Cuando la única alternativa es hacer mi propia casa | Negocios

La crisis de acceso a la vivienda ha animado la autopromoción. La escasez de oferta nueva y los precios por las nubes, junto a la opción del teletrabajo, los divorcios y las jubilaciones son algunos de los motivos por los que cada vez más particulares se lanzan a promover su propia vivienda. Las redes sociales han sido un gran altavoz, con decenas de influencers del ladrillo que cuentan las bondades de esta forma de edificar en la que el dueño se convierte en promotor y, a veces, hasta en constructor.

Cada vez son más los que se embarcan en esta aventura “movidos por el placer de diseñarla a medida”, señala Blanca Alonso, directora de nuevos desarrollos del estudio de arquitectura Ábaton. Aseguran haber duplicado este perfil de cliente. “Muchos vienen porque ven en redes sociales referencias visuales rápidas que les atraen”.

Pero es el ahorro —sobre todo porque se prescinde de la partida presupuestaria del promotor — una de las cuestiones con mayor peso. En Ábaton calculan que la rebaja con respecto a la promoción tradicional ronda el 10%. Hay que tener en cuenta que el coste de construcción ha subido de forma significativa en los últimos años, tanto por el encarecimiento de materiales como de mano de obra, y eso ha ajustado algo los márgenes. En el estudio barcelonés de Rardo Architects elevan la rebaja hasta el 25%. Su director, Gerardo Van Waalwijk, estima un aumento del 30% de las consultas, aunque avisa: “No es para todo el mundo. Es un proceso que puede alargarse hasta cuatro años”. Su cliente mayoritario es internacional y se interesa por la costa catalana. “Con independencia del precio de la parcela, que puede variar muchísimo, construir le supone un coste de 3.000 euros por metro cuadrado en adelante”.

El perfil del autopromotor ha cambiado en los últimos años. “Antes era gente joven y ahora está en los 40 a 55 años, incluso más”, destaca Rubén Sastre, socio en E2 Arquitectura e Innovación. Sastre habla del bum de la autopromoción en Segovia y pueblos cercanos donde el coste del metro cuadrado de superficie construida se ha disparado: ha pasado de 1.200 euros antes de la covid a 2.300 euros. “Aun así, y a pesar del elevado precio de construcción, es una fórmula rentable porque su calidad térmica amortiza el posterior gasto energético”.

Convertirse en autopromotor exige cautela, valorar los tiempos e informarse sobre permisos y licencias. Las personas que se lanzan a construir su propia casa suelen caer en errores comunes. Alonso enumera algunos de los fallos: “no estar bien informado del proceso en su conjunto, de la burocracia asociada, así como de su hipoteca”. Con una parcela sin licencia, los bancos solo conceden el 50% del valor de tasación. Por eso, aconseja, “comprar el terreno con licencia concedida”.

Para convertirse en autopromotor lo primero que hay que hacer es adquirir un terreno urbanizable (listo para construir) y después se debe solicitar al ayuntamiento un informe urbanístico para saber la superficie que se puede construir, altura máxima o distancia con los linderos (retranqueo). Aunque el particular puede realizar labores de construcción, es necesario un arquitecto que redacte el proyecto técnico y haga los planos. Firmado el proyecto, es necesaria la licencia de construcción. Una vez aprobada, se puede contratar al constructor y al arquitecto. Terminada la vivienda, se necesita el certificado final de obra y la licencia de primera ocupación y habrá que dar de alta los suministros de agua, gas, luz y telefonía.

Mover tierras

Por este proceso está pasando Pablo Caneda, exdirectivo de marketing y músico en la orquesta de RTVE. Tras su divorcio recaló en la localidad de Miraflores de la Sierra (Madrid), donde el pasado verano comenzó a promover y construir su propia vivienda, en la que lleva invertidos 125.000 euros. “Busqué un terreno y me lancé a hacer de contratista y jefe de obra”. Señala como principal escollo “la complejidad administrativa, larga, lenta y desgastante”. Caneda ha hecho de todo: “Habilitar accesos, instalar la caseta de obra, contratar suministros, buscar cuadrilla o contratar al arquitecto”. También ha trabajado la preparación del terreno: “He movido tierras, cubierto zanjas, metido tubos de saneamiento y gestionado materiales como ladrillos, hormigón, hierro y viguetas”. Y añade: “He negociado precios, coordinado entregas y he fabricado los armarios de luz y agua. No hay mejor gimnasio”, bromea. Y señala otro importante escollo: “La financiación ha sido un reto. Que te aprueben un crédito hipotecario como autopromotor, especialmente a cierta edad, no ha sido sencillo”.

Para Santiago Gómez, socio de un fondo de capital riesgo, es su segundo proyecto. “Nos hicimos la primera casa más jóvenes y ahora, con familia, buscamos espacio y aire libre”. Para el financiero la autopromoción significa “hacerte la casa a capricho”. Ha invertido 4,2 millones en la compra del terreno y en la construcción de una vivienda unifamiliar en Pozuelo de Alarcón (Madrid) y estima un ahorro del 30% con respecto a la promoción convencional. Ha colaborado en el diseño y el interiorismo. “Pensamos un espacio que aunara salón, cocina, porche y piscina y un dormitorio para los tres niños varones, con vestidor y zona de juegos”.

El funcionario Antonio Aguilar buscaba salir de la capital murciana. Ha rehabilitado una vieja construcción de piedra cerca de Cartagena en la que ha invertido más de 120.000 euros. “He mantenido su estructura, dentro de las limitaciones que no son pocas, porque es una edificación singular con más de 100 años, que se hallaba muy deteriorada”. Junto a los profesionales, “he puesto suelos, enyesado paredes y renovado un techo con todas las vigas podridas”. Y añade: “He hecho un máster acelerado en legislación y edificación” para solucionar el hecho de que la vivienda esté en una zona de dominio público (a menos de 30 metros de una carretera regional). Y reconoce: “Ha sido un tiempo interesante, vivido con ilusión y mucha motivación al ir superando cada dificultad con éxito. Es un aprendizaje y una recompensa. Me siento muy satisfecho conmigo mismo”.

Para el profesor de Sociología de la Universidad Jaume I, Alfredo Alfageme, la autopromoción es la respuesta a su jubilación anticipada. “Siempre he sido un manitas y me gustaban las manualidades.” Compró una casa de 80 metros cuadrados en Vilafamés (Castellón) y decidió reformarla trabajando codo a codo con un albañil. “He dedicado dos jornadas a la semana durante un año y medio. En ese tiempo, he amasado cemento, colocado ladrillos, levantado tabiques y construido una escalera, de la que me siento muy orgulloso, con una inversión de apenas 35.000 euros. Alfageme habla de transformación personal: “No sabes de lo que puedes llegar a ser capaz. Y aunque la espalda se resiente, la satisfacción compensa”, concluye.

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