El BCE y el petróleo, sin juegos malabares | Negocios
El interés de la última reunión del BCE no se centraba en saber si se subirían los tipos de interés, algo que casi nadie esperaba, sino en cómo reaccionaría ante el dilema habitual que se plantean los bancos centrales frente a un shock de oferta como el generado por la guerra en Oriente Próximo. Se esperaba un BCE en alerta ante los riesgos de inflación, con pistas sobre hasta qué punto va a ser paciente o no.
Y el banco central no respondió a través de juegos malabares con las palabras en la rueda de prensa, sino elaborando varios escenarios económicos de previsiones, en vez de uno solo. Lo están haciendo muchas instituciones y analistas, ante una situación que se vuelve muy compleja por varios motivos: la magnitud del choque económico por el alto porcentaje de producción mundial de hidrocarburos atrapado en el golfo, la falta de claridad en los objetivos militares por parte de Estados Unidos, y la fuerte respuesta de Irán, tratando de involucrar al máximo número de países posible. Y, principalmente, porque una simple retirada táctica del Gobierno norteamericano ante la reacción de los mercados, dando por cumplidos sus objetivos, como nos acostumbró más de una vez el año pasado, depende también de la respuesta de un régimen iraní enrabietado, descabezado pero con funcionamiento descentralizado, y utilizando tácticas de guerra asimétrica.
Los tres escenarios dibujados por el BCE incorporan una persistencia elevada de los precios del petróleo y del gas, lo que sugiere que está dispuesto a subir los tipos si la guerra dura más de pocas semanas. Incluso se puede alegar que en el escenario base, al tomar como supuesto los precios de los futuros del petróleo y el gas que dan los mercados financieros, se están sesgando los impactos sobre la inflación al alza, ya que dichos precios incorporan la visión media de los inversores sobre todos los escenarios posibles, incluyendo los más pesimistas.
Ese sesgo hawkish es probablemente el mensaje correcto para anclar las expectativas de inflación, la primera tarea que tiene que llevar a cabo el BCE para evitar efectos de segunda ronda en la inflación por la subida de los precios de la energía. Como recordó la presidenta Lagarde en la conferencia de prensa, los agentes económicos tienen memoria reciente de un fuerte período inflacionario tras la covid, y los beneficios del largo período de baja inflación de las dos décadas precedentes se pueden haber erosionado.
El conflicto actual terminará posiblemente de manera súbita, como empezó, aunque va a tener consecuencias duraderas para los países de la zona, para Europa y su búsqueda de la autonomía estratégica, y para la transición a nivel global hacia fuentes alternativas de energía. Pero antes hay que lidiar con los problemas que genera a corto plazo, y la gestión de la política monetaria es uno de ellos.
