El largo camino para restablecer el suministro energético tras la reapertura de Ormuz | Economía

El precio del petróleo está en el nivel más bajo desde que comenzó el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, tras un desplome del 10% este viernes. La plena apertura del estrecho de Ormuz anunciada por Irán en el marco de la tregua acordada con Estados Unidos, y condicionada al alto el fuego de Israel en Líbano, ha deparado la noticia que se esperaba desde que se anunció la tregua entre Teherán y Washington, la semana pasada. Aunque aún no hay acuerdo de paz y Donald Trump ha anunciado que mantendrá su bloqueo, el anuncio es el primer paso en la recuperación de un shock petrolero con pocos precedentes.
El camino por delante es largo. La recuperación del suministro de gas y petróleo perdido en el último mes y medio no va a ser inmediata, pero la reapertura, de entrada, abarata con fuerza el precio de la energía. Y, sobre todo, llega en un momento en que la escasez de suministro amenaza con generalizarse y hacerse más aguda. En el mercado físico del petróleo, las refinerías están pagando unos 30 dólares más sobre el precio de los futuros del brent a más corto plazo, una prima inédita que da fe de la emergencia y la magnitud del shock energético.
Por el momento, y a la espera de que las navieras se decidan a transitar por la zona, la tarea más urgente es organizar el tráfico marítimo en ese enclave estratégico. Para volver a la normalidad, habrá que reactivar también la actividad de producción paralizada y reparar las instalaciones dañadas.
2.000 barcos atrapados en Ormuz
El estrecho que controla Irán promete convertirse en los próximos días en un verdadero cuello de botella. En la zona están bloqueados, desde el inicio del conflicto, unos 2.000 buques, según ha explicado a este diario el secretario general de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, que asegura estar trabajando con Irán y Omán —los dos países ribereños del estrecho de Ormuz— en la forma de dar salida a los barcos. “Evacuar los buques que se encuentran allí nos va a tomar unas semanas, para a partir de ahí restablecer nuevamente poco a poco el tránsito. Pero antes de la evacuación, hay que asegurarse de que no hay peligro de minas“, aseguraba Domínguez este jueves. La OMI no tiene constancia oficial de su existencia pero es un evidente foco de preocupación para las navieras.
La patronal de los armadores noruegos, una de las más poderosas del mundo, ha reconocido que hay numerosas incertidumbres aún, incluido el minado. “La limpieza de minas es un proceso extremadamente lento. Según fuentes navales, incluso en circunstancias pacíficas y cooperativas, abrir un canal con escolta podría llevar de 3 a 4 semanas, y una restauración comercial completa, entre 8 y 12 semanas”, señala Jorge Molinero, analista de Vortexa.
Los buques que han atravesado Ormuz en las últimas semanas lo han hecho por un paso diferente habilitado por Irán, más próximo a su costa. Las navieras deberán ahora tomar la decisión de si confían en que sea lo bastante seguro atravesar Ormuz durante estos días de tregua por esa vía, que no es el paso marítimo seguro reconocido por la OMI. La compañía alemana de transporte marítimo Hapag-Lloyd, uno de los gigantes del sector, señalaba este viernes que probablemente navegará por Ormuz próximamente, aunque reconoció que es “demasiado pronto para confirmarlo”.
Tres semanas de navegación para llegar a puerto
Las navieras son pieza esencial en la superación del shock energético por el cierre de Ormuz y solo volverán a cruzar el estrecho con plenas garantías de seguridad. Su negativa a atravesarlo, y la decisión de las aseguradoras que las cubren de dejar en suspenso las pólizas de guerra, fue previa incluso a que Irán comenzara a lanzar ataques a buques en la zona. El inicio de los bombardeos de EE UU e Israel sobre Irán el 28 de febrero bastó para que el cerrojazo se hiciera efectivo ante la negativa de los buques a navegar en zona de conflicto.
Los primeros barriles de petróleo que lleguen a puerto procedentes del golfo Pérsico serán de los barcos que sigan las directrices establecidas por Teherán y por delante quedará una travesía de alrededor de tres semanas para llegar a Europa a través del Mar Rojo y el Canal de Suez —otras dos semanas más si rodea el continente africano— y de entre tres semanas y un mes en llegar a Asia —o al menos 10 días si se trata de la India—.
Una situación crítica
La reapertura del Estrecho llega en un momento que empezaba a ser crítico para el suministro mundial de petróleo y gas. Los últimos buques que habían cruzado Ormuz antes de que estallara la guerra ya están llegando a su destino en su totalidad y no hay más barcos con nueva carga pendiente de llegar a puerto, ya que las exportaciones de los países productores del Golfo han quedado paralizadas. “Abril será mucho peor que marzo”, advirtió a principios de este mes el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol. Esta misma semana avisaba a Europa que tiene “seis semanas” de combustible para aviones.
El cierre de Ormuz supuso en marzo privar al mercado energético mundial de 10 millones de barriles de petróleo al día. Y su recuperación, incluso con el Estrecho reabierto, no se solventará de un día para otro. Superados los retos logísticos del tráfico marítimo, la mengua en el suministro durará semanas e incluso meses.
Dos semanas para reparar la mitad del daño
No se trata solo de que los barcos circulen: es preciso reactivar las instalaciones que se han visto forzadas a parar, pues los países del golfo Pérsico habían agotado su capacidad de almacenamiento y dejado de extraer crudo. La reapertura de pozos no es inmediata. “El problema no termina con que los barcos pasen por el Estrecho. Hace falta que los buques entren al Golfo para cargar, que se vacíen tanques, que se reinicien pozos y refinerías. El daño a las infraestructuras es considerable”, resume Molinero. La AIE calcula que la mitad de los yacimientos cerrados en los países productores del golfo Pérsico podrían funcionar a pleno rendimiento en dos semanas, y sería probable alcanzar el 80% en el transcurso de otro mes. La recuperación del 20% restante llevaría más tiempo. En algunos de ellos, la huella del conflicto se extenderá en el medio plazo, como es el caso de la planta catarí de gas natural Ras Laffan, que se ha visto dañada en el 17% de su capacidad y cuya reparación va a llevar un tiempo de hasta cinco años.
La baza de los 400 millones de barriles de reserva
Mientras se reestablece el suministro interrumpido por la guerra, las economías desarrolladas cuentan con el recurso de sus reservas estratégicas de petróleo y de combustible. “No hay escasez de combustible en la UE en estos momentos. Sin embargo, nos estamos preparando para una posible escasez de suministro de combustible para aviones”, aseguraban este viernes a Reuters fuentes comunitarias, que apuntaban además a una posible liberación coordinada de las reservas de combustible para aviones si fuera necesario.
La AIE ya acordó en marzo la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia, por 400 millones de barriles. La liberación de estas reservas comenzó en la última semana de marzo y se prevé que continúe durante el mes de abril y, si bien no ha contribuido apenas a suavizar el precio del crudo en las últimas semanas, salvo de forma puntual en un primer momento, ofrece un valioso colchón frente a los problemas de suministro. Justo cuando Bruselas ya ha planteado en la UE un día de teletrabajo obligatorio y abaratar el transporte público y después de que el racionamiento de energía y combustible ya sea realidad desde hace semanas en los países asiáticos, los más dependientes del suministro de Ormuz.
