Las empresas de EE UU en España se movilizan: hay que desligar la relación económica de la diplomática | Opinión

Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España (AmChamSpain), recurre a menudo a una imagen muy gráfica para glosar el peso del conglomerado institucional al que pertenece. Recuerda que la US Chamber of Commerce, la entidad que aglutina la red de cámaras, tiene su sede en los aledaños de Lafayette Square, en el corazón de Washington, y que desde sus dependencias se tiene una vista privilegiada de la Casa Blanca. Una vecindad física que escenifica bien la forja de un establishment.
De hecho, se trata de la primera organización empresarial de Estados Unidos, con más de tres millones de empresas asociadas. En su núcleo duro en España, los nombres son ilustres, con Miguel Álava (Amazon Web Service), Joaquín Arenas (Bank of America), Alejandro Beltrán (Mckinsey), César Cernuda (NetApp), Helena Herrero (HP) y Juan Santamaría (ACS) como vicepresidentes y representantes en el consejo de Walt Disney, Blackstone, Meta, Damm, Coca-Cola, IBM, Google, Santander o Citigroup, entre otras corporaciones.
Con este bagaje, la organización hacía público esta semana un informe que ha pasado más inadvertido de lo que debiera. Denominado The Bridge Report, el documento pretende ser una exhaustiva radiografía de las relaciones económicas entre los dos países, con más de 213.000 millones de capital cruzado. Sin embargo, más allá del loable afán enciclopédico del informe, las recomendaciones que proporcionan tan insignes grupos empresariales no pueden ser más jugosas. Concluye la Cámara que la principal vulnerabilidad de la relación económica “no es de naturaleza comercial, sino institucional”, al punto que detecta que “los mecanismos de consulta existentes no siempre permiten gestionar las tensiones antes de que se conviertan en conflictos”.
La receta frente a ese bloqueo es contundente: gestionar de forma independiente las agendas comerciales, diplomática y de seguridad. “Estos pilares funcionan mejor cuando operan con autonomía: la alianza de seguridad requiere compromisos a largo plazo y predictibilidad; las relaciones diplomáticas necesitan estabilidad institucional; los intercambios económicos necesitan un marco estable que no fluctúe al ritmo de la agenda geopolítica”. Malet no promueve este análisis ahora de forma casual. Es presidente de la Cámara desde 2022. Lamenta un debate que no distingue entre “socios y adversarios”. Hay muchos proyectos e inversiones en juego.
