En la cabeza de Ángel Simón: por qué la compra de Escribano está viva, pero no es inevitable

En las grandes novelas de misterio, los mejores detectives desconfían cuando un reguero de pistas poco disimuladas señala sin ningún género de duda a un sospechoso. Esta semana, los Escribano se deshacían del 14,3% que atesoraban en Indra. Lo hacían apenas semanas después de que Ángel, el mayor de los hermanos, abandonara la presidencia de la compañía de defensa y tecnología. Su salida era la condición que en su momento impuso el Gobierno, como mayor accionista de la empresa a través de la pública Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPi), para continuar el proceso de compra de la firma familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Detectaba el Ejecutivo un conflicto de interés. Ergo, sin Ángel como presidente y con la familia fuera del capital, sobre el papel nada impide continuar con una transacción considerada por todos como estratégica. La resolución perfecta del caso si no fuera porque, mientras los implicados desenredaban tan enmarañada madeja, el foco cambió. Y otros móviles empezaron a tomar fuerza y quién sabe si a tener más sentido.
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