La cumbre Trump-Xi presagia más riesgos que alivio | Opinión

El mensaje de Donald Trump a China es claro: no piensa renunciar a lo que quiere. En concreto, el presidente de Estados Unidos no está dispuesto a perder la oportunidad de posar junto a su homólogo chino, Xi Jinping, durante la visita de Estado prevista para la próxima semana en Pekín. Sin embargo, el balance de su última estancia no invita al optimismo sobre la posibilidad de lograr avances de calado en esta ocasión, y los acontecimientos más recientes apuntan a que los riesgos de un mal desenlace, por reducidos que sean, superan con creces cualquier beneficio que ambas partes puedan obtener de las negociaciones.
No hay aún un resumen completo de lo que los dos líderes abordarán los días 14 y 15 de mayo, pero es probable que el déficit comercial de más de 200.000 millones de dólares de Estados Unidos con China encabece la agenda, incluso después de haber caído casi un tercio el año pasado. El secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, afirmó el lunes que Irán también estaría sobre la mesa. Pekín, por su parte, hace bien en presentarse como un anfitrión conciliador tras la desastrosa escalada de represalias del año pasado, que elevó brevemente los aranceles a niveles de tres dígitos y amenazó con incendiar prácticamente todo el comercio bilateral. Ambos bandos atraviesan ahora una tregua incómoda, después de que China asumiera que necesita los semiconductores estadounidenses y de que Estados Unidos descubriera que no puede prescindir de las tierras raras chinas.
Eso podría haber proporcionado en algún momento los cimientos para un acuerdo que consolidara tratados provisionales sobre todo lo anterior como la base sólida de una relación menos hostil, incluso funcional. Pero ambas partes saben que no es así, ya que, apenas unos meses después de decirle a Xi que iban a “hacer cosas extraordinarias tanto para China como para Estados Unidos”, en su rueda de prensa conjunta de 2017, Trump desató una guerra comercial que ha continuado intermitente hasta hoy y ha redefinido la relación sinoestadounidense.
Así pues, las principales ventajas de la próxima reunión podrían limitarse a que Trump consiga su foto en la prensa, para lo cual el líder estadounidense aparentemente se siente obligado a volar primero a China, en lugar de al revés, como ocurrió durante su primer mandato. Pero Pekín debería tener cuidado de no subestimar la amenaza de nuevos aranceles simplemente porque el Tribunal Supremo de EE UU anuló en febrero los aranceles generales sobre los productos chinos. Desde entonces, la Casa Blanca ha puesto en marcha una serie de investigaciones de seguridad nacional que deberían de permitirle improvisar nuevos aranceles según sea necesario para reemplazar un arancel global temporal del 10% que vence en julio.
Pero los altos cargos de China también han estado muy activos, como demuestran las nuevas regulaciones que refuerzan su poder de negociación para castigar a las empresas extranjeras que trasladen sus cadenas de suministro a otros países. Además, el sábado, el Ministerio de Comercio anunció su primera orden judicial, en virtud de la normativa de 2021, para bloquear las recientes sanciones estadounidenses contra refinerías chinas acusadas de comprar petróleo iraní.
Un comentario publicado en línea por el Diario del Pueblo, el periódico oficial del Partido Comunista, describió la orden judicial como un “un paso decisivo en la aplicación efectiva del arsenal jurídico de nuestro país en el ámbito internacional”. Este desprecio sin precedentes se produjo días después de que el Tesoro de EE UU añadiera a su lista de sanciones a Hengli Petrochemical, una de las mayores refinerías privadas de China, muy posiblemente para obtener otra baza antes de las negociaciones .
El resultado es que las sanciones a las instituciones financieras chinas que hacen negocios con dichas refinerías bajo los auspicios de Pekín no solo forman ahora parte del debate, sino que podrían incluso figurar entre los peores resultados posibles de la reunión de la próxima semana. Esto dista mucho del escenario más probable, sobre todo teniendo en cuenta el deseo de Trump de dar una imagen positiva. Pero el mero hecho de que haya que tenerlo en cuenta es una señal de lo grave que es la situación, y de lo grave que podría llegar a ser. Sonrían a la cámara.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Almudena Barragán, es responsabilidad de CincoDías
