mié. Mar 18th, 2026

El capital del Golfo impulsará las empresas emergentes del sector de la defensa en Europa | Opinión

Los drones iraníes Shahed se han convertido en una imagen inquietantemente habitual en Dubái. Estos vehículos aéreos no tripulados (UAV) han impactado contra el Hotel Fairmont, así como contra el aeropuerto principal de la ciudad del Golfo, e incluso se los ha visto perseguidos por un avión F-16 sobre la playa de Al Mamzar. Es obvio que Emiratos Árabes Unidos, que sufrieron dos tercios de los 2.150 ataques con drones durante la primera semana del conflicto, necesitan urgentemente mejorar sus capacidades de combate contra estos aparatos. Eso podría dar lugar a una inyección de dinero en las start-ups europeas de tecnología de defensa en Ucrania y otros lugares, y reforzar también la propia seguridad de la región.

En un sentido importante, el conflicto es extremadamente perjudicial para Europa. En los tres primeros días de la guerra, los Estados del Golfo lanzaron 800 misiles Patriot PAC-3 MSE, en un esfuerzo en su mayoría exitoso por derribar los cohetes lanzados por Irán. Los misiles viajan mucho más rápido que los drones y, por lo tanto, requieren armamento defensivo mucho más avanzado y costoso. Una escasez mundial de Patriots y otros interceptores, fabricados en su mayoría en Estados Unidos, podría hacer que los ejércitos europeos quedaran aún más rezagados en la cola global.

El mercado de los drones, sin embargo, parece menos de suma cero. Impulsado por una oleada de capital riesgo en el sector de la defensa, ahora hay cientos de start-ups en el ámbito europeo de los ataques con drones y los contra-UAV, como las alemanas Helsing y Stark, valoradas en 14.000 millones y más de 1.000 millones de dólares, respectivamente. Muchas de ellas han probado sus productos en Ucrania, que tras cuatro años de guerra cuenta con sus propios grupos antidrones locales con capacidades demostradas.

A pesar del impulso de Europa por rear­marse, es posible que muchas de las empresas de la región estén fabricando menos equipos de los que podrían. Empecemos por Ucrania. Ihor Fedirko, que dirige el grupo de presión Consejo Ucraniano de la Industria de Defensa, estima que los fabricantes de armas nacionales podrían estar produciendo solo al 40% de su capacidad potencial. Esto es comprensible en un país devastado por la guerra, ya que Kiev se centra en satisfacer las necesidades locales en lugar de construir una enorme maquinaria de exportación de armas.

Pero, en general, los países europeos no están actuando con la rapidez que podrían a la hora de adjudicar contratos para proteger su flanco oriental mediante iniciativas como el llamado muro antidrones, con excepciones notables como Alemania. El resultado es que, a pesar de todo lo que se habla de rearme, algunas start-ups de drones y sistemas anti-UAV con productos prometedores corren el riesgo de quebrar.

Por tanto, una inyección de nuevos pedidos de Estados ricos como Qatar, Emiratos Árabes y Arabia Saudí podría ayudar. Estos países del Golfo ya están siendo blanco de ataques y, por tanto, necesitan soluciones rápidas; de ahí que ya hayan pedido ayuda al presidente de Ucrania, Volodímirr Zelenski. Además, cuentan con riquezas petroleras y con el efectivo de los fondos soberanos. La Autoridad de Inversiones de Qatar tiene cerca de 600.000 millones de dólares en activos,y el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí supera los 900.000 millones. La combinación de la Autoridad de Inversiones de Abu Dabi, la empresa de inversiones Mubadala y una serie de otros fondos significa que los recursos de Emiratos Árabes son aún mayores.

Sobre todo, carecen claramente de algunos elementos básicos para contrarrestar los UAV. Desde el 28 de febrero, Emiratos Árabes está utilizando periódicamente misiles Patriot que cuestan 4 millones de dólares cada uno para interceptar los Shahed, cuyo precio parte más bien de unos 35.000 dólares. En términos económicos, pues, cada intercambio cuesta al Estado del Golfo objetivo más de lo que le cuesta a Irán. Esto se hace eco de una táctica que Rusia ha usado en Ucrania: enviar cientos de drones a la vez, partiendo de la base de que, aunque se derribe el 90%, el coste acumulado seguirá siendo inferior al de un solo interceptor.

Kiev lo ha comprendido hace tiempo y ahora despliega interceptores reutilizables Merops, de 15.000 dólares, fabricados por el Proyecto Eagle del ex-CEO de Google Eric Schmidt, e incluso opciones más baratas como Octopus y Sting. Otros grupos, como el alemán Tytan, están lanzando productos igualmente económicos. Ese kit es precisamente lo que los Estados del Golfo bajo ataque podrían concluir que necesitan.

Disponer de interceptores baratos y en abundancia es fundamental para disuadir los ataques masivos con drones. Pero eso es solo una parte del panorama. Emiratos Árabes y sus vecinos también necesitarán sensores, radares específicos para drones y capacidades de guerra electrónica, fabricados por empresas como la ucraniana Kvertus. Y los Estados del Golfo necesitarán software, ofrecido tanto por grupos europeos como ucranianos, para ayudar a guiar los interceptores hacia los drones. Mientras, Zelenski ya ha comenzado a desplegar en el Golfo personal especializado en interceptación.

Parte del hardware y software adquirido por los compradores del Golfo será estadounidense, como el Merops del Proyecto Eagle. Pero gran parte también será europeo. La nueva y creciente demanda debería proporcionar una mayor diversificación a los jóvenes proveedores de la región, muchos de los cuales podrían tener solo un contrato y un comprador. Una inyección de inversión en Europa podría aumentar de forma tangible la escala y las valoraciones de las start-ups dedicadas a la lucha contra los UAV, según Jonathan Dimson, que dirige el trabajo de McKinsey en materia de defensa europea. Esto podría hacer que unicornios como el alemán Quantum Systems, valorado en 3.500 millones de dólares, y otros actores como el británico Cambridge Aerospace crezcan aún más.

Una avalancha de dinero del Golfo acelerará la integración de la experiencia ucraniana en materia de defensa en el mercado europeo en general. El grupo de drones marítimos Uforce se ha lanzado hace poco a nivel mundial, con sede en Reino Unido. Una nueva avalancha de trabajo podría animar aún más a otras empresas ucranianas con conocimientos técnicos a asociarse con grupos de defensa europeos que cuentan con las conexiones y el alcance necesarios para conseguir grandes contratos. Eso, a su vez, podría hacer que los compradores del Golfo se sintieran más cómodos comprando a ambos.

Ucrania aún debe facilitar la exportación a sus estrellas de la defensa de origen nacional, como el interceptor de drones SkyFall. En los últimos meses ha habido señales de progreso, pero las restricciones persisten. En todo caso, la recompensa es clara: SkyFall, por ejemplo, estima que podría exportar hasta el 20% de su objetivo de producción mensual de 50.000 unidades sin comprometer las necesidades nacionales. Si bien la crisis de los drones en el Golfo acelerará drásticamente las capacidades antiaéreas de los Estados afectados, también podría tener un impacto similar en las de Europa.

Los autores son columnistas de  Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de  Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de  CincoDías

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