El informe policial de Tiger Woods: un potente analgésico en el bolsillo | Deportes
A una semana del Masters de Augusta, Tiger Woods acapara cada titular en el mundo del golf. Y no porque el ganador de 15 grandes, de 50 años, haya desvelado todavía si va a disputar el primer grande de la temporada, lo que sería su primera ronda oficial desde el Open Británico de 2024. Sino por el accidente de tráfico que sufrió el pasado viernes y que vuelve a convertirle en protagonista por sus problemas personales fuera de un campo de golf en lugar de por su último intento de resurrección deportiva. El informe policial hecho público este martes desvela los detalles de ese nuevo percance al volante, uno más del hombre que se aleja del mito.
Distraído por el uso del teléfono móvil o de la radio del coche. Sudores. Movimientos lentos. Ojos vidriosos. Extremadamente alerta. Así describen los agentes el estado de Woods cuando volcó su Range Rover al chocar con una furgoneta con remolque a la que pretendía adelantar en Jupiter Island, en Florida, cerca de su domicilio. El conductor del otro vehículo le ayudó a salir de su coche tumbado en la carretera, por la ventanilla del copiloto. La policía encontró dos pastillas de hidrocodona, un potente analgésico, en uno de sus bolsillos. “Tomo algunas”, dijo Tiger para explicar los dolores que siente por sus problemas físicos, y citó las siete operaciones de espalda y las muchas más de rodilla para justificar su cojera al caminar.
El legendario golfista dio negativo en un control de alcoholemia pero se negó a someterse a una prueba de orina. Negó que hubiera consumido drogas ni alcohol, y fue retenido el mínimo legal de ocho horas antes de quedar en libertad con cargos. En abril deberá volver a declarar ante la justicia.

Woods participó a principios de la semana pasada en una Liga virtual que mezcla un green físico con un simulador. Fueron apenas nueve golpes para sacudirse públicamente el óxido después del último paso por el quirófano, en octubre, y para alimentar la posibilidad de verle competir en el Masters de Augusta del 9 al 12 de abril. “Quiero jugarlo. Lo estoy intentando, pero mi cuerpo no se recupera como cuando tenía 24 o 25 años”, comentó. Ese deseo por regresar al escenario de sus cinco chaquetas verdes le hizo incrementar el ritmo de entrenamientos en los últimos días. Más práctica y también más dolor en la espalda y las articulaciones. Más medicación para mitigar las punzadas y por seguir entrenándose. Y otro accidente de tráfico.
Por culpa de un volantazo, Tiger ha pasado de ser el héroe que persigue un regreso a la élite al hombre necesitado de ayuda. Ya no solo se debate sobre su participación o no en el Masters, sino sobre si con ese historial policial (ya fue detenido en 2017 por conducir bajo los efectos de los medicamentos y en 2021 casi pierde la vida en otro accidente) debe asumir o no la capitanía estadounidense en la próxima Ryder Cup.
