a tiros. Bien lo sabe Carreño, quien a sus 34 años sigue intentándolo, perfecto símbolo de la cabezonería, y parece seguir la ruta histórica también Jódar, otro tenista al que hay que rematarlo varias veces. Batió a James Duckworth en cuatro sets; a Alex Michelsen en cinco; y ahora repite contra el gijonés, que disponía de un 2-0 de ventaja y termina inclinándose ante la evidencia: el madrileño empuja demasiado fuerte. En enero experimentó el desgaste Rai Sakamoto en Melbourne.
“No quería precipitarme, sabía que era importante el aspecto mental y no cometer muchos errores. A partir del segundo set ha funcionado muy bien”, concede a los presentes desde el centro de la Suzanne Lenglen, la segunda pista en importancia del recinto. Dentro de dos días probará por primera vez la central, y lo hará ya como el número 22º del mundo. Comparecerá Jódar cargado de argumentos, teniendo en cuenta cómo le rebatió a Jannik Sinner en la Caja Mágica (de tú a tú) y cuál ha sido su rendimiento durante toda la primavera: linealidad, en progresión, descubriendo nuevos planos competitivos y reafirmándose. Con un margen de evolución todavía muy generoso, el español saca pecho y sigue abriéndose paso en este torneo absolutamente imprevisible. Giros para dar y regalar.
Antes, el comienzo de Jódar es bueno, pero engañoso porque en realidad Carreño deja escapar varias opciones de hacerle daño —cerrará el primer parcial con un 9/11 en la rotura— y porque extrañamente, Jódar contemporiza más de lo habitual y acaba pagándolo. Acostumbrado a dominar y a vivir por delante de la línea de fondo, el madrileño propone un par de pasos por detrás y se desplaza horizontalmente, sin encontrar ese puntillo, ese vigor ni esa mordiente que le caracterizan. Olfatea el asturiano la situación y, con el kilometraje, la sabiduría y toda la experiencia que acumula a las espaldas, se lanza a por él y toma la iniciativa. Es el mundo al revés: el hombre de las trincheras en busca de oro y el joven explorador resguardado en la cueva, sin el látigo.
Raro el torneo, y más bien insospechado ese guion, que se prolongará en forma de una sucesión de nueve juegos que plantean un desnivel que irá enmendando luego el de Leganés al recuperar su esencia; esto es, un par de metros adelante y, ahora sí, colmillos activados. Es sí es Jódar. De la misma forma que no se entiende a uno sin ese oficio ni esa alma guerrillera, sin ese sobrevivir que abrió puertas casi inverosímiles, tampoco se concibe el tenis del otro a partir de la espera. Mandar, su bandera. Y se pone a ello, aprovechando además que al de Gijón le tocan a la puerta: toc-toc, aquí el hombro. Al parecer, nada preocupante, pero sí molestias. Dos sets arriba él, pero en mala hora, claro. Le atienden y el fisio masajea la zona, pero ese Carreño no es el de antes.
A partir de ahí, cae en una grieta de la que le cuesta escapar, coincidiendo con el repunte de ese joven que golpea otra vez con hambre, decidido, profundísimo y valiente, transformando las debilidades de antes —el revés que tantos réditos le aporta no terminaba de carburar— en un compendio de virtudes. Su raqueta escupe pelotazos bajo el dictado del metrónomo, tic-tac, de un lado a otro, y aunque al veterano el paso por el vestuario le sienta bien y se endereza de nuevo, cortándose la sangría, el duelo ha cogido una dirección bien definida: o es capaz Carreño de interrumpir ese ritmo, o sencillamente está perdido. Lo sabe él, lo sabe el público y lo ha identificado a la perfección Jódar, que tuerce el gesto cuando el árbitro sugiere que va a detener el partido para techar la pista. “¿Por qué? Venga…”.
La gente se moja con el rocío pasajero y por eso de no emborronar el domingo, las nubes optan al final por contenerse. Ahora bien, se agradece el agua; atrás quedaron el bochorno y los calores. Vuelta a la normalidad. Ici C’est Paris!, entonan los hinchas del PSG en la Porte d’Auteuil, quienes convirtieron la noche del sábado en una larga secuencia de estampidas. También se ha desatado el madrileño, percutiendo ya sobre ese punto periférico desde el que se ha llevado a unos cuantos por delante; una vez instalado ahí, tan ricamente, es muy complicado detenerlo. Pocos pegan hoy de esa manera, y pocos parecen tenerlo tan claro como él. Así que cae ahora Carreño, peleón hasta el final, como siempre, pero sabiéndose ya metido en un lío del que no logrará escapar. Sigue avanzando la ola y continúa Jódar, pues.
Rafa Jódar
vs
Pablo Carreño Busta
Sets:
dentro/totales
97/146
66%
dentro/totales
90/129
69%
dentro/totales
59/129
45%
dentro/totales
52/146
35%
