Masters de Miami 2026: Sabalenka no se cansa de ganar y cierra el círculo: también presumirá de doblete | Tenis | Deportes

Es el suma y sigue de Aryna Sabalenka, esa tenista de extremos que sonríe, embiste y ruge a dosis iguales, capaz de arrancar una carcajada como de infligir miedo en las rivales: nunca es plato de buen gusto tenerla enfrente. Hace unos días masticaba un perrito caliente de 100 dólares, recubierto de láminas de oro; ahora lo que saborea es un doblete que inscribe su nombre directamente en la historia. De Indian Wells a Miami, dos de dos; Sunshine Double, le llaman los anglosajones, algo así como el gran éxtasis de marzo, el mes que alumbra el primer doblete de la número uno (6-2, 4-6 y 6-3 a Coco Gauff, en 2h 10m) y su título 24º; es decir, exactamente los mismos que Iga Swiatek.
Fue la polaca, precisamente, la última en conseguirlo, 2022; le precedieron la alemana Steffi Graf (1994 y 1996), la belga Kim Clijsters (2005) y su compatriota Victoria Azarenka (2016). Se suma así Sabalenka al club y continúa la marcha triunfal de esta temporada, en la que únicamente Elena Rybakina ha podido frenarla. Sucedió en la final del Open de Australia. El resto, un paseo. Tres torneos y tres trofeos más. Abrió el curso con una exhibición en Brisbane y el último mes se traduce en toda una confirmación: hoy por hoy, casi todo depende de ella. Excepto la kazaja, otra pegadora de manual, ninguna logra seguirle el ritmo en pista dura y todas van plegándose irremediablemente.
Ella dicta, ella ordena, ella manda. Ella, montaña rusa. Así son el tenis y la personalidad de la genuina Sabalenka, arrolladora y visceral, cada vez más compacta y más intimidatoria. No hay trampa ni cartón: una pegada inigualable y mucha hambre. Ninguna compite mejor. Ahora bien, no es ninguna virtuosa, pero golpea como nadie. Las pelotas lo sufren. Y por ahora tiene cuatro grandes, aunque seguramente debería haber sido alguno más. Las grandes finales y los nervios, su asignatura (todavía) pendiente. Entretanto, sigue abrillantando el palmarés y se hace ahora con un doblete que, en el fondo, no deja de ser lo más parecido a un Grand Slam: ha sido casi un mes a fuego.
En total, 12 triunfos en 22 días. La enésima demostración de fuerza. Toda la confianza que derrocha la de Minsk (27 años), la echa en falta Gauff (22), una tenista que últimamente compite cabizbaja y refugiada bajo la gorra, nada de colorines ni trenzas, hasta cierto punto acomplejada debido a un problema mayúsculo con las dobles faltas. La sangría no cesa: fueron 35 de camino a la final y 7 en el último episodio, luego un promedio de otras tantas por partido. Demasiada rémora. Excesiva tara para una jugadora que aspira a rebatir de cara a cara a una competidora tan lineal como Sabalenka, quien resolvió el problema hace un par de años. A partir de ahí, su tenis se disparó y con ello, también los resultados.
Cada grito que profiere contiene un mensaje, pura propaganda: ‘aquí estoy yo, esto es mío’. Como si todo le perteneciese. Y así llega también este undécimo título en la categoría 1000, segundo sucesivo en Miami, donde la final responde al guion que se preveía de antemano. Una al abordaje y la otra intentando contrarrestarle. Gauff, siempre en la trinchera, debería dar un paso adelante porque el tenis de hoy no admite lo contrario y suele penalizar la racanería. La norteamericana, de 22 años, encaja una rotura nada más poner el pie en la pista y aunque lo dilate, termina concediendo otro. Set en contra ya, intenta aferrarse al duelo con paciencia, sin decaer, pero Sabalenka está esperándola.
En cuanto la número uno olfatea la más mínima duda, tira un resto ganador y le aprieta, consciente de que la cuerda (esa moral) puede romperse en cualquier instante. Seguramente sea cuestión de ir haciendo y esperar. Así lo parece. Frente a la autoconfianza exacerbada de una, el gesto angustiado de la otra, que se asegura una y otra vez de que la visera caiga lo suficiente como para que no se le adivine esos temores que no terminan de irse. Pese a todo, no se rinde Gauff. Y no es menor la virtud: frente a la tempestad, el saber estar ahí. Clavada. Lo lucha, lo pelea, se revuelve. No desiste. Y, en contra de lo que se intuye, parece que hay final. Bola de set y premio para ella. Se estirará, pues.
Sin embargo, el fino equilibrio se rompe nada más abrirse la tercera manga, con un break prácticamente condenatorio para una tenista que si de por sí ya tiene que remar un extra para compensar lo concedido, esta vez todavía deberá añadir un plus. A remolque, a Gauff le queda el mérito de no despegarse, pero hasta ahí. Finalmente se inclina. El tiro invasivo de Sabalenka termina apoderándose también del tercer set y la estadística habla a las claras: once opciones de quiebre para una, tan solo dos para la otra. La gobernadora del circuito alza una vez más los brazos y brilla con fuerza ese anillo de compromiso que, efectivamente, le ha traído fortuna por partida doble: dos de dos por ahora, de California a Florida.
