Las claves: el oro, entre su papel histórico de conexión con el poder y el de clavo ardiendo | Opinión
El oro ha tenido históricamente un valor simbólico al margen de su mera utilidad práctica: el de acercar a sus poseedores al poder representado por los reyes o los faraones. Las monedas de oro eran la forma en que los grandes jerarcas distribuían su autoridad material entre sus vasallos. El dinero fiduciario y el final del patrón oro supusieron una democratización del valor tangible de las cosas, que pasó a residir en el Estado y los representantes elegidos por los ciudadanos. En los últimos años, también estas estructuras han perdido credibilidad, y en concreto la moneda de referencia, el dólar, se ha debilitado como valor refugio (aunque lo haya recuperado moderadamente en este último mes). El oro ha vivido una enorme revaloración, ocupando ese vacío de confianza como protección antiinflacionaria. Pero la guerra de Irán ha revelado que su cotización estaba inflada por posiciones especulativas. La evolución del conflicto a medio plazo ayudará a desvelar hasta qué punto el metal dorado ha recuperado su papel histórico, o si los inversores simplemente andan en busca de clavos ardiendo a los que agarrarse.
La AIE propone volver a apostar por un teletrabajo que había perdido fuelle
En medio de la vorágine que sacude el mercado energético, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha lanzado una batería de recomendaciones para tratar de contener la demanda de petróleo. En el decálogo se incluye apostar por el teletrabajo, en un momento en el que varias grandes empresas, en particular los principales bancos y tecnológicas estadounidenses, estaban obligando a sus trabajadores a volver a la oficina. También se propone recortar los vuelos de negocios o fomentar el transporte público. Esto último había perdido un poco de impulso tras el acicate de la guerra de Ucrania, pero parece que va camino de volverse estructural.
El análisis del apagón revela los límites del sistema eléctrico
Casi un año después del apagón, persisten las dudas sobre lo ocurrido. Los expertos de la agrupación de gestores de redes eléctricas europeas Entso-E, encargados de investigarlo, concluyen que fue “una tormenta perfecta” provocada por múltiples factores. Descartan un responsable único y describen un fallo sistémico en el que coincidieron problemas de red, gestión y respuesta operativa. Ni eléctricas, ni operador, ni renovables explican por sí solos el colapso.Más allá del reparto de culpas, la conclusión es relevante en términos de sistema: la vulnerabilidad no es puntual, sino estructural, y hay que reforzar la resiliencia ante escenarios complejos. El apagón deja así menos una lección sobre errores individuales que sobre los límites del propio sistema en un contexto de creciente exigencia.
La frase del día
Necesitamos una norma clara: prohibición del uso de las redes sociales para los menores de 16 años, respaldada por medidas de aplicación efectivas, y que los sistemas operativos de los teléfonos móviles y las aplicaciones que se ejecutan en ellos rindan cuentas
Bill Ready, CEO de Pinterest
Para medir la felicidad que da lo material quizá haya que medir las ondas cerebrales
Para ser feliz, el ser humano debe tener unos mínimos materiales, como explicó Abraham Maslow en 1943. A partir de ahí, puede dedicarse a mejorar sus relaciones personales, a buscar el éxito o incluso a autorrealizarse. Un informe del Colegio de Economistas de Madrid ha evaluado la relación entre la felicidad y las condiciones socioeconómicas, observando, por ejemplo, que los directivos son (o dicen ser) más felices que otros profesionales de menor rango, o que lo son más los que tienen una hipoteca (se supone que porque no tienen muchos problemas para pagarla). Conviene, en todo caso, aceptar las limitaciones de la autoevaluación del estado anímico (es fácil autoengañarse). En última instancia, quizá haría falta medir las ondas cerebrales mediante electroencefalogramas.
