La imprevisible carrera de la IA | Negocios
Desde finales de 2022, con la irrupción de ChatGPT, emprendimos un camino que año tras año no deja de sorprender. Pasamos de un escepticismo inicial hacia esta tecnología a presenciar cómo una empresa históricamente dedicada a fabricar tarjetas gráficas para videojuegos se transformaba en la compañía más valiosa del mundo.
Hoy seguimos inmersos en esta carrera, a distintos ritmos según el segmento de la cadena de valor de la inteligencia artificial.
Los dos primeros eslabones de la cadena, maquinaria y fabricación de chips, siguen siendo inexpugnables. En las últimas semanas se han publicado los resultados de ASML —el gigante holandés de la maquinaria de litografía— y de TSMC —el mayor fabricante mundial de chips avanzados—. Ambos han presentado cifras sólidas, con un crecimiento de beneficios del +17% y del +58% respectivamente y sin competencia seria a la vista.
En el siguiente eslabón, el diseño de chips, Nvidia mantiene un dominio claro, aunque comienzan a proliferar iniciativas destinadas a erosionar el foso competitivo. Los TPU de Alphabet, los desarrollos propios de Amazon o la apuesta de AMD, son ejemplos recientes.
En cuanto al montaje y desarrollo de centros de datos, los hiperescaladores han sido contundentes: la victoria en el mundo de la IA pasa por aumentar la capacidad computacional. Se espera que estos actores inviertan más de 700.000 millones de dólares en 2026 en nuevos centros de datos.
Finalmente, en el ámbito de los modelos de IA comerciales, la competencia es aún más intensa. El caso de Mythos, el nuevo modelo de Anthropic, cuyo lanzamiento fue detenido por su elevado potencial disruptivo en materia de ciberseguridad, ilustra un entorno en el que la mejora se acelera año tras año y no siempre procede del mismo actor.
Este escenario deja una conclusión clara: la inteligencia artificial seguirá dominando el sector tecnológico. Sin embargo, las oportunidades no se limitan exclusivamente a las empresas puramente tecnológicas. La construcción de centros de datos está actuando como un catalizador para otros sectores vinculados al despliegue de estas infraestructuras, especialmente los relacionados con la energía, las instalaciones eléctricas y las conexiones telemáticas.
De hecho, este fenómeno ya es visible en nuestro país, donde el desarrollo de centros de datos en Aragón está impulsando de forma significativa a empresas locales de instalaciones eléctricas y servicios asociados. Entre otros actores, Amazon y Microsoft prevén invertir hasta 80.000 millones de euros en la región al menos hasta 2030.
Con menos de cuatro años de vida, muchas de las tesis apocalípticas en torno a la inteligencia artificial han quedado atrás. Ya no se percibe como una moda pasajera; tampoco parece existir un exceso de oferta —más bien al contrario, con cerca del 90% de la capacidad computacional en construcción en Estados Unidos ya asignada a un uso—.
En ausencia de cifras que apunten a un cambio de tendencia, la destrucción creativa continúa. Y la desconfianza persistente hacia el sector tecnológico en este proceso ha demostrado, hasta ahora, ser un error con un coste elevado.
