Musso, Molina y Llorente de ‘stopper’, las apuestas bajo presión de Simeone que engendraron la tunda al Barça | Fútbol | Deportes

El miércoles, Giuliano Simeone, Álex Baena, Lookman, Sorloth y Julián Alvarez hicieron acto de presencia en el campo de entrenamiento anexo al que se ejercitaba el resto del plantel del Atlético bajo la mirada de Diego Pablo Simeone. Esquivel, el novato y prometedor tercer portero, se había quedado en el mismo terreno de juego en el que acababa de competir con Oblak y Musso, y se acababa de presentar la artillería rojiblanca, muy cuestionada, salvo Sorloth, por los bastantes partidos empatados o perdidos en los que el equipo tuvo más juego que goles. El ejercicio, por el bajo porcentaje de acierto en las definiciones, no fue nada alentador, salvo para Esquivel, que salió ganador de bastantes citas mano a mano. El colmo ya fue cuando Giuliano mandó un centro contra un muñeco. Los nubarrones que techaban el Cerro del Espino de Majadahonda invitaban a pensar en malos presagios. Nada que ver con lo que se vio y se vivió en el Metropolitano al día siguiente. Además, en la prueba del once titular figuraban en el centro del campo Griezmann, Mendoza y Koke. Baena, el 10 del equipo llamado a ser una de las grandes referencias en el juego de ataque rojiblanco, estaba fuera de un partido para los que se supone que le han fichado.
El trío elegido por el Cholo hacía pensar en quién iba a correr hacia atrás ante un equipo como el Barça de Hansi Flick, que puede disfrutar y hacer tanto o más daño atacando a la carrera que al toque. Por las consignas de los miembros del cuerpo técnico, al menos el plan sí estaba claro tras el descorazonador acierto de los delanteros frente a Esquivel. “Los vamos a tener”, exclamó uno de ellos en referencia a que el atrevido desboque del Barça con la línea defensiva tan adelantada casi siempre concede ocasiones al contrario cuando no le sale la trampa del fuera de juego. También estuvo en el aire si Simeone mantendría a Musso en la competición que el Atlético, descolgado ya de la Liga, más a mano tenía. Tras el 4-4 de la ida, en el partido de vuelta de las semifinales del año pasado (0-1) el meta argentino tardó lo suficiente en salir para achicarle a Ferran, que lo ejecutó sin dificultad con un tiro esquinado que metió al Barça en la final.
El jueves, Simeone decidió poco antes de la charla en el hotel mantener a su compatriota y prescindir del amago previo de Mendoza para ponerle pulmones y el cepillo de barrer a Koke y Griezmann, y a Ruggeri en su enfrentamiento con Lamine; es decir, Marcos Llorente. Éste ejerció del clásico stopper a la argentina para barrer todo a derecha, izquierda, de frente y a su espalda. Nahuel Molina en el lateral derecho que suele ocupar Llorente fue una sorpresa hasta para el propio jugador argentino, según admitió tras el partido. Simeone contempló entusiasmado cómo su paisano por fin ofrecía el nivel con el que se proclamó campeón del mundo con Argentina en 2022. Y Molina, Griezmann y Koke fueron los que rompieron el partido. El primero porque rompió junto con la velocidad puntera de Giuliano para hacerle superioridades a Balde, que no tenía quién le ayudara. En el otro costado, Lookman, que ha reforzado la posibilidad del Atlético de romper en velocidad al espacio al contrario, también sacó provecho de las veces que Koundé se quedó rezagado en los retornos. Lo de Koke y Griezmann fue de magisterio. Impusieron toque afilado y temple, además de los esfuerzos defensivos que les permite un físico que ya paga las consecuencias de lo tanto que siempre han corrido a las órdenes del Cholo.
Todas esas decisiones, sobre todo las de Musso, Molina, Llorente de mediocentro y Baena y Sorloth en el banquillo de inicio, fueron apuestas que engendraron una noche para recordar en la era Simeone. Las elecciones fueron tomadas bajo presión. El reciente desenganche de la pelea por la Liga que ya parece definitivo, tras el empate con el Levante (0-0) en Valencia, la derrota ante el Betis (0-1) después de haberlo vapuleado días antes en los cuartos de la Copa (0-5), el cante de la derrota con el Bodo Glimt (1-2) y las discrepancias públicas y privadas durante el mercado invernal con el director del fútbol profesional del club, Mateu Alemany, eran un caldo de cultivo sustancial para la crítica en caso de fallar.
En la previa, Simeone se sinceró con la fe que tenía en lo que hacía y se la transmitió a sus futbolistas. También volvió a apelar a la energía del Metropolitano, donde se generó un clima ambiental desde el inflamado recibimiento al autobús del equipo que se mimetizó con la exhibición acorde con el fútbol vertiginoso y de presión que estilan los grandes equipos de Europa. Y ante eso vuelve a surgir la pregunta que acompaña a Simeone tras un partido que entusiasma a su parroquia. ¿Por qué no juega más veces así? La irregularidad mostrada por el equipo, sobre todo en las dos áreas, hace pertinente más que nunca su “partido a partido” para ver si lo del jueves empieza a enterrar la cuestión.
