Sobrecarga de trabajo y salud mental | Economía
Cada día hay datos preocupantes del creciente deterioro de la salud mental de los trabajadores. Desde 2016 el número de procesos de incapacidad temporal vinculados a problemas de salud mental se han duplicado: de unas 280.000 bajas de entonces se ha pasado a las 643.000 en 2024. Además las bajas por trastornos mentales son más graves. Mientras la incapacidad temporal ordinaria dura unos 45 días, en las perturbaciones mentales la baja media es de 116 días, según el Estudio socioeconómico de la evolución de la incapacidad temporal y la siniestralidad en España dirigido por los investigadores José María Peiró y Lorenzo Serrano, de la Universidad de Valencia (IVIE).
Abundan las evidencias que conectan la sobrecarga del trabajo y la salud mental. Josh Dizieza en Cuán duro nos harán trabajar los robots, en The Verge, constata las consecuencias físicas y mentales de la sobrecarga de trabajo en empleados de Amazon que al terminar la jornada caen dormidos en su coche en el parquin del almacén antes de regresar a su casa.
En base a estos estudios y sus investigaciones Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Valencia, ha profundizado desde la perspectiva jurídica sobre las causas de este fenómeno. Su propósito era discernir si el aumento de las bajas era un problema de absentismo laboral o de la intensidad del trabajo que “está enfermando a quienes lo desempeñan”.
En La huida del trabajo: sobrecarga de trabajo, salud mental y derechos fundamentales (Aranzadi), el profesor Todolí asegura que “la evidencia científica es concluyente. Las exigencias excesivas de trabajo condicionan de manera determinante la salud mental de los trabajadores en España”.
Entre las causas de este deterioro apunta la introducción de cambios tecnológicos y organizativos, la pérdida de fuerza de los sindicatos y la desregulación del mercado de trabajo. Considera que estos elementos “han favorecido un incremento del poder unilateral del empleador para exigir niveles de esfuerzo y velocidad aprovechando situaciones de inseguridad contractual como los despidos, la temporalidad o la precariedad generalizada”.
Todolí desmonta mitos. “Una mayor carga de trabajo no equivale a mayor productividad. La sobrecarga de trabajo perjudica tanto a la productividad como a la salud”. También estima que la reducción de la jornada de trabajo no resuelve la cuestión. “El gobierno propone reducir la jornada laboral, me parece muy bien. Pero si te reducen la jornada y te hacen trabajar más acabas igual de agotado y cuando llegas a tu casa no tienes energía para tus hijos”.
Constata el fenómeno de “la huida del trabajo que se produce cuando los jóvenes abandonan el empleo porque piensan que no vale la pena trabajar por lo que les pagan y los mayores prefieren la prejubilación porque no pueden soportar ciertas condiciones”.
Considera prioritario una legislación protectora que mida la sobrecarga. Pone el ejemplo de Polonia que ha establecido “un máximo de consumo de kilojulios de energía por hora (unidad de medida de la energía, trabajo o calor) en trabajos físicos: superada esa cantidad se entiende que se pone en peligro la salud de la persona”. Otro campo en el que resulta necesario fortalecer el papel de los sindicatos.
