Alemania, ¡ese relajado estilo de vida! | Opinión

Merz insiste en que Alemania trabaja poco, enferma mucho (elevada cuota de bajas por enfermedad) y se permite un relajado estilo de vida basado en trabajar cada día unas horitas: la media jornada laboral. El canciller alemán se posiciona así en la línea de los políticos democristianos que desde los años noventa denuncian que Alemania es un paraíso vacacional o “un parque de ocio colectivo“ (Helmut Kohl, 1993). El debate es complejísimo porque, aunque la participación en el mercado laboral sea elevada (casi todo el mundo trabaja), el promedio de horas trabajadas es bajo (en relación a la OCDE) debido a la alta cuota de empleo a media jornada (más del 40% trabaja solo medio día) y el deseo real de la población de trabajar para vivir y conseguir el equilibrio perfecto entre vida y trabajo. Mientras el canciller exige trabajar más para que la economía crezca, los investigadores económicos se expresan a favor de aumentar la cantidad de trabajo realizado para compensar la pérdida de siete millones de trabajadores en los próximos 15 años (según datos del Instituto de Investigación del Trabajo, IAB). Alemania registra la población trabajadora más vieja de la UE: uno de cada cuatro es mayor de 55 años. Trabajadores mayores en un país cada vez más viejo. Pero, ¿se puede dictar desde la política cuánto hay que trabajar?

El mensaje de los conservadores de los dos partidos democristianos es que la población podría trabajar más si quisiera. Proponen recortar el derecho de los trabajadores a acceder a la media jornada. Argumentan que las razones de la elevada cuota del medio puesto de trabajo tiene que ver con el deseo de disfrutar de la vida (work-life-balance). Opinan que es un problema creciente y acuciante que implica una carga para la economía alemana. Por eso, reclaman que la normativa se adecúe a la realidad económica del país. Se baraja eliminar días festivos, recortar prestaciones sociales y prohibir la petición de baja vía telefónica. Y, sobre todo, aumentar la cantidad de horas trabajadas porque lo exige la política económica del país.

El canciller critica abiertamente “ese lifestyle, ese estilo de vida anclado en la actividad laboral reducida“ y se posiciona como su partido a favor de recortar los gastos sociales (apretando las tuercas a quienes viven de ayudas sin trabajar o trabajar poco), de contribuir en mayor medida a la financiación privada de prestaciones sanitarias cubiertas hasta ahora por la sanidad pública, y buscar soluciones al sostenimiento del sistema de pensiones. El dilema de los democristianos en el Gobierno (coaligados con los socialdemócratas) es que mientras la población reconoce los méritos del canciller en política exterior y en política migratoria, disgusta mucho su batalla contra lo social y su crítica a la moral laboral de los alemanes. Los dos partidos democristianos caen en las encuestas por debajo del resultado de las últimas elecciones (28,5%). Y Merz aumenta su impopularidad. En febrero, el 75% de los encuestados (Instituto demoscópico Forsa) se manifestaba descontento con el trabajo del canciller. Muchos grupos de ciudadanos (sobre todo la considerada población trabajadora) puntúan mejor a la ultraderecha AfD que a los democristianos.

Alemania es uno de los países europeos con una elevada cuota de población que trabaja. La cuestión es que son sobre todo las mujeres las que optan por la jornada parcial. Trabajan solo 12, 20 o 25 horas. Y el dilema aquí es que muchas de ellas trabajan solo porque disponen de esa posibilidad de hacerlo a media jornada. De no contar con esa carta, se quedarían en casa.

“Nadie quiere trabajar, pero alguien debe hacerlo”, dice Melanie Arntz, vicedirectora del IAB. El 52% de los trabajadores nacidos entre 1959 y 1969 declaran que quieren prejubilarse para tener más tiempo para sí mismos. Es un deseo generalizado, concluye Arntz. Y propone posponer la jubilación. Una medida políticamente difícil de aplicar porque, aunque se incentive mediante estímulos, estos no sirven si la gente no quiere trabajar. Además, el 40% de los mayores argumenta razones de salud. Y también en Alemania es difícil encontrar trabajo para los mayores. Pero tienen un gran potencial, por lo que Robert Grundke, economista senior en la OCDE, propone mejorar sus condiciones laborales, y brindar flexibilidad y formación continua.

Por otro lado, Alemania cuenta con la población trabajadora más vieja de la UE. Podrían faltar hasta siete millones de personas en el mercado laboral cuando los babyboomers se jubilen definitivamente. Al mismo tiempo, ascienden los costes sanitarios. Menos personas tendrán que financiar más gastos. Por lo que la economía deberá crecer y la cantidad de trabajo realizado también. El experto del Instituto de Investigación IfW Dominik Groll apunta que las claves son otras: la innovación y la productividad.

También el Instituto Ifo avisa que el cambio demográfico golpeará duramente a Alemania. Baja natalidad. Jubilación masiva. La esperanza de vida aumenta. Faltan trabajadores cualificados. La productividad se estanca. Los sistemas de seguridad social y de salud están sobrecargados. Y la gente joven no sabe qué va a pasar con ellos, cuando son ellos, los jóvenes, quienes soportan la carga financiera de este cambio demográfico y, al mismo tiempo, necesitan encontrar nuevas fórmulas de garantizar la prosperidad, la innovación y la sostenibilidad.

DIW Berlin concluye en su estudio Gender Economics que muchas mujeres con hijos pequeños no quieren trabajar a jornada completa. En la rica y poderosa Alemania no hay garantía de encontrar plazas en las deficientes infraestructuras preescolares y escolares (aquí especialmente las de atención de todo el día). Domina la mentalidad de que lo mejor para los niños es que la madre se quede en casa y que como mucho contribuya con un trabajillo a los gastos familiares. Es la norma social vinculada al papel de la madre alemana de niños todavía pequeños. Muchas parejas prefieren el modelo familiar de padre alimentador y madre ocupada solo unas horas fuera de casa. La actitud cambia a medida que los niños se hacen mayores. El problema es que ese esquema suele convertirse en una trampa y la mujer se perpetúa en ese rol. Además, el sistema impositivo estimula el modelo familiar de la figura paterna trabajadora y la figura materna dedicada a la familia. Los minijobs no están sometidos a altas cargas impositivas y permiten a las madres estar aseguradas a través del trabajo de la pareja. El gender pay gap es además en Alemania extremadamente alto (16%) en comparación con otros países de la UE.

Groll apunta otro obstáculo: los elevados impuestos al trabajo. Sobre todo para los grupos de población con ingresos bajos apenas vale la pena trabajar más para ingresar más, pues a medida que suben los ingresos se les descuentan las prestaciones sociales a las que se tiene acceso cuando no se dispone de patrimonio y los ingresos son bajos. Al final, el debate sobre la relajada vida laboral de los alemanes se perpetúa; ahora con la advertencia de Merz que habrá que perder lifestyle para conservar el bienestar económico alemán.

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