Satoshi Nakamoto, el multimillonario creador del bitcoin que sigue en la sombra: “Lo mejor es que no se llegue a saber nunca” | Criptoactivos

Era el 31 de octubre de 2008 cuando empezó a difundirse un documento de nueve páginas titulado Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System. Mientras el mundo sucumbía a un colapso financiero sin precedentes, este informe planteaba por primera vez la idea de un sistema sin bancos ni intermediarios y la creación de una moneda virtual descentralizada: bitcoin. Un proyecto inspirado en las ideas de los cypherpunks, activistas de la década de los años 90 que veían en la tecnología criptográfica una vía para proteger la privacidad de las comunicaciones ante gobiernos y las grandes corporaciones. Casi dos décadas después, ha mutado en un activo financiero global, adoptado por los bancos a los que quería sortear, pero su creador sigue estando en la sombra. El alias Satoshi Nakamoto firmaba aquel documento que sentó las bases del mundo cripto, pero su identidad real nunca se ha revelado, convirtiéndose en el mayor misterio del mundo de las finanzas.
Nakamoto creó el primer bitcoin el 3 de enero de 2009, pero dos años después desapareció de la faz de la tierra. Desde aquel momento, descubrir su verdadera identidad se ha vuelto una obsesión para algunos: en las últimas décadas, varios medios han intentado desvelar, sin éxito, quién está detrás de este séudonimo. El último, esta misma semana, The New York Times que señaló al criptográfico británico Adam Back como el verdadero padre del bitcoin. Nakamoto, en caso de ser una sola persona, sería una de las más ricas del mundo: atesora el 5% del suministro total de bitcoins, eso es, alrededor de 1,1 millones de esta moneda virtual, por un valor de más de 67.000 millones de euros.
Los medios de comunicación son los que más han buscado al padre del bitcoin. La revista The New Yorker lo intentó en 2011: en un primer momento apuntó a Michael Clear, un estudiante de criptografía en Dublín que pronto negó ser su ideador. Luego sugirió otro nombre: Vili Lehdonvirta, un investigador finlandés de 31 años y antes programador de videojuegos, que también lo negó. En 2014 le tocó a Dorian Nakamoto: una investigación de Newsweek apuntaba a este japonés-estadounidense de 64 años y cuyo nombre real es Satoshi Nakamoto.
Un año después fue el turno de Craig Wright. Una publicación de Wired y Gizmodo señaló en 2015 a este informático australiano como el verdadero padre del bitcoin. Wright trabajó en varias empresas tecnológicas y fundó una compañía que planeaba lanzar el primer banco basado en bitcoin, un proyecto que tardó poco en quebrar. Sin embargo, pocos días después de la publicación, Wired reconoció ciertas inconsistencias en las pruebas que respaldaban su teoría. El informático confesó ser Satoshi Nakamoto, pero todo se reveló una farsa que llegó hasta los tribunales: una sentencia de 2024 de un juez de Reino Unido puso fin a la polémica y aclaró que el empresario no era el padre del bitcoin, contradiciendo al único hombre que se proclamaba como tal.
Hace dos años HBO estrenó el documental Money Electric: The Bitcoin Mistery que avanzaba otro nombre: el del desarrollador de software canadiense Peter Todd. “No soy Satoshi”, dijo en X después del estreno. La semana pasada, una investigación del diario The New York Times aseguraba que Adam Back es el verdadero Nakamoto. Este criptógrafo británico es una figura histórica del movimiento cypherpunk y el actual consejero delegado de Blockstream, una compañía que proporciona infraestructura para transacciones con bitcoin.
El reportaje analiza miles de correos electrónicos, mensajes en foros y coincidencias lingüísticas entre sus publicaciones y los textos atribuidos al creador del bitcoin. Y justifica su teoría en el pasado de Back, que en los años noventa desarrolló un sistema de prueba de trabajo citado en el diseño original del bitcoin. Pero este intento se suma a la lista de fracasos: Back dijo que tampoco es Satoshi. En paralelo a estas investigaciones, circularon otras tantas teorías de la conspiración y especulaciones que apuntan a más nombres, como el fanático y activista cripto Nick Szabo, al matemático japonés Shinichi Mochizuki o incluso agencias gubernamentales.
Así, 18 años después de su creación, hay más dudas que certezas sobre el origen del bitcoin y el caso sigue abierto: en ningún caso existen pruebas concluyentes, el único Nakamoto confeso mentía y ninguna investigación periodística ha sido corroborada por terceros. Para la comunidad cripto, lo más probable es que detrás de la criptomoneda no esté una sola persona, sino un conjunto de nombres. “Es un puzzle de muchos participantes”, asegura Javier Pastor, director de Formación de Bit2Me. Para él, firme defensor del bitcoin, la ausencia de una autoridad central es lo que protege el ecosistema. “Su existencia podría ser objetivo de ataque por parte de gobiernos, corporaciones hacia el proyecto en su conjunto. Así, los cypherpunks construyeron una especie de capa de protección que defiende el concepto de descentralización. Y la comunidad va a defender este relato“, asegura. “Para los que defendemos la idea del bitcoin, lo ideal es que no se llegue a saber nunca”, insiste.
El misterio sobre su entidad encaja con la filosofía cripto: la idea de privacidad, el aura casi mística sobre el bitcoin, su independencia de cualquier control… La ausencia de una figura original refuerza aún más la naturaleza descentralizada del sistema, según Román González, especialista de producto en A&G. Y es lo que lo diferencia del sistema financiero tradicional, donde siempre existe un punto de anclaje. “Bancos centrales como la Reserva Federal o el BCE, organismos como el FMI… Bitcoin rompe con ese esquema: su política de emisión no depende de personas ni de instituciones”, destaca. Pero aquella idea romántica se ha quedado en parte en una ilusión: aunque no haya entidad centralizada que lo controle ni lo emita, bitcoin está cada vez más ligado a las finanzas tradicionales y responde a menudo a la misma lógica que mueven los activos financieros y sus transacciones las canalizan plataformas centralizadas y cotizadas en Bolsa.
“Todos somos bitcoin” es un lema que a menudo resuena en la comunidad, un manifiesto que refuerza la idea de libertad frente a presiones externas. “Tendemos a necesitar un rostro, una biografía o una narrativa humana a la que aferrarnos, incluso cuando estamos ante un sistema diseñado precisamente para no depender de ninguna de esas cosas. Seguir buscando a su creador es casi como intentar encontrar al autor del número cero: una curiosidad intelectual interesante, pero completamente irrelevante para su utilidad”, asegura González.
Para la comunidad cripto descubrir nombre y apellidos de su ideador podría suponer un riesgo existencial para el mismo mercado. Si reapareciera y moviera sus pertenencias que durante años han estado inactivas, el impacto en el precio podría ser catastrófico, ya que el valor de bitcoin se basa en parte en que solo existirá una cantidad limitada de criptomonedas. Muchas estrategias de inversión asumen que la porción de Satoshi permanecerá inmóvil, explica Nic Carter, socio fundador de Castle Island Ventures, a Bloomberg.
Su inactividad encarna otro principio fundamental del mundo cripto: la idea de que los inversores inviertan a largo plazo y no vendan sus activos, pase lo que pase con el mercado, a imagen y semejanza de Nakamoto, el mayor tenedor de bitcoin en el mundo detrás de Binance y Coinbase. Así, el sector que ha revolucionado las finanzas tradicionales y se ha integrado totalmente en ellas vive varias paradojas a la vez. Quiere ser libre de cualquier atadura, pero depende cada vez más de una narrativa que pasa por mantener en la sombra a su padre fundador, memoria del ideario que estuvo en el nacimiento de este proyecto.
