¿Alemania juega y gana? La fórmula De Cos que España cocina a fuego lento para presidir el BCE | Opinión

“España tiene una posibilidad, no es fácil, pero es una posibilidad. Puede ser de un 5% o un 10%, qué se yo, pero la hay. Es una fórmula que, en gran medida, pasa por las contraindicaciones del resto”, asegura una fuente cercana al Gobierno y al corriente de las aproximaciones en curso para el relevo de Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE). Por el momento, todo discurre entre bambalinas, en cortejos de salón a media luz en reservados de restaurantes o apartes entre Fráncfort y Bruselas. “Ahora es el momento de la sutileza, de la diplomacia, se va a visibilizar muy poco de cara al exterior. Los periodistas van a saber lo justo. Se habla en reuniones bilaterales al margen de consejos europeos o en encuentros más o menos buscados en los que se sondean las intenciones de los implicados”, expone. Al menos, está claro que el reloj de la partida de ajedrez se ha puesto en marcha. Y corren los plazos.
Todo detona por los rumores, aireados desde principios de año, de que Lagarde se plantea anticipar su adiós a la presidencia del BCE para facilitar decisiones espinosas que comprometen al actual Gobierno galo. Como telón de fondo, la posibilidad de que la extrema derecha de un paso al frente en las elecciones presidenciales previstas para el primer semestre de 2027 y el presunto afán de Emmanuel Macron de dejar todo atado y bien atado en las instituciones clave de la UE, entre ellas el euro y el propio BCE. Mejor pactar con Alemania un sustituto canónico que dejar el futuro de la institución en manos de Le Pen y su proverbial euroescepticismo.
El mandato de la ex directora gerente del FMI vence en octubre de 2027. Se adelanten las fechas o no, hay otra casilla marcada en rojo en el calendario. El 31 de mayo del año próximo el irlandés Philip Lane pone fin a sus ocho años como economista jefe del banco, una figura clave tanto por las funciones que tiene asignadas como por su rol para ahormar el delicado equilibrio de poder en que se mueve la institución. Entre la distribución de responsabilidades que publica el organismo, el economista jefe no solo presenta los datos económicos y estadísticos a los órganos de decisión de la entidad, sino que diseña y facilita la propuesta oficial sobre los tipos de interés que luego tiene que debatir y aprobar el consejo de gobierno del BCE.
Para esa fecha, entre finales de 2026 y principios de 2027, debe haber consenso sobre cómo quedará el organigrama en su conjunto y toda la estructura de mando, bajo la premisa de que el comité ejecutivo lo componen seis miembros -presidente, vicepresidente y cuatro consejeros- y que una norma no escrita concede presencia en el mismo a las cuatro principales economías del continente, véase Alemania, Francia, Italia y España. Ayuda que el mismo 31 de octubre de 2027 también le toque hacer las maletas a la germana Isabel Schnabel. En liza, en el espacio de apenas un semestre, tres vacantes. Variaciones de tres elementos tomados de tres en tres. Las blancas y la apertura pertenecen a Berlín.
El caso alemán
“Todo el mundo está esperando a que mueva ficha Alemania”, asegura un alto cargo comunitario que durante años ha vivido de cerca estos procesos y ahora está al tanto de los tira y afloja que se suceden en estas semanas. Dos son las hipótesis principales sobre las que se especula para abrir juego. La valía de los candidatos, como el valor a los diestros, se supone. En primer lugar, Berlín podría ir a la grande y apostar por presidir el BCE. No lo ha hecho en sus 27 años de historia. Sin embargo, hay un obstáculo mayor, para muchos insalvable, que entorpece esa posibilidad: Alemania, en la figura de Ursula Von Der Leyen, también atesora actualmente la presidencia de la Comisión Europea. “Es impensable e inasumible para países como Francia que Alemania presida las dos instituciones y Von der Leyen, aunque se ha especulado sobre ello, no tiene plan B. Está hecha a la política europea y quienes la conocen saben que no tiene intención alguna de volver al debate nacional”, zanja esta fuente. Su mandato vence en 2029. Nada hace pensar que no vaya a cumplirlo.
Por si fuera poco, no está claro que los dos candidatos más señalados para asumir el cargo tengan el camino expedito. Para empezar y por razones jurídicas, no resulta sencillo que Schnabel pudiera ser elegida presidenta después de acabar su mandato como consejera. Desde luego y en función de la literalidad de los tratados, no podría serlo si expiran sus años en la institución. Existiría una vía, desde una promoción interna previa dimisión mientras el mandato original siga vigente. En todo caso, tampoco está claro que ese regate no pudiera derivar en un embrollo legal.
El segundo aspirante, el presidente del Bundesbank, Joachin Nagel, encara un asterisco político, en tanto miembro destacado del Partido Socialdemócrata (SPD) que convive en el país con el Gobierno del demócrata cristiano (CDU) Friedrich Merz. El agua y el aceite. Siempre podría surgir una tercera vía, pero toparía con una cuestión de fondo que juega en favor de los candidatos alternativos. “¿Le interesa a Alemania afrontar una crisis de deuda, que sitúe a los países del sur en el punto de mira, con un alemán al frente del BCE? -se pregunta la primera de las fuentes citadas-. Ellos han jugado siempre muy bien a dos barajas, con críticas larvadas al presidente del BCE para justificar sus posiciones. Si el presidente es alemán, te haces corresponsable de la política monetaria”. En este escenario, si Alemania presidiera la institución, solo es concebible un economista jefe francés. La tercera vacante del consejo es la que, en condiciones normales, debería recaer en España, sin representación alguna en el comité ejecutivo tras la salida de Luis de Guindos de la vicepresidencia en favor del croata Boris Vujcic en mayo de este año.
La segunda hipótesis pasa por recurrir a la férrea defensa holandesa o, en términos más diplomáticos, al plan Duisenberg. Corría el año 1998 y el neerlandés Wim Duisenberg, respetado economista con larga trayectoria en el FMI y ministro de Finanzas en su país en la década de los setenta, se convertía en el primer presidente del BCE. Lo hacía como garante de la ortodoxia monetaria y de que las esencias de las políticas del Bundesbank permeaban la incipiente Europa del euro, sumida aún en numerosas incertidumbres. El verdadero poder está detrás del trono. A los cuatro años dejó paso al francés Jean-Claude Trichet, tras un pacto de caballeros sellado con Francia. Repetir la operación se antoja complicado, pero algo se mueve. Se trata de Klaas Knot, expresidente del banco central de los Países Bajos (DNB) entre 2011 y 2025, además de cabeza visible del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) entre 2021 y 2025.
Aquí, los obstáculos a vencer son múltiples. Para empezar, ya hay un holandés, Frank Elderson, vicepresidente del consejo de Supervisión, en el comité ejecutivo del BCE. Y tiene mandato hasta diciembre de 2028. Un movimiento de esa índole implicaría una reorganización a gran escala para adaptar la representación dentro del órgano de decisión al peso de los países, un movimiento que fuentes financieras en España con nexos en Fráncfort consideran improcedente. “No hay necesidad de abrir el frente de otro nombramiento·, aseguran. Pero además, y más relevante, el marcado perfil de halcón de Knot escenificado sin ambages como jefe del DNB, y las tensiones generadas con los países del sur por su inflexible defensa del control de precios por encima del impulso económico, le señalan como una figura muy agresiva para los intereses de socios como España, Italia, Grecia y Portugal. Todos dependen de unos costes de financiación atenuados por su elevada deuda pública. Por definición y por razones de contrapeso en la dialéctica del eje franco-alemán, Francia estaría más cerca de ese lado de la ecuación.
El plan B español
Sobre el eventual fracaso de las pretensiones alemanas, irrumpirían otras alternativas, entre ellas la opción española, también bajo la convicción de que Francia e Italia ya han tenido sobrada representación histórica al frente de la institución, como vendrían a demostrar figuras como Trichet, Lagarde o el propio Mario Draghi. Fuentes próximas al Gobierno español aseguran que el apoyo a la candidatura de Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), es total. Incluso refieren la sintonía del banquero con el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo. En esta línea, atribuyen al fuego amigo y a la falta de altura política las especulaciones sobre el interés del Ejecutivo en promover otras candidaturas, supuestamente más afines en lo personal y en lo ideológico. Un ruido fomentado por el momento muy incipiente en las negociaciones, en las que el Ejecutivo no puede desvelar ni dar pistas sobre sus intenciones.
“Nadie es muy explícito y nadie lo va a ser hasta dilucidar cuáles son sus opciones reales”, exponen estas fuentes. Está por ver. De momento, el Ejecutivo se limita a deslizar oficialmente que De Cos es un candidato excepcional, pero no da más pistas sobre sus planes. Pedro Sánchez, en la piel de Nadia Calviño, tiene amplia experiencia en perder en el último minuto altos puestos de responsabilidad en el ámbito financiero de la UE. El envite no es fácil. España, en estas partidas decisivas, juega a menudo con negras. De vez en cuando y en buenas manos, las negras también ganan. Toca tener paciencia, hacer el trabajo sucio y esperar el momento oportuno. También, por qué no, cruzar los dedos.
