España encadenará cinco años como líder del crecimiento en Europa pese a la guerra de Irán, según el FMI | Economía
España no es inmune a las bombas en Oriente Próximo. La economía española se resentirá este año por el conflicto en el golfo: crecerá menos, creará menos empleo y tendrá más inflación que si no hubiera estallado la guerra, según certifica el último informe de Previsiones Económicas Mundiales (WEO, por sus siglas en inglés) difundido este martes por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La institución multilateral proyecta un crecimiento para la economía española del 2,1% este año, una ostensible desaceleración respecto al 2,8% que creció el año pasado. El pronóstico de fondo coincide con el anticipado hace apenas tres semanas, ya con la guerra en marcha, cuando publicó el documento de diagnóstico sobre la economía española (el resumen del conocido Artículo IV), pero supone una rebaja de dos décimas respecto al cálculo difundido el pasado enero.
La previsión del fondo es más prudente que la del Gobierno de España, que el invierno pasado calculó que el PIB español avanzaría un 2,2% este año.
Para el próximo año, el fondo proyecta un crecimiento del PIB español del 1,8%, una décima más que hace tres semanas, pero una menos que en enero. Este baile de décimas apenas es significativo en el arriesgado deporte de las predicciones y en realidad es una prueba más de la elevada incertidumbre a la que está sometida la economía mundial.
Pese a la ligera corrección del FMI, España goza de buena salud. Si las cosas no empeoran en el golfo Pérsico, terminará el año como la gran economía europea que más crecerá este año y el próximo. Algo que empieza a ser una costumbre. Tras la recuperación de la pandemia, encadenará un lustro liderando el crecimiento en Europa. Entre 2023 y 2027, si se cumplen las previsiones del FMI, España liderará el crecimiento entre las grandes economías europeas, por delante de países como Alemania, Francia, Austria, Holanda o Italia.
El fondo calcula que Italia, sumida en una profunda crisis de productividad, solo crecerá un 0,5% este año y el próximo. Alemania, que no logra despertar a su sector industrial para volver a ser competitivo, solo crecerá un 0,8% este año y un 1,2% el ejercicio siguiente, según las proyecciones del Fondo. Francia solo lo hará una décima mejor este año (0,9%) y el próximo no mejorará. Holanda apenas crecerá un 1,2% este año y dos décimas más el siguiente, y Austria no logrará avanzar más de un 1% hasta 2027.

Tasa de paro en el 10%
La economía española, en definitiva, llega mejor pertrechada a esta incipiente crisis que a otras. El mercado laboral goza de buena salud. El Fondo prevé que la tasa de paro caerá al 9,8% este año, el menor nivel desde antes de la Gran Recesión de 2008. Pero el país será incapaz de bajar de ese nivel el año siguiente, según los cálculos del organismo.
Además, las cuentas públicas, que durante tantos años han dado tantos disgustos a los responsables económicos del Gobierno, están enderezadas por primera vez en casi 20 años. Y si las ayudas públicas no lo evitan, el déficit volverá a reducirse este año. El balance por cuenta corriente, que indica la capacidad de financiación del país, se mantendrá en terreno positivo durante este año y el próximo, aunque se moderará al 2,2% y al 1,8% respectivamente.
Aun así, un reciente artículo de Funcas, la fundación de las cajas de ahorro, recuerda que España no es inmune a la guerra de Irán. “Un aumento sostenido de los precios del petróleo y el gas impulsaría la inflación al alza y erosionaría el poder adquisitivo de los hogares, debilitando el consumo privado, principal motor del crecimiento actual. En tal escenario, la desaceleración económica sería más pronunciada de lo esperado, lo que demuestra la vulnerabilidad de la expansión actual ante las perturbaciones energéticas externas”, indica ese informe, firmado por Raymond Torres y María Jesús Fernández.
Recuperación tras la pandemia
La economía española ha demostrado que salió de la pandemia más fuerte que el resto, gracias al inestimable tirón del turismo, los anabolizantes en forma de fondos europeos, que han insuflado energía extra al crecimiento español, y un mix energético, con alta presencia renovable, que ha permitido al país competir con sus socios con costes de la electricidad por primera vez en décadas. A esto se le suma la buena salud del mercado de trabajo, capaz de absorber casi tres millones de nuevos afiliados desde que se aprobó la reforma laboral en enero de 2022, según las estadísticas de la Seguridad Social.
Pese a todo, la guerra exige prudencia. El fondo augura que habrá renovadas tensiones en los precios y la amenaza de una nueva crisis inflacionaria se cierne a la vuelta de la esquina si no se detienen las bombas y se recupera el tránsito por el estrecho de Ormuz.
Tras los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, el 28 de febrero, la Guardia Revolucionaria iraní decidió bloquear el paso por el estratégico paso marítimo del golfo Pérsico. Por allí transitaba antes del conflicto la quinta parte del petróleo mundial y una parte importante del gas natural que se consume en el planeta, además de derivados químicos necesarios para la industria farmacéutica, así como fertilizantes, esenciales para la producción agroalimentaria.
El cóctel es dinamita para la inflación. Los precios de la energía ya han subido en medio mundo y en el otro medio no los están midiendo bien. En España la inflación ha escalado ya hasta el 3,4% en marzo, tras subir más de un punto desde el estallido del conflicto. Es el aumento más elevado desde febrero de 2022, cuando Rusia inició la invasión de Ucrania. El Banco de España, en un reciente informe, advierte de que los precios pueden dispararse hasta el 6% en el peor escenario de la guerra. Es decir, si la contienda se alarga más allá de verano y los precios del petróleo se mantienen disparados más tiempo.
Plan de ayudas
El Gobierno de Pedro Sánchez ha tirado del manual que ha ido elaborando para afrontar las sucesivas crisis: la pandemia, la energética tras la invasión rusa de Ucrania, la arancelaria y ahora la guerra de Irán. Ha aprobado un paquete de ayudas a hogares y empresas valorado en unos 5.000 millones, que recoge ayudas directas, rebajas de impuestos de los carburantes y otras medidas sociales.
El Fondo reclama que este tipo de ayudas públicas sean quirúrgicas y temporales, pero este flotador que ha lanzado La Moncloa no se ajusta a ese primer concepto y está por ver si no se prorroga más allá de verano. El flamante vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, aseguró en una entrevista en EL PAÍS hace tres semanas que ya se están observando los efectos de la guerra sobre la economía española. “La volatilidad y la incertidumbre son enormes, sobre todo en cuanto al punto final, y esto va a ser lo que acabe condicionando el impacto”, explicó. “Ahora nos centramos en los precios porque va a ser lo primero que veamos en el dato, por ejemplo, de la inflación de marzo o de abril. Afortunadamente, en España no estamos viendo una traslación de la subida del gas a los precios de la electricidad como en otros países en Europa. Y esto es consecuencia de que estamos más preparados. El impulso a las energías renovables nos garantiza que somos menos dependientes de la volatilidad de los precios del gas a nivel internacional”, agregó el nuevo número dos del Ejecutivo.
Las previsiones, no obstante, apuntan a que el sector turístico volverá a marcar un nuevo récord este año, a pesar de los precios más caros. Y el empleo, de momento, no pierde fuelle. El mercado laboral creó 211.510 empleos durante el pasado marzo pese a los bombardeos, en el mejor marzo de los registros de la Seguridad Social. Habrá que ver si la tensión en el golfo Pérsico no hace descarrilar la locomotora ibérica.
