Masters de Miami 2026: Alcaraz cae ante Korda, a disgusto y saturado: “¡No puedo más! ¡Quiero irme a casa!” | Tenis | Deportes

Se suponía un domingo feliz, después de que su hermano Jaime se viralizase a mediodía en las redes sociales con un puntazo —y a posteriori, con el trofeo del challenger sub-15 de Murcia— y de que Miami, traicionera ella, regalase una jornada de espléndido sol. Sin embargo, todo empezó a torcerse a media tarde con un desagradable aperitivo: cayó el madrileño Rafael Jódar ante Tomás Martín Etcheverry como anticipo (7-5 y 6-4, en 1h 50m) y luego, en forma de terremoto, se constató la salida prematura de Carlos Alcaraz, apeado por Sebastian Korda en la tercera ronda (6-3, 5-7 y 6-4, en 2h 18m). Como ya sucediera un año antes, el español enfila la puerta de salida demasiado pronto.

Curioso lo de este torneo, paraíso y cenagal a la vez. Precioso el recuerdo —el título que descorchó definitivamente la meteórica ascensión, en 2022—, pero también muy puñetero. Ambivalente. La temporada pasada nadie lo vio venir, aunque hasta entonces se contaba con los derrapajes más o menos cíclicos del murciano. El belga David Goffin (34 años) se transformó ese día del estreno en un cepo y ahora es el pétreo Korda quien le sorprende; y no porque le falten argumentos ni calidad, sino porque el Alcaraz de hoy, el imponente competidor, difícilmente patina o deja escapar partidos de este tipo. Fluctúa la dinámica, apunta la cosa a que sí, a que podrá, a que huele a remontada. Pero al final se inclina.

Le cuesta encontrar el sitio. Ahí se percibe menos punch, menos fuelle. “No me va el saque, no llega…”, les dice a los suyos. Y así lo transmite la estadística. Tampoco le convencen las bolas, Dunlop, circunstancia que ya se dio en la eliminación anterior: “Llevan así [de infladas, fruto de la humedad, 65%] cuatro juegos…”, protesta. Korda, dicta, Korda manda. “Y he sacado muy bien. Para ganarle a un jugador tan bueno como él, tienes que sacar bien”, dirá al cierre el norteamericano, que conoce el ambiente al dedillo —nació en Bradenton, también localizada en la península— y hace un mes triunfó en Delray Beach, a menos de una hora en coche. El estiloso rubio ya le hizo pasar un mal trago en Montecarlo hace cuatro años, de entrada. Lo sufre, pero incide.

Durante más de una hora, la inercia lineal del partido y el tono monocorde impuesto por el ganador van arrastrando a Alcaraz, deslucido entre el cloroformo. Sin chispa, aletargado, todo el rato a remolque. Por momentos, muy negativo. Cansado de competir sin tregua y hacer que la rueda gire. Harto: “Como mucho puedo hacer un 6-3 y 6-4, o un 6-3 y 7-5… ¡Hoy no puedo más! ¡Es un no parar! ¡Quiero irme ya a casa! ¡No puedo más! ¡No puedo más, tío! ¡No puedo más!”, se dirige a los miembros de su banquillo. El estadounidense está bordándolo y compite sin desviar la mirada, todo el rato en línea recta e imperturbable. Quizá, ahí reside el secreto: en no pensar demasiado en quién está enfrente. De lo contrario, sucede lo que sucede. Hasta ahí, un tenista impecable; poco más adelante, un escenario muy diferente.

Korda (25 años y 36º del mundo) es un excelente jugador al que las lesiones han perjudicado sobremanera. No le ha sonreído la fortuna desde el plano físico, desde luego, del mismo modo que su actitud —tan sumamente neutra, tan excesivamente contenida siempre— también viene jugándole una mala pasada. Elemento más que indispensable, el fuego. La frialdad contribuye a que aborde partidos de este calibre sin aparentes exigencias, con mucha templanza, sin ninguna urgencia; pero, al mismo tiempo, todo ese hieratismo hace que en ocasiones no llegue a prender esa llamarada tan necesaria y que el mecanismo se trabe. A la hora de la verdad, la rectitud se transforma en angustia. Domina y sirve para ganar, break arriba, pero se encasquilla.

Desarrollo engañoso

“¡Tírale el órdago!”, sugiere Samuel López al murciano, que no lo ve nada claro, sigue flojo con los primeros y no consigue dar con la tecla ni el ritmo. No disfruta Alcaraz, sencillamente. Aun así, salva primero un potencial 1-4 (espejismo) y luego, adivinando esos temblores del adversario, consigue sortear una situación al límite. 5-4 y saque para el local, al que en un santiamén le cambia el rostro. Impoluto e ilegible hasta ahí, con una variedad y una técnica exquisitas, el brazo y la mente de Korda experimentan una repentina asincronía y proceden de manera independiente. A la voluntad no le sigue la ejecución y, a fin de cuentas, ambas desfallecen al compás. No es la primera vez.

En sentido inverso, cuando peor pintaba la cosa, la cabeza dura del español coge las riendas y le guía. Adonde no llega su cuerpo, le empuja el espíritu. Se le ve fatigado, pero se saca de la chistera un globo espectacular y, obediente, remando y remando pese a que no transmita las mejores sensaciones, atiende la demanda de su entrenador: “¡No te canses de coger olas!”. “¡Sigue, sigue! ¡Echa la llave!”. “¡Hasta el final!”. El estadounidense cede el servicio en blanco, él solito, y a continuación se diluye. Señor bloqueo el suyo. Estupefacto, clavado. Va tragándoselo la tierra poco a poco y la concatenación de errores conduce el pulso hacia un tercer parcial de nuevo engañoso. Tarde de trilerismo en Miami.

Todo conduce a pensar que Alcaraz terminará llevándoselo. Sería lo lógico. Y quizá no tanto por una cuestión de juego como de naturaleza. Sobre ese escenario oscilante e invertido, de más a menos uno y ascendente el otro, el de El Palmar tiende a ser un competidor expansivo y su rival suele decrecer ante la amenaza y la presión. Sin embargo, todo es un trampantojo. Pese al arreón, el número uno en ningún instante termina de sentirse cómodo, sino a disgusto. Está saturado. Y el tenis, caprichoso él, expone a Korda a lo maquiavélico: de nuevo, una tortura. Lo retorcido: otra vez, 5-4 arriba y saque para ganar. ¿Segundo tembleque? No. En esta ocasión es diferente. Se sostiene. Hubiera sido demasiado cruel. Vence, porque simplemente lo merecía.

“Cerrar los partidos es lo más difícil. Y hacerlo contra Alcaraz, probablemente sea el doble de complicado”, señala el vencedor, primer representante de su país que tumba al líder del circuito desde que Andy Roddick batiera a Roger Federer en los cuartos de 2008. Korda es, a su vez, el tenista con el ranking más bajo que derriba al español desde que este perdiera, precisamente, ante el veterano Goffin, entonces 55º del mundo. “Estuve mucho tiempo lesionado”, recuerda, sin olvidarse de un consejo: “John McEnroe charló conmigo sobre mi identidad. Y me dijo: ‘Tienes que buscar dentro de ti, descubrir quién eres y por qué juegas al tenis. Por qué te gusta esto’. Creo que eso ha sido clave”.

Contra todo pronóstico, Korda no se enfrentará este martes a Karen Khachanov, apeado por Martín Landaluce. El madrileño celebra cuando ya ha anochecido (6-3 y 7-6(2), tras 1h 33m) y se supera: serán sus primeros octavos en todo un Masters 1000. Los alcanza después de haber superado a dos top-20; el día previo a Luciano Darderi (18º) y esta vez al ruso (15º). Tintín, le llaman. Y aquí está otra vez él, 20 años, el mismo que en la anterior edición dejó la primera muesca de un jugador de 2006 en un trorneo así. Objetivo: romper más pronto que tarde la barrera del top-100. Ya lo ha conseguido Jódar, pero al de Leganés se le esfuma una bola de set en la primera manga y sucumbe al oficio de Etcheverry.

VUELTA A CASA Y GIRA DE TIERRA

A. C.

Más allá de otros matices, la calidad (8.8 frente a 7.5, según la ATP) y la definición del servicio (12 aces frente a 2) marcaron la diferencia entre Korda y Alcaraz, aunque el duelo registró otro dato revelador: el ganador subió 20 veces más a la red (26 frente a 6). Muy sintomático.

En cualquier caso, Alcaraz incidió en el nivel de su rival y consideró que él hizo “un buen partido”. Cree que sigue “por el buen camino” y volvió a insistir en que sus adversarios disparan el rendimiento cuando lo tienen enfrente: “Juegan sin presión. Sienten que tienen poco que perder”.

Si en 2025 optó por oxigenarse en México tras la eliminación, esta vez su intención es regresar a Murcia para “relajarse” y recuperar “el deseo de jugar”. La ruptura con Juan Carlos Ferrero y el esfuerzo que requirió la conquista de Australia han hecho de este primer trimestre un tramo muy exigente.

Al descanso le sucederá la reincorporación a los ensayos, ya sobre tierra para preparar la gira que comienza a principios de abril, en Montecarlo. El murciano defiende 4.300 puntos —por los triunfos en el Principado, Roma y Roland Garros, y la final de Barcelona—, frente a los 1.850 a salvaguardar de Jannik Sinner.

En los próximos días, el italiano —este lunes frente a Corentin Moutet, no antes de las 00.00, Movistar+— tendrá la oportunidad de recortar diferencias; ahora mismo la distancia entre ambos es de 2.140 puntos. Mientras tanto, él sopesará si completa la gira de arcilla o bien descarta algún torneo para llegar fresco a París.

Carlos Alcaraz

vs

Sebastian Korda

Sets:

Puntos ganados con primer servicio

Puntos ganados con segundo servicio

Puntos de break convertidos

Puntos ganados con primer servicio

Puntos ganados con segundo servicio

Puntos de break convertidos

Puntos ganados con primer servicio

Puntos ganados con segundo servicio

Puntos de break convertidos

Porcentaje 1er servicio

dentro/totales
76/101
75%

Puntos ganados con primer servicio

Puntos ganados con segundo servicio

Puntos ganados al resto

dentro/totales
39/101
38%

Puntos de break convertidos

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