Invertir ante una guerra de ramificaciones impredecibles | Opinión

El precio del petróleo, y el ánimo de las Bolsas, se ha convertido en el reflejo más inmediato tanto de la evolución de la guerra de Irán como de sus perspectivas, un conflicto de gravísimos efectos económicos por la pérdida de una parte significativa, y capital, del suministro mundial de hidrocarburos. Pero este reflejo no dibuja con exactitud la implicación económica del conflicto, en particular cuando los parqués recogen no tanto el riesgo energético como las expectativas despertadas desde la Casa Blanca. Quizá este aspecto es el único en el que Donald Trump está siendo consistente: a medida que el precio del barril Brent se aproxima a los 120 dólares, lanza un mensaje que parece aproximar el final del conflicto. El petróleo baja de precio y las Bolsas suben. Al poco tiempo, la falta de concreción y el rechazo de las autoridades iraníes devuelven al mercado a la realidad.
Entre un punto y otro hay quien gana bastante dinero, que es a lo que se dedican los operadores de Bolsa. Pero entre un punto y otro hay mucho más: una semana en la que siguen sin transitar petroleros por el estrecho de Ormuz. Petróleo, gas natural, fertilizantes, gasóleo, combustible para aviones, materiales plásticos o gases nobles que dejan de alimentar la economía mundial. Consumidores e industrias notan ya la subida de los precios. Cuanto más se prolongue el conflicto, más duraderos y severos serán los efectos económicos, algo que el mercado sabe y tiene en cuenta, pero que no recoge en sus violentos altibajos a golpe de tuit de Trump.
La guerra de Ucrania provocó un estallido inflacionista sin precedentes, si bien las economías mundiales evitaron el escenario de una recesión prolongada. Apenas cuatro años después, la historia parece repetirse sin que se aventure una salida a un conflicto donde la abismal superioridad de EE UU no compensa la capacidad iraní de castigar la economía mundial.
Hace un año la Casa Blanca pudo desactivar a voluntad, y prácticamente en tiempo real, la minicrisis financiera desatada por los aranceles. Ahora hay otro actor en juego con una ventaja estratégica llamada Ormuz. Por eso las ramificaciones económicas del conflicto son de una incertidumbre casi absoluta, y por eso invertir en este contexto es un reto mayúsculo. La incertidumbre, en todo caso, funciona en las dos direcciones, por lo que los expertos apuestan por, en lugar de directamente huir del mercado, buscar valores que puedan resistir el huracán geopolítico, en caso de que en algún momento vuelvan los petroleros a salir del Golfo Pérsico.
