Días críticos para una crisis energética que no puede ser eterna

Los mercados han dado por buenos los avances negociadores aireados esta semana por Donald Trump y confirmados por otras señales sobre el terreno, a pesar de la acumulación de experiencias frustradas. Es difícil de entender la reacción del mercado energético ante el largo bloqueo (tres meses) de una arteria petrolera sin la que, a priori, el mundo no creía poder vivir durante unas pocas semanas. La liberación de reservas, el reajuste de flujos y el descenso del consumo (sobre todo en las economías más débiles) han permitido parar el golpe, pero esta adaptación tiene fecha de caducidad. Llegado un cierto punto, las reservas no pueden cubrir la escasez de suministro y el resultado es la escasez física de petróleo, más dañina que la subida de precios.
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