sáb. Feb 28th, 2026

El largo camino para que el acuerdo comercial UE-Mercosur pase de la “aplicación provisional” a la definitiva | Economía

La Comisión Europea ha decidido aplicar de forma provisional el acuerdo comercial con Mercosur una vez Uruguay y Argentina ratificaron el texto este jueves. La entrada en vigor, sin embargo, no será completa y precisará todavía de superar bastantes pruebas hasta que se despliegue totalmente y de forma definitiva, algo que no está garantizado vista la oposición que levanta en el Parlamento Europeo.

El acuerdo completo entre la Unión Europea y Mercosur consta, en realidad, de dos partes: una es la comercial, la más económica de las negociaciones, y la otra es la de asociación, más política. Esta última necesita ser ratificada por cada uno de los 27 Estados miembros, algo que puede demorarse durante bastantes años. Por eso, el texto se desgaja en dos partes y la comercial, una competencia exclusiva de la UE, puede aplicarse de forma interina a la espera de que la otra sea ratificada por todos los miembros del club comunitario.

El texto pactado entre los negociadores de la Comisión Europea y los de Mercosur abría la puerta a que cuando un país del bloque latinoamericano (compuesto por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) ratificara el pacto, este pudiera aplicarse de forma provisional en la parte comercial. Esto ya ha sucedido en otras ocasiones en la UE, puesto que es una de las competencias que los tratados conceden al Ejecutivo comunitario. No obstante, lo habitual ha sido que la Comisión esperara a que el Parlamento Europeo ratificara el acuerdo.

Ese escenario tradicional cambió el pasado 21 de enero. Los eurodiputados en pleno decidieron, por una estrecha mayoría (334 votos frente a 324 y 11 abstenciones) elevar sus dudas jurídicas al Tribunal de Justicia de la UE antes de pronunciarse sobre el fondo del asunto. Esto detiene el proceso de ratificación en la Eurocámara hasta que los jueces se pronuncien, algo que puede tardar más de un año. Las tres últimas sentencias similares se han resuelto en 16, 19 y 26 meses, apuntaban fuentes del Tribunal el día de la votación.

Para la Comisión, la decisión es una maniobra de filibusterismo parlamentario, como les vino a decir el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, esta semana a los eurodiputados: “Ustedes podrían haber votado ya sobre el acuerdo y decidieron enviarlo al tribunal. Lo respeto totalmente, pero creo que les responderá lo mismo que ya les contestó en el caso de Singapur, porque las respuestas son muy parecidas. Así que es una suerte de táctica dilatoria”, sostuvo el político eslovaco.

Con esta convicción y por necesidad “estratégica”, según ha justificado la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha dado el paso de empezar a aplicarlo. Pero esto no garantiza que el camino hasta convertir el texto en definitivo esté libre de problemas. Lo primero es esperar al pronunciamiento del TJUE. El precedente de lo sucedido en el acuerdo con Singapur lleva a pensar que la opinión de los jueces será la misma.

Si se supera el obstáculo judicial, llegará el momento de que el Parlamento Europeo entre en el contenido del acuerdo y se pronuncie. Como demuestra lo sucedido en enero, no está garantizado que los eurodiputados vayan a ratificar el pacto. Se oponen los grupos ultras casi en bloque, también La Izquierda y casi todos los parlamentarios de Francia y Polonia.

El siguiente estadio, si se logra el plácet parlamentario, es la vuelta al Consejo de la UE. Ahí los Estados miembros tienen que dar el consentimiento definitivo a la aplicación de la parte comercial del acuerdo. A priori este escollo no debería ser difícil de sortear, puesto que las capitales también se pronunciaron en enero y el resultado fue positivo. No obstante, la Comisión tuvo que poner entonces toda la carne en el asador y vista la tendencia al alza de los partidos ultras en las elecciones nacionales, puede que los apoyos sean distintos cuando llegue el momento.

La última estación es la más larga: la que lleva a los países, uno por uno, a ratificar la parte no comercial, es decir, el acuerdo de asociación. En él hay componentes de colaboración tecnológica y científica, o de ayuda a Brasil para la reforestación. Para que entre en vigor, precisa que los 27 Estados miembros —uno a uno y conforme a sus previsiones constitucionales: en el caso de España, se vota en el Congreso y el Senado— den su visto bueno a esta parte (no a la comercial, que es competencia de la UE). Los precedentes indican que esto puede demorarse años: el proceso tardó una docena de años con Centroamérica y el acuerdo con Canadá está funcionando en sus aspectos comerciales desde 2017 y no cuenta aún con el visto bueno total.

Solo una vez completados todos estos pasos entrará en vigor el acuerdo de asociación entre la UE y Mercosur en todas sus partes y se convertirá en definitivo.

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