Bruselas reforma las reglas de fusiones para impulsar la creación de “campeones europeos” | Economía
La Comisión Europea ya ha hecho públicos sus planes para reformar los criterios que seguirá en el futuro a la hora de analizar las fusiones empresariales. El objetivo final es “impulsar la competitividad de la UE” frente a China y Estados Unidos. Esto pasa por grandes cantidades de inversión pública y, sobre todo, privada. Por eso, Bruselas ha puesto sobre la mesa unos criterios que darán más protagonismo a “la innovación y la inversión como parte de un enfoque más dinámico de la evaluación de las concentraciones” empresariales. Para decidir si se da vía libre o no a una fusión, también tendrá en cuenta si las cadenas de valor resultantes de estas operaciones corporativas se refuerzan o se debilitan, así como la resiliencia financiera o medioambiental de la firma resultante.
Explica Bruselas que también se van a “actualizar y refinar” las evaluaciones de las fusiones para ver su impacto en los precios. No obstante, es evidente que al ganar peso esos otros factores (inversión, cadenas de valor, resiliencia), el precio, un factor de gran protagonismo hasta ahora, pesará algo menos de lo que lo hace ahora. El objetivo es favorecer más ese tipo de operaciones.
“Europa necesita empresas audaces e innovadoras que puedan competir a escala mundial. Debemos crear el entorno adecuado para los próximos campeones europeos”, ha apuntado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en un comunicado en el que el Ejecutivo de la UE anuncia que abre a consulta pública su borrador de criterios para el análisis de las fusiones y adquisiciones. El objetivo es que empresas, organizaciones patronales, asociaciones de consumidores y otras instituciones de la sociedad civil hagan su observaciones.
Más matizadas son las declaraciones de la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, máxima responsable de Competencia y, por tanto, de la reforma de estas normas: “Estas directrices ofrecen un marco más dinámico para evaluar cómo las concentraciones afectan a la innovación, la inversión, la resiliencia y la capacidad de las empresas europeas para competir a escala mundial”. La española añade además que los cambios siguen “protegiendo unos mercados fuertes y competitivos” y no facilitarán “una acumulación de poder que pueda dar lugar a abusos”.
En línea con este último punto que subraya Ribera, las nuevas normas pondrán especial atención en el análisis de las compras de empresas pequeñas innovadoras por otras más grandes del mismo sector cuyo fin último es, en realidad, “matar la competencia”. Estas operaciones se denominan en los mercados con el anglicismo killer adquisitions (compras asesinas) y, en realidad, van contra el objetivo que dice la Comisión que persigue, puesto que no buscan tanto adquirir un nuevo producto o una nueva tecnología como frenarla para que no haya más competencia. En el fondo, estos movimientos corporativos frenan la inversión y el avance.
El cambio de los criterios con los que el poderoso departamento de Competencia de la UE analiza los movimientos corporativos era una demanda antigua en bastantes sectores y países. Probablemente, el sector más activo en pos de esta demanda ha sido el de las telecomunicaciones. También ha habido Estados miembros que lo han reclamado reiteradamente: Francia y Alemania, por ejemplo, lo llevan tiempo pidiendo después de que la Comisión bloqueara la fusión de Siemens y Alstom en el segmento de construcción y fabricación de trenes y locomotoras.
A este debate se sumaron los dos ex primeros ministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi en sendos informes que elaboraron en 2024, a petición de las instituciones comunitarias, sobre cómo profundizar en el mercado único y relanzar la competitividad de la economía europea. Draghi, especialmente, destacaba que hay varios sectores críticos en la actualidad para no quedarse atrás (computación cuántica, inteligencia artificial, energías renovables, vehículos eléctricos, baterías, defensa…) en los que son necesarias inversiones ingentes que no están al alcance de empresas medianas e, incluso, de algunas de las grandes.
En estos sectores, venía a decir Draghi, en realidad la competencia no es europea sino mundial. Por tanto, si no se tienen en cuenta esta realidad y las obligaciones de inversión, Europa y sus empresas corren el riesgo de perder todas las carreras y desaparecer.
Desde los sectores más cercanos al departamento de Competencia en la Comisión Europea se asume esta realidad, pero también se subraya que todos los sectores no son iguales. Y, en defensa de su tarea en las últimas dos décadas, se recuerda que hay actividades en las que los mercados no son mundiales, ni siquiera europeos, sino que todavía son nacionales. En estos casos, relajar las normas podría suponer, subrayan, la creación de oligopolios que fueran detrimento de los consumidores, que se verían obligados a pagar precios más altos.
“Europa no conseguirá crear empresas competitivas a escala mundial simplemente cambiando la forma en que examina las operaciones corporativas. Si las empresas europeas tienen a veces dificultades para igualar la envergadura de sus rivales en el extranjero, suele ser porque tienen que expandirse a través de 27 mercados parcialmente conectados, en lugar de un mercado verdaderamente unificado”, ha escrito este mismo jueves Ribera en The Economist.
En su artículo en la publicación británica, la española retoma una idea que ya ha repetido en otras ocasiones. La falta de inversión no se resuelve solo creando empresas grandes, también es necesario avanzar en la unión del mercado de capitales: “El capital sigue estando fragmentado. El ahorro es abundante, pero con demasiada frecuencia no logra impulsar la inversión productiva dentro de Europa.”. A continuación apunta a dos sectores en los que la UE no es, realmente, un mercado único: “Las telecomunicaciones siguen divididas según las fronteras nacionales. Los sistemas energéticos están demasiado desconectados. Ninguna directriz sobre fusiones puede sustituir toda la integración que falta”.
