Este Barcelona no tira ni contra el París en la Euroliga | Baloncesto | Deportes
Euroliga jornada 28


Con una plantilla corta y un entrenador que no acaba de entregarse por gusto a las rotaciones porque en tiempos de necesidad antepone los resultados a cualquier incógnita, más presente que futuro, el Barcelona palidece ahora en la rebotica, lesionados Punter y Satoransky, además de Juan Núñez. Todo bases que dejaron la dirección del equipo frente al París al argentino Juani Marcos, que no acaba de cuajar, sin lucidez en las entregas ni atrevimiento para los lanzamientos, superado por momentos por la exhibición y exuberancia física rival. El relevo, sin embargo, lo ofreció Laprovittola, que sigue sin estar rodado tras la grave lesión de rodilla del curso anterior, pero que le sobran los puntos en las muñecas, un jugador que pone orden en su equipo y caos en el contrario. El diapasón azulgrana capaz de poner el play y el pause, el compás tan necesario ante rivales que viven a la carrera. Pero ni con esas, 74-85 al final.
El guirigay, en cualquier caso, lo comenzó el París, equipo que corre como pocos, siempre preocupado y ocupado en las contras, en el robo y ataque veloz. Una táctica que validó de inicio Herrera con un triple y que después secundó Hifi, el mejor de largo de los parisinos, tan bueno como individualista. Él y Rhoden, otro saltimbanqui de muelles en las piernas, hicieron tiritar de inicio al al Barça (2-11), que pronto pidió un tiempo muerto para poner a Laprovittola en el parqué, también a Brizuela y Shengelia. Y entre los tres agitaron el árbol, bien desde el perímetro o el poste bajo, aunque no lo suficiente; 18-21 para empezar.
Desde el vestuario azulgrana hace ya unos meses que citan a Punter como líder del vestuario cuando antes el brazalete imaginario lo llevaba Vesely. Elogian su ética de trabajo y su constancia, también su carácter competitivo e impertérrito frente a las adversidades en un equipo que hace tiempo que no sabe lo que es ganar, dos años en sequía. Y sin el gurú en la pista, vía libre para que Clyburn se expresara como le gusta, feliz por pedir perdón antes que permiso, siempre jugándosela por más que no se ganara situaciones de tiro sencillas. Y desde que se lesionara no ha cogido el tono, muchas aguas antes que dianas. Ni de tres ni de dos (hasta dos mates falló), cinco errores seguidos que dieron con sus huesos en el banquillo. Exigía el París circulación y movimientos, también duelos de uno contra uno exitosos porque de tanto que se corría costaba que se dieran las ayudas. Y ahí levantó el dedo Brizuela, que se ha hecho gigante en la temporada, además de Shengelia, grácil y perspicaz con los movimientos bajo el poste, la inteligencia hecha baloncestista. Suficiente para que el Barça tomara la delantera (43-39) al entreacto.
El Barça perdió el paso en la reanudación, sometido por las piernas, cintura y muñecas de Robinson, una bala escurridiza que se alió con Hifi para descomponer a un conjunto azulgrana que también torcía el gesto ante la lesión de Vesely, que no volvía al parqué, con molestias y friegas en la espalda. Pero su mayor tara se daba en los lanzamientos desde el extrarradio; solo metió dos de los primeros 14 intentos [5 de 32 al final del envite]. Penalidad que no ocurría al otro lado de la pista, primero Hifi y después el eco de Morgan por dos veces y Robinson. 55-67 a falta de un acto y un cuarto para olvidar con 12 puntos y sin Clyburn, que seguía anónimo con los tiros de campo, perdido con y sin bola, ausente para el resto.
Resultó que las lesiones junto al despropósito de Clyburn fueron una losa demasiado grande para el Barça, que se desanimó por completo, cabeza gacha y hombros encogidos. Justo lo que desde el área técnica y desde la directiva no quieren, ser menos que el rival en actitud, ser un equipo chico en las situaciones calientes. Topetazo en azulgrana que le sacará de los puestos nobles, esos en los que transita el Valencia después de reafirmarse con un triunfo sobre el Villeurbanne (82-67).
