El Athletic se aferra a la Copa, su torneo fetiche, para sostener la temporada | Fútbol | Deportes

La semifinal de Copa frente a la Real Sociedad (Movistar Plus y RTVE, 21.00) se presenta para el Athletic Club como una oportunidad a la que aferrarse en una temporada que ha ido perdiendo brillo con el paso de las semanas pese a la última victoria conseguida frente al Levante. El duelo ante el conjunto blanquiazul aparece como un punto de apoyo, casi un salvavidas, en un curso que comenzó de manera ilusionante y que, sin embargo, ha ido acumulando más frustraciones que motivos para el optimismo. La Copa emerge ahora como un recurso emocional y competitivo en medio de un contexto liguero incómodo.
No fue la eliminación en la Champions League el golpe que ha desordenado la temporada. El Athletic cayó en el último partido de la fase de grupos y en San Mamés, pero lo hizo compitiendo y sin dar la sensación de haber estado fuera de lugar. La experiencia europea dejó aprendizajes y una despedida digna de una competición que no forma parte de su ecosistema habitual. El verdadero problema ha estado siempre en la Liga, donde el equipo no ha conseguido traducir el esfuerzo en estabilidad.
En el campeonato doméstico, el Athletic ha transitado con demasiada frecuencia por la irregularidad. Le ha costado encontrar continuidad, encadenar resultados y transmitir una sensación mínima de control. Antes de la victoria frente al Levante, el equipo se encontraba a tres puntos del descenso, una posición que contrastaba con las expectativas generadas a principio de temporada y que encendió las señales de alarma en el entorno. “El balance es malo. Estamos muy descontentos con nuestro desempeño. Nuestra posición es muy mala y tenemos que reaccionar para enderezarla”. Son palabras de Jon Uriarte, presidente del Athletic Club, que no tuvo reparos en asumir la crítica situación en la que se encontraba su club en su última comparecencia ante los medios. El mensaje fue claro: “Necesitamos 17 puntos para la salvación”.
El triunfo ante el Levante ha supuesto un respiro. Ha dado algo de margen y ha rebajado la presión inmediata, pero no ha resuelto los problemas estructurales. El Athletic sigue sin ofrecer una versión reconocible. La clasificación continúa siendo frágil y cualquier relajación puede devolver al equipo a una pelea para la que no estaba previsto prepararse.
En ese contexto aparece la Copa, y con ella una semifinal cargada de significado. No solo por tratarse de la Real Sociedad, sino porque la competición copera ha sido históricamente un territorio familiar para el Athletic. Un espacio donde el equipo ha sabido reconstruirse en momentos de duda y donde la carga emocional suele jugar a favor. La eliminatoria no es únicamente una vía hacia una nueva final, sino una oportunidad para recuperar confianza y sentido competitivo.
San Mamés ofrece un escenario propicio para que el equipo vuelva a mirarse en el espejo de su identidad. Competir con personalidad, sostener el partido desde la convicción y responder en un contexto de exigencia puede tener un efecto que trascienda la propia Copa. En una temporada marcada por la falta de continuidad, una noche sólida, de esas que se generan en San Mamés, puede funcionar como punto de inflexión.
Las dificultades tampoco han sido solo colectivas. El Athletic ha convivido durante toda la temporada con un goteo constante de lesiones que ha impedido cualquier intento de continuidad. El caso de Nico Williams es el más representativo. La pubalgia que arrastra desde hace meses le ha condicionado de forma evidente, obligándole a competir a medio gas y privando al equipo de una de sus principales fuentes de desequilibrio. Su situación simboliza un curso marcado por la intermitencia física de piezas clave, al que se suma ahora la nueva lesión de Yuri Berchiche, una ausencia que vuelve a restar peso futbolístico y liderazgo emocional a un vestuario necesitado de referentes estables.
El objetivo prioritario sigue siendo la Liga. Alejarse definitivamente de la zona baja y construir una temporada sin sobresaltos. Pero para ello, el Athletic necesita algo más que correcciones tácticas: necesita convencerse. Y esa convicción puede encontrar en la Copa el impulso que no ha logrado consolidar en el día a día del campeonato. La semifinal ante la Real Sociedad no resuelve el fondo del problema, pero ofrece una posibilidad. Un clavo ardiendo, sí, aunque también una oportunidad real de reconstruir el ánimo y redefinir el rumbo. En una temporada que aún no ha terminado de encontrar sentido, el Athletic se agarra a la Copa para seguir sosteniéndose.
