La pregunta que falta por responder para descifrar el jeroglífico de Escribano | Opinión
Abril de 2025. Indra, compañía de referencia en el sector de la defensa, desliza su interés por el pujante grupo español Escribano Mechanical & Engineering (EM&E Group). A nadie escapa que el presidente de Indra, Ángel Escribano, afronta un conflicto de interés galopante en tanto copropietario y fundador de la firma que se pretende adquirir. Aplicado el conveniente maquillaje en la gobernanza, los implicados entonan un sentido pelillos a la mar. El Gobierno -que controla el 28% de Indra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI)- decide mirar para otro lado y defender las bondades de la transacción por tierra, mar y aire. Todo sea por la seguridad nacional. Hasta que, en febrero de 2026, según adelanta El Confidencial, inopinadamente, todo detona y la presidenta de la SEPI, Belen Gualda, en pleno consejo de administración, manda parar.
Diez meses después de iniciada la saga, la oficina que preside Manuel de la Rocha, gurú económico de Sánchez y demiurgo entre bambalinas de gran parte de las conexiones establecidas en esta legislatura entre el poder político y económico, parece descubrir, de repente, como si se tratase de una iluminación, que tras el caso Escribano se esconde un cristalino e inasumible conflicto de interés. Como en Rick’s, aquí se juega. En un giro de guion in extremis, la familia Escribano planteó este jueves al consejo de administración finiquitar la fusión con el fin de ganar tiempo y conservar por ahora la presidencia de Indra. La SEPI había enviado con anterioridad una carta a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en la que condicionaba el futuro de la operación al adiós de Ángel Escribano.
¿Qué cambió entre abril de 2025 y febrero de 2026 para que un conflicto de interés que se abordó inicialmente como menor y resoluble desde la aplicación de los pertinentes cortafuegos corporativos se convirtiera en un deal breaker? Hasta tres fuentes de toda solvencia, bien relacionadas con Moncloa, aseguran que el entorno de De la Rocha empieza a preocuparse al tiempo que los analistas disparan la valoración de EM&E en pleno bum del sector de la defensa. Incluso por encima de los 2.000 millones. “En un momento concreto, alguien les hace ver que, con un mero canje de acciones, Escribano va a incrementar su participación en Indra por encima de la de la SEPI”, asegura una de estas fuentes. No son difíciles de imaginar los sudores fríos que recorrieron la frente de De la Rocha al palpar el percal. La Indra del futuro, el campeón nacional del que presume Pedro Sánchez, podría quedar en manos de un ejecutivo incontrolable y varios inversores sobrevenidos.
Además, las relaciones personales juegan. Y en lo que respecta al presidente de Indra, manca finezza. No falta quien sostiene desde las tripas de la operación que un compromiso de venta por parte de Escribano, si superaba en el capital a la SEPI, podría haber engrasado la transacción. Nunca se planteó. Como telón de fondo, las críticas larvadas que se hacen al ejecutivo en el Madrid de la calle Jorge Juan por su falta de mano izquierda en la gestión, debilidad escenificada en episodios varios y con afectados concretos, poco pacatos a la hora de hacer llegar su malestar hasta la Avenida Puerta de Hierro. Un atinado informe elaborado recientemente por EY revelaba el temor en las empresas a que los ingentes fondos liberados por el Gobierno no terminen de llegar a la base industrial y se queden en las grandes compañías. Ya hay damnificados que ironizan sin ambages sobre el alardeado efecto tractor de Indra.
Por si fuera poco, en plena evaluación de la compra de Escribano por parte de una comisión independiente en Indra, la subida de decibelios con EE UU tampoco ayuda. Santa Bárbara, propiedad de la estadounidense General Dynamics, impugna por la vía administrativa y lleva a los tribunales contratos milmillonarios por supuestas irregularidades en los procesos de adjudicación. Entiende que se ha limitado la libre concurrencia para favorecer a Indra y EM&E. Resulta difícil de entender la falta de habilidad de los diferentes actores para mantener la disputa por debajo el radar e incorporar a la causa a quien ya había hecho saber que solo desea ser tenido en cuenta -también por cuestiones tecnológicas y de know-how– y recibir una parte de tan pantagruélico pastel. Más trazo grueso con un mal enemigo a las puertas.
Con este caldo de cultivo, el órdago lanzado el miércoles por la SEPI y la respuesta al ultimátum de los Escribano abre un frente de consecuencias imprevisibles. Ángel, ante la espada de Damocles que suponía condicionar la integración de EM&M en Indra a su salida de la presidencia, tiró por la calle de en medio e intentó salvar su cabeza con la renuncia a la operación. Su enésima gambeta, empero, esconde demasiadas contraindicaciones. Primero, son los contratos del Estado los que han engordado la cartera y la valoración de EM&M. Para una compañía como Escribano, tan dependiente de las adjudicaciones y certificaciones públicas, vivir sin el favor del gobierno de turno parece un suicidio. Y segundo, casi más relevante, se olfatea que la quiebra de la confianza en Escribano transciende la compraventa. Y tendrá consecuencias. Es a él, en función de sus arrestos y su mayor o menor lucidez, al que le toca medir el pulso.
La guerra abierta puede ser más o menos cruenta. Desde luego, acarrea efectos colaterales que no tenía, por ejemplo, el despido de un ejecutivo de postín como José María Álvarez Pallete, el más claro antecedente en el que el Ejecutivo ha hecho valer su peso accionarial en una cotizada. En ese caso, su remoción de Telefónica se resolvió de mala manera, a la vera de las dependencias de Sánchez y con total desprecio por las normas de gobernanza en la corporación, previo pago de su importe. Mal que bien, punto final. En el affaire Escribano, al final del día, la familia atesora un 14% de Indra. Sería lógico que, tras la desafección generada, el Gobierno aspirara a que esa posición, constituida en parte con derivados de JP Morgan, terminara deshaciéndose a corto o medio plazo. No está claro, en todo caso, que pudiera controlar todo ese proceso, ni en lo que respecta a su impacto en la cotización ni en la elección de nuevo compañero de viaje. Como advertía el clásico, ten cuidado con lo que deseas.
