Solo seis de cada diez hogares son dueños de su vivienda, según un estudio de Consumo | Vivienda | Economía
Convertirse en propietario de una vivienda ha pasado a ser hoy un sueño inalcanzable para una parte significativa de la sociedad. No era así hace tanto. De hecho, la todavía legítima aspiración de muchos ciudadanos de comprarse una casa emana de una tradición propietaria que ha distinguido a la sociedad española de la de otros países del entorno, más propensas al alquiler. Los datos sirven para detallar con precisión esta aspiración ahora insatisfecha: entre 2008 y 2022, 14 años, los hogares que residen en una vivienda de su propiedad han caído más de diez puntos, hasta representar el 63,9% del total; lo que ha provocado, a su vez, que aquellos atados a un alquiler se hayan elevado hasta el 19,2% en este tiempo. Sin embargo, esta deslocalización de la propiedad no ha afectado a los propietarios que poseen también viviendas que alquilan a otros: han pasado de representar el 3,4% al 9,8% del total.
Esta radiografía de la situación actual de la concentración inmobiliaria en España ha sido abordada por el Ministerio de Consumo en un estudio que se basa en la explotación de datos de la Dirección General de Catastro y de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España. “Los datos muestran que, desde la crisis de 2008, el modelo de sociedad de propietarios en el que la mayoría de la población podía acceder a la vivienda en propiedad y que durante décadas caracterizó a la sociedad española se encuentra en un claro proceso de deterioro”, indica el informe.
Los datos más recientes del Banco de España, relativos a 2024, sitúan, sin embargo, por encima del 70% los hogares que tienen su vivienda en propiedad. En la tendencia decreciente de este fenómeno sí que coincide ese estudio con el de Consumo.
La reducción del número de personas que no pueden comprarse una casa que se inicio durante la crisis financiera, junto con una concentración de la propiedad en cada vez menos manos, ha dado como resultado “un sistema residencial más desigual, en el que tener trabajo y salario ya no garantiza el acceso a la propiedad”, concluye el texto. Para sostener esta conclusión, se apoya en los datos de los últimos 14 años, que muestran cómo los hogares propietarios han descendido del 79% al 63,9%, 15 puntos porcentuales. En ese mismo periodo, los hogares que viven de alquiler han aumentado del 11,9% al 19,2%, casi ocho. Paralelamente, los hogares de caseros han pasado de representar el 3,4% al 9,8% del total.

“Estos datos no revelan una simple fluctuación coyuntural, sino un cambio estructural en el modelo residencial español”, abunda el texto. “La vivienda deja de ser exclusivamente un bien destinado a satisfacer una necesidad básica (residir) para convertirse progresivamente en un activo de inversión y acumulación”, añade.
Multipropiedad dominante
La acumulación de viviendas por parte del conjunto de los propietarios también ha variado. Con el paso del tiempo ha aumentado el número de aquellos que cuentan con más de una: en 2008, la mayoría de los propietarios tenía un solo inmueble (53,9%), al tiempo que el 46,1 % poseía dos o más. En 2025, en cambio, la relación se ha invertido: los propietarios con un único inmueble representan el 48,3%, frente al 51,7%, que tienen dos o más. “Por primera vez, la multipropiedad es la pauta dominante dentro de la estructura de propietarios en España”, incide el documento.
Esta tendencia acaparadora se ha agudizado aún más en este tiempo entre los grandes tenedores. Los que tienen entre seis y diez inmuebles pasaron de controlar algo más de 827.000 bienes a más de 2,3 millones, señala el texto. Por su parte, quienes poseen más de diez inmuebles cuadruplicaron su patrimonio inmobiliario, pasando de 138.000 a casi 626.000 inmuebles construidos. “Estos datos no muestran únicamente un aumento de los multipropietarios, sino un proceso de creciente dualización social”, incide.
Con todas estas instantáneas, el estudio advierte de un “fuerte proceso de polarización” al que ha sido sometido el mercado en poco más de una década, en la que los hogares sin ninguna propiedad han aumentado un 63%, mientras que los hogares con dos o más propiedades han crecido un 54%. En cambio, los hogares con una sola propiedad se han reducido un 22%. “El centro social tradicional se encoge y los extremos avanzan: más exclusión patrimonial por un lado y más acumulación por otro”, apunta. Un fenómeno que, de mantenerse en el tiempo en la misma medida de ahora en adelante, provocará que la vivienda deje de funcionar “como un mecanismo de seguridad, de integración social y de acceso al bienestar para convertirse, cada vez más, en una fuente de desigualdad persistente”.
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