El Real Madrid escapa de su propia hoguera ante el Levante | Fútbol | Deportes

El Real Madrid se internó en la hoguera de su propio estadio con las mismas carencias que antes de que prendiera el fuego, la misma ausencia de ideas, y gracias a la clarividencia de Güler escapó bastante entero de una tarde de silbatina y dos peticiones de dimisión de Florentino Pérez. Después de perder en la Copa contra un Segunda, al equipo de Arbeloa se le atragantó también un Levante instalado en descenso bajo el descontento general de la grada. El que tenían acumulado y el del propio partido, otro ejercicio desnortado hasta que apareció el turco y Mbappé anotó un penalti.

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Thibaut Courtois, Álvaro Carreras, Raúl Asencio (David Alaba, min. 89), Federico Valverde, Dean Huijsen (Dani Ceballos, min. 60), Jude Bellingham, Eduardo Camavinga (Arda Güler, min. 45), Aurélien Tchouaméni, Vinícius Júnior, Gonzalo García (Franco Mastantuono, min. 45) y Kylian Mbappé

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Mathew Ryan, Jeremy Toljan, Alan Matturro, Adrián de la Fuente, Manu Sánchez, Iván Romero (Jon Olasagasti, min. 82), Carlos Álvarez (Paco Cortés, min. 82), Pablo Martínez, Kareem Tunde (Carlos Espí, min. 82), Unai Vencedor (Ugo Raghouber, min. 65) y Karl Etta Eyong (Iker Losada, min. 65)

Goles
1-0 min. 57: Kylian Mbappe. 2-0 min. 64: Raúl Asencio

Arbitro Miguel Sesma Espinosa

Tarjetas amarillas
Unai Vencedor (min. 16), Aurelien Tchouameni (min. 30), Gonzalo García (min. 42)

Después de los últimos terremotos el Real se presentó en su casa y en el Bernabéu, ahora hostil, había cambiado todo. Abajo, sobre la hierba, todo parecía lo mismo, a ratos incluso más desalentador. Los primeros silbidos espolearon algo a los futbolistas. Se vieron algunas carreras hacia delante de Vinicius, el más señalado; también alguna hacia atrás persiguiendo a un rival, sobre todo de Bellingham, el segundo más castigado. Se vio también al comienzo que el balón parecía ir más rápido, aunque con el paso de los minutos se comprobaba que iba más rápido, sí, pero a ninguna parte. Se podía empezar a sospechar que lo que hacían deprisa era quitárselo de encima.

Tal vez no se puede separar el juego del sostenido descontento que rugía de fondo desde el calentamiento, pero si se retiran todos los elementos que no intervenían sobre la hierba, lo que sucedía ahí abajo era un ejercicio de maniobras de desorientación. El Madrid trasladaba la pelota de lado a lado ante un Levante que contemplaba la hoguera que ardía y que apenas le chamuscaba. El equipo de Luís Castro mantenía el orden con el que se protegía a partir de una línea de cinco defensas y veía al rival consumirse en sus propios problemas. El balón viajaba sin dejarles un rasguño. El ataque del Real tenía una textura como de engrudo, con dificultades para maniobrar. Masticaba el ir y venir de parabrisas con los delanteros clavados. De vez en cuando, Mbappé se aburría y se alejaba del área para tirar unas bicicletas en la banda o por el centro a 20 metros de la frontal.

El Madrid era un coche atrapado en la arena hundiéndose un poco más con cada acelerón. Cada vez más impreciso hasta en los pases sencillos, hasta en las zonas templadas. El panorama animó al Levante, que tiró más veces en el primer tiempo. A la media hora, Arbeloa ya tenía calentando en la banda con Pintus a Mastantuono y Güler. Los metió justo después del descanso y dejó en el vestuario a Gonzalo y Camavinga.

El turco mantiene intactos su espíritu rebelde y una convicción extrema, casi inconsciente, de que es capaz de transformar el mundo, incluso cuando el mundo arde. Y esta vez al menos convenció a unos cuantos a su alrededor. Buscó situarse en el centro de todas las operaciones y el juego empezó a tener más intención que en el tramo en el que Bellingham se hacía cargo. Alrededor de Güler empezaron a encontrar el sitio algunos jugadores, tal vez aliviados de que alguien marcara el rumbo.

Completó una pared con

Mbappé dentro del área y Ryan realizó la primera parada, después de casi una hora. Hasta entonces, el Madrid no había tirado a puerta contra un equipo en descenso. El turco ya había mostrado los primeros meses del curso una conexión especial con el francés. Nadie le ha asistido tanto como él. Pero Xabi los fue alejando, en el campo y con menos minutos para Güler. Ahora, bajo el incómodo chaparrón del descontento de la grada propia, se reencontraron un poco. En una contra, el turco buscaba y buscaba opciones hasta que encontró el pase filtrado al delantero, que ya entraba al área, donde le derribó Dela. Mbappé acertó con el penalti y provocó un raro momento celebratorio en un graderío poblado de gente enfurruñada. A partir de ahí se redujo el nivel de descontento. Y todavía un poco más cuando Asencio cabeceó a la red un córner sacado también por Güler.

Quien no encontró redención fue Vinicius, ni con el público ya bastante apaciguado, con cierto cansancio incluso de tanto pitar. El brasileño persiguió un gol sin éxito y cada intento fallido le echó encima otro jarro de descontento. Hasta que acabó con ello el árbitro y Vinicius escapó al vestuario mientras el resto del equipo se quedaba aplaudiendo sobre la hierba. Las brasas del gran enfado todavía calientan.

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