Mbappé y sus rodillas desdibujan a Brasil en Estados Unidos | Fútbol | Deportes
En el mastodóntico Gillette Stadium de Massachusetts, hogar de los New England Patriots, reyes del otro football, Francia se ha impuesto este jueves a Brasil (1-2) en un encuentro que, si bien amistoso, ha servido como fiel termómetro para calibrar a dos de las grandes aspirantes para conquistar el Mundial de fútbol que arranca el próximo 11 de junio en tierras americanas (EE UU, Canadá y México).
1
Ederson, Bremer, Douglas Santos, Léo Pereira, Wesley (Ibañez, min. 70), Andrey Santos (Danilo, min. 70), Gabriel Martinelli (João Pedro, min. 62), Casemiro (Gabriel Sara, min. 83), Raphinha (Luiz Henrique, min. 45), Vinícius Júnior y Matheus Cunha (Igor Thiago, min. 70)
2
Mike Maignan, Dayot Upamecano, Ibrahima Konaté, Theo Hernández, Malo Gusto (Pierre Kalulu, min. 90), Ousmane Dembélé (Maxence Lacroix, min. 57), Hugo Ekitiké (Désiré Doué, min. 65), Michael Olise (Maghnes Akliouche, min. 90), Aurélien Tchouaméni (N’Golo Kanté, min. 57), Adrien Rabiot y Kylian Mbappé (Marcus Thuram, min. 65)
Goles
0-1 min. 31: Mbappé. 0-2 min. 64: Hugo Ekitike. 1-2 min. 77: Bremer
Arbitro Guido Gonzales Jr.
Tarjetas amarillas
Leo Pereira (min. 28), Casemiro (min. 37), Ibrahima Konate (min. 71), Bremer (min. 75), Ibañez (min. 80), Pierre Kalulu Kyatengwa (min. 93), Mike Maignan (min. 96)
Tarjetas rojas
Dayotchanculle Upamecano (min. 54)
Una quincena de veces se habían enfrentado hasta esta noche ambas selecciones. La primera, en un amistoso disputado en Río en 1930, el pistoletazo de salida de una rivalidad equilibrada (hasta este jueves, seis victorias para cada equipo y tres empates), pero favorable a los europeos en las grandes citas: ganaron la final del Mundial del 98 (3-0), el duelo de mayor enjundia entre ambos, los cuartos de final de México 86 (1-1, decidido en los penaltis), el mismo cruce de Alemania 2006 (1-0), y la semifinal de la Confederaciones de 2001 (2-1). Solo le sonrió la suerte a la Canarinha en las semifinales del Mundial del 58, en Solna (Suecia), donde los tantos de Vavá y Didi, sumados al hat-trick de Pelé en apenas 20 minutos, desdibujaron al combinado galo (5-2).
Sin O Rei, los focos en Brasil recaen sobre la figura de Vinicius Júnior, el 10 de un país que, de la mano de Carlo Ancelotti, busca recuperar la grandeza perdida (solo unas semifinales desde 2002). No termina, sin embargo, el técnico italiano de exprimir con la selección el indudable talento de su pupilo como sí hizo en el Real Madrid. Con ocho goles en 46 partidos, Vinícius no solo encuentra dificultades para ver portería cuando viste las cinco estrellas en el pecho, sino que se atasca encorsetado en un ataque que acumula talento pero carece de estructura y automatismos.
Ante Francia, el madridista, Raphinha, Martinelli y Cunha esperaban desde la distancia una oportunidad que naciera en la base, pero rara vez ocurría. Brasil se presentó al encuentro como un equipo partido en dos y con serias dificultades para sacar el balón fluido desde atrás, amén de una línea defensiva sin jerarquía —menos de 25 internacionalidades entre los cuatro zagueros— y un centro del campo en el que Casemiro pone orden pero nadie imagina a su lado.
Lo aprovechó Francia, campeona del mundo en 2018 y finalista en 2022, esto es, una selección consolidada y con más horas de vuelo en las grandes citas de las últimas décadas. En el minuto 31, y tras una primera media hora sin apenas oportunidades, un robo de Tchouaméni en la medular entregó el balón a Dembélé, quien vio por el rabillo del ojo el desmarque de Mbappé y regaló un caramelo en largo para que el madridista, 10 y capitán de su selección, corriera como solo él sabe y despejara cualquier duda en torno a la salud de sus rodillas. Vaselina a Ederson y gol, el 56º en su cuenta con Francia.
Con el 0-1 se llegó al descanso, momento en el que Ancelotti, más delgado bajo el traje y con gafas de pasta, aleccionó a los suyos, que salieron a la segunda mitad con otro ánimo. Ya sin Raphinha en el campo, dolorido al entretiempo, Brasil gozó de ocasiones para amenazar la portería de Maignan. Tal fue el arreón carioca, que en el 54, Upamecano, central con talento pero tendente a las decisiones precipitadas en los momentos clave, se marchó expulsado tras llevarse por delante a Wesley cuando era el último defensa galo en el campo.
Parecía entonces que el choque tomaba otro cariz, entonces sí con Brasil agitado, pero nada más lejos de la realidad. Deschamps recompuso su defensa, dio entrada a Kanté y, aun con ventaja numérica, la Canarinha no pudo derribar el orden galo. La frustración se adentró poco a poco en el sentir brasileño, y terminó por explotar en el 65, solo diez minutos después de la expulsión, cuando Olise condujo hasta dejar solo a Ekitiké y el delantero del Liverpool solo tuvo que elevar el balón por encima de Ederson para firmar el 0-2.
Sonreía Francia, y con razón. Sin apenas buscarlo, sin romperse la cabeza, el partido estaba encaminado ante toda una pentacampeona del mundo. Trató de maquillarlo, aun así, el cuadro sudamericano, que con el transcurrir de los minutos encontró huecos inimaginables en igualdad numérica. Vinícius crecía —90 minutos para él— y en una jugada a balón parado, barullo incontrolable, Bremer, central de la Juventus, recortó distancias con un derechazo desde el interior del área pequeña a falta de un cuarto de hora: 1-2. Creyó entonces Brasil, pero Francia, más serena, supo jugar con los nervios de su rival aun en inferioridad.
Le sobra el talento al combinado de Deschamps, que no parece añorar a Antoine Griezmann, quien renunció a la selección en 2024. “Quiero dar paso a la nueva generación”, explicó entonces el delantero del Atlético de Madrid, quien pondrá rumbo este verano a Orlando para jugar en la MLS. Así se abrió la puerta a una terna de jóvenes galos que, guiados por los líderes de siempre, parecen llamados a repetir gesta internacional el próximo verano (desde 2016, Francia ha alcanzado al menos la final en dos Mundiales, una Eurocopa y una Liga de Naciones). Brasil, en cambio, tiene muchos deberes por delante si quiere presentar una candidatura firme y convincente. Talento tiene. Tiempo para organizarlo, quizás no tanto: solo restan 77 días para que arranque la gran cita.
