El PSG, rey del ataque, defiende como nadie y se clasifica para la final de la Champions

Las dos aficiones despidieron a sus jugadores como a héroes. Puesta en pie de principio a fin, la hinchada de Baviera saludó a su equipo eliminado con la gratitud debida a unos deportistas que trascendieron los deberes contractuales para inscribir un recuerdo difícil de olvidar, un mosaico estrepitoso de coraje, belleza y generosidad, tejido a medias con sus adversarios de París. A los vencedores los jalearon 4.000 excursionistas cantores, atentos a Luis Enrique que vestido de negro riguroso agitaba los puños en el paroxismo de la felicidad, y se abrazaba con Dembélé, con Marquinhos, con Pacho, líderes del mejor ataque del mundo en París y caciques de la mejor defensa que existe en el desenlace de Múnich. Juntos disputarán su segunda final de Champions consecutiva el próximo 30 de mayo en Budapest. Ahí los espera el Arsenal de Mikel Arteta.
